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SANTA MISA EN LA IMAGEN
343 - DÍAS. SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO

El Antiguo Testamento
  DANIEL SUPLEMENTOS
 GRIEGOS 3


DANIEL
SUPLEMENTOS GRIEGOS
Capítulo 3
24 Y ellos caminaban en medio de las llamas, alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
25 Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:
26 «Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, y digno de alabanza, que tu Nombre sea glorificado eternamente.
27 Porque tú eres justo en todo lo que has hecho por nosotros, todas tus obras son verdaderas, tus caminos son rectos y todos tus juicios son verdad.
28 Tú has ejecutado justas sentencias, en todo lo que has hecho recaer sobre nosotros y sobre Jerusalén, la Ciudad santa de nuestros padres. Con verdad y justicia nos has tratado así, a causa de nuestros pecados.
29 Sí, nosotros hemos pecado y cometido la iniquidad, apartándonos de ti. Sí, hemos pecado gravemente no hemos escuchado tus mandamientos,
30 no los hemos observado ni cumplido, según lo que tú nos habías mandado para nuestro bien.
31 Sí, todo lo que tú has hecho recaer sobre nosotros, todo lo que nos has hecho, lo has hecho con toda justicia.
32 Nos has entregado en las manos de nuestros enemigos, gente sin ley, los peores impíos, y a un rey injusto, el más perverso de la tierra.
33 Y ahora no podemos abrir la boca, la vergüenza y el oprobio cayeron sobre tus servidores y sobre aquellos que te adoran.
34 No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza,
35 no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo,
36 a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar.
37 Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados.
38 Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias,
39 y así, alcanzar tu favor. Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables
40 como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti.
41 Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro.
42 No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia.
43 Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor .
44 Que sean confundidos todos los que hacen daño a tus servidores: que sean cubiertos de vergüenza, privados de todo dominio, y que su fuerza sea quebrantada.
45 Que ellos sepan que tú eres el Señor, el único Dios, glorioso sobre la tierra».
46 Los servidores del rey, que los habían arrojado en el horno, no cesaban de alimentar el fuego con betún, resina, estopa y sarmientos.
47 La llama se elevaba hasta veinticinco metros por encima del horno,
48 y al extenderse, abrasó a los caldeos que se hallaban alrededor del horno.
49 Pero el Angel del Señor bajó al horno al mismo tiempo que Azarías y sus compañeros; alejó del horno la llama de fuego
50 y produjo en medio del horno como una brisa, una frescura de rocío, de manera que el fuego no los tocó para nada ni les causó daño ni tormento.
51 Entonces los tres, a una sola voz, se pusieron a celebrar, a glorificar y a bendecir a Dios dentro del horno, diciendo:
52 «Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
alabado y exaltado eternamente.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre,
alabado y exaltado eternamente.
53 Bendito seas en el Templo de tu santa gloria,
aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.
54 Bendito seas en el trono de tu reino,
aclamado por encima de todo y exaltado eternamente.
55 Bendito seas tú, que sondeas los abismos y te sientas sobre los querubines,
alabado y exaltado eternamente por encima de todo.
56 Bendito seas en el firmamento del cielo,
aclamado y glorificado eternamente.
57 Todas las obras del Señor, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
58 Angeles del Señor, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
59 Cielos, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
60 Todas las aguas que están sobre los cielos, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
61 Todos los ejércitos celestiales, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
62 Sol y luna, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
63 Astros del cielo, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
64 Lluvias y rocíos, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
65 Todos los vientos, bendigan al Señor
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
66 Fuego y calor, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
67 Frío y heladas, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
68 Rocíos y escarchas, bendigan al Señor
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
69 Hielos y fríos, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
70 Heladas y nieves, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
71 Noches y días, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
72 Luz y tinieblas, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
73 Rayos y nubes, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
74 Que la tierra bendiga al Señor, que lo alabe y glorifique eternamente.
75 Montañas y colinas, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
76 Todo lo que brota sobre la tierra, bendiga al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
77 Manantiales, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
78 Mares y ríos, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
79 Cetáceos y todo lo que se mueve en las aguas, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
80 Todas las aves del cielo, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
81 Todas las fieras y animales, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
82 Todos los hombres, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
83 Israel, bendice al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
84 Sacerdotes del Señor, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
85 Servidores del Señor, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
86 Espíritus y almas de los justos, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
87 Santos y humildes de corazón, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
88 Ananías, Azarías y Misael, bendigan al Señor,
¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
Porque él nos ha librado del Abismo,
nos ha salvado del poder de la muerte.
El nos ha arrancado del horno de llamas ardientes,
nos ha rescatado de en medio del fuego.
89 Den gracias al Señor, porque es bueno,
¡porque es eterno su amor!
90 Todos los que temen al Señor,
bendigan al Señor,
al Dios de los dioses,
alábenlo y denle gracias,
¡porque es eterno su amor!».


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El Antiguo Testamento
  DANIEL SUPLEMENTOS
 GRIEGOS 13

Capítulo 13
1 Había en Babilonia un hombre llamado Joaquín.
2 El se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy hermosa y temía a Dios,
3 porque sus padres eran justos y habían instruido a su hija según la Ley de Moisés.
4 Joaquín era muy rico y tenía un jardín contiguo a su casa. Muchos judíos iban a visitarlo, porque era el más estimado de todos.
5 Aquel año, se había elegido como jueces a dos ancianos del pueblo. A ellos se refiere la palabra del Señor: «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y de los jueces que se tenían por guías del pueblo».
6 Esos ancianos frecuentaban la casa de Joaquín y todos los que tenían algún pleito acudían a ellos.
7 Hacia el mediodía, cuanto todos ya se habían retirado, Susana iba a pasearse por el jardín con su esposo.
8 Los dos ancianos, que la veían todos los días entrar para dar un paseo, comenzaron a desearla.
9 Ellos perdieron la cabeza y apartaron sus ojos para no mirar al Cielo y no acordarse de sus justos juicios.
10 Los dos ardían de pasión por ella, pero se ocultaban mutuamente su tormento,
11 porque sentían vergüenza de confesar el deseo que tenían de acostarse con ella,
12 y se las ingeniaban para verla todos los días.
13 Un día, después de decirse el uno al otro: «Volvamos a casa, es la hora de almorzar», se separaron y se fueron cada uno por su lado,
14 pero ambos volvieron sobre sus pasos y se encontraron frente a frente. Obligados a darse una explicación, ambos confesaron su pasión y se pusieron de acuerdo para buscar el momento en que pudieran sorprender a solas a Susana.
15 Una vez, mientras ellos aguardaban una ocasión favorable, Susana entró como en los días anteriores, acompañada solamente por dos jóvenes servidoras, y como hacía calor, quiso bañarse en el jardín.
16 Allí no había nadie, fuera de los ancianos, escondidos y al acecho.
17 Ella dijo a las servidoras: «Tráiganme la crema y los perfumes, y cierren la puerta del jardín para que pueda bañarme».
18 Las servidoras obedecieron, cerraron la puerta del jardín y salieron por la puerta lateral para ir a buscar lo que Susana les había ordenado, sin saber que los ancianos estaban escondidos.
19 En cuanto las servidoras salieron, ellos se levantaron y arrojándose sobre ella le dijeron:
20 «La puerta del jardín está cerrada y nadie nos ve. Nosotros ardemos de pasión por ti; consiente y acuéstate con nosotros.
21 Si te niegas, daremos testimonio contra ti, diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías hecho salir a tus servidoras».
22 Susana gimió profundamente y dijo: «No tengo salida: si consiento me espera la muerte, si me resisto no escaparé de las manos de ustedes.
23 Pero prefiero caer entre sus manos sin haber hecho nada, que pecar delante del Señor».
24 Susana gritó con todas sus fuerzas; los dos ancianos también se pusieron a gritar contra ella,
25 y uno de ellos corrió a abrir la puerta del jardín.
26 Al oír esos gritos en el jardín, la gente de la casa se precipitó por la puerta lateral para ver lo que ocurría,
27 y cuando los ancianos contaron su historia, los servidores quedaron desconcertados, porque jamás se había dicho nada semejante de Susana.
28 Al día siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, también llegaron los ancianos con la intención criminal de hacer morir a Susana.
29 Ellos dijeron en presencia del pueblo: «Manden a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín». Fueron a buscarla,
30 y ella se presentó acompañada de sus padres, sus hijos y todos sus parientes.
31 Susana era una mujer muy delicada y de gran hermosura,
32 y como tenía puesto el velo, aquellos malvados se lo hicieron quitar para complacerse con su belleza.
33 Todos sus familiares lloraban, lo mismo que todos los que la veían.
34 Los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y le pusieron las manos sobre la cabeza.
35 Ella, bañada en lágrimas, levantó sus ojos al cielo, porque su corazón estaba lleno de confianza en el Señor .
36 Los ancianos dijeron: «Mientras nos paseábamos solos por el jardín, esta mujer entró allí con dos servidoras; cerró la puerta y después hizo salir a las servidoras.
37 Entonces llegó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.
38 Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver la infamia, nos precipitamos hacia ellos.
39 Los vimos abrazados, pero no pudimos atrapar al joven, porque él era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta, se escapó.
40 En cuanto a ella, la apresamos y le preguntamos quién era ese joven,
41 pero ella no quiso decirlo. De todos esto somos testigos». La asamblea les creyó porque eran ancianos y jueces del pueblo, y Susana fue condenada a muerte.
42 Pero ella clamó en alta voz: «Dios eterno, tú que conoces los secretos, tú que conoces todas las cosas antes que sucedan,
43 tú sabes que ellos han levantado contra mí un falso testimonio. Yo voy a morir sin haber hecho nada de todo lo que su malicia ha tramado contra mí».
44 El Señor escuchó su voz:
45 cuando la llevaban a la muerte, suscitó el santo espíritu de un joven llamado Daniel,
46 que se puso a gritar: «¡Yo soy inocente de la sangre de esta mujer!».
47 Todos se volvieron hacia él y le preguntaron: «¿Qué has querido decir con esto?».
48 De pie, en medio de la asamblea, él respondió: «¿Son ustedes tan necios, israelitas? ¡Sin averiguar y sin tener evidencia ustedes han condenado a una hija de Israel!
49 Vuelvan al lugar del juicio, porque estos hombres han levantado un falso testimonio contra ella».
50 Todo el pueblo se apresuró a volver, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos qué piensas, ya que Dios te ha dado la madurez de un anciano».
51 Daniel les dijo: «Sepárenlos bien a uno del otro y yo los interrogaré».
52 Cuando estuvieron separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «¡Hombre envejecido en el mal! Ahora han llegado al colmo los pecados que cometías anteriormente
53 cuando dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, a pesar de que el Señor ha dicho: «No harás morir al inocente y al justo».
54 Si es verdad que tú la viste, dinos bajo qué árbol los has visto juntos». El respondió: «Bajo una acacia».
55 Daniel le dijo entonces: «Has mentido a costa de tu cabeza: el Angel de Dios ya ha recibido de él tu sentencia y viene a partirte por el medio».
56 Después que lo hizo salir, mandó venir al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te ha descarriado, el deseo ha pervertido tu corazón!
57 Así obraban ustedes con las hijas de Israel, y el miedo hacía que ellas se les entregaran. ¡Pero una hija de Judá no ha podido soportar la iniquidad de ustedes!
58 Dime ahora, ¿bajo qué árbol los sorprendiste juntos?». El respondió: «Bajo un ciprés».
59 Daniel le dijo entonces: «Tú también has mentido a costa de tu cabeza: el Angel de Dios te espera con la espada en la mano, para partirte por el medio. Así acabará con ustedes».
60 Entonces toda la asamblea clamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él.
61 Luego, todos se levantaron contra los dos ancianos, a los que Daniel por su propia boca había convencido de falso testimonio, y se les aplicó la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo:
62 Para cumplir la Ley de Moisés, se los condenó a muerte, y ese día se salvó la vida de una inocente.
63 Jilquías y su mujer dieron gracias a Dios por su hija Susana, lo mismo que Joaquín, su marido, y todos sus parientes, porque nada indigno se había hallado en ella.
64 Desde ese día, Daniel fue grande a los ojos del pueblo.


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El Antiguo Testamento
  DANIEL SUPLEMENTOS
 GRIEGOS 14

Capítulo 14
1 El rey Astiages fue a reunirse con sus padres y le sucedió Ciro el Persa.
2 Daniel vivía junto al rey, el cual lo estimaba más que a cualquier otro de sus amigos.
3 Había en Babilonia un ídolo llamado Bel, a quien se le ofrecía todos los días más de seiscientos kilos de harina, de la mejor calidad, cuarenta ovejas y más de doscientos litros de vino.
4 El rey veneraba al ídolo e iba todos los días a adorarlo; Daniel, en cambio, adoraba a su Dios.
5 El rey le dijo: «¿Por qué no adoras a Bel?» El le respondió: «Yo no venero ídolos hechos por la mano del hombre, sino sólo al Dios viviente que ha creado el cielo y la tierra y que tiene dominio sobre todo ser viviente».
6 Entonces dijo el rey: «¿Tú no crees que Bel es un dios vivo? ¿No ves lo que come y bebe diariamente?».
7 Daniel se puso a reír y le dijo: «No te engañes, rey, por dentro es de arcilla y por fuera de bronce, y no ha comido ni bebido jamás».
8 El rey se enfureció, mandó llamar a los sacerdotes de Bel y les dijo: «Si no me dicen quién consume este alimento ustedes morirán, pero si demuestran que es Bel el que lo come, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel».
9 Daniel dijo al rey: «Que se haga según tu palabra». Los sacerdotes eran setenta, sin contar las mujeres y los niños.
10 El rey fue con Daniel al templo de Bel,
11 y los sacerdotes de Bel le dijeron: «Nosotros vamos a salir de aquí y tú, rey, vas a servir la comida y a ofrecer el vino aromatizado; luego cierra la puerta y séllala con tu anillo. Cuando vengas mañana por la mañana, si no compruebas que Bel se lo ha comido todo, moriremos nosotros; si no, morirá Daniel, que ha mentido contra nosotros».
12 Ellos estaban seguros de sí mismos, porque habían hecho debajo de la mesa una entrada secreta, por donde penetraban todos los días para llevarse las ofrendas.
13 Cuando salieron, el rey hizo poner los alimentos delante de Bel.
14 Pero Daniel mandó a sus servidores que trajeran ceniza y la esparcieran por todo el suelo del templo, sin más testigos que el rey. Después salieron, cerraron la puerta, la sellaron con el anillo real y se fueron.
15 Los sacerdotes fueron de noche, como de costumbre, con sus mujeres y sus hijos, y comieron y bebieron todo.
16 Muy de madrugada, el rey fue junto con Daniel
17 y le preguntó: «Daniel, ¿los sellos están intactos?». «Están intactos, rey», le respondió.
18 Apenas abrió la puerta, el rey miró la mesa y exclamó: «Tú eres grande, Bel, y en ti no hay engaño».
19 Daniel se puso a reír, retuvo al rey para que no avanzara más adentro y dijo: «Fíjate en el suelo y reconoce de quién son esas huellas».
20 «Veo huellas de hombres, de mujeres y de niños», dijo el rey,
21 y lleno de furia mandó arrestar a los sacerdotes, con sus mujeres y sus hijos. Ellos le mostraron entonces la puerta secreta por donde entraban para consumir lo que estaba sobre la mesa.
22 El rey los mandó matar y entregó a Bel en manos de Daniel, que destruyó el ídolo y su templo.
23 También había un gran Dragón, que era venerado por los babilonios.
24 El rey dijo a Daniel: «¿Vas a decir que también este es de bronce? Míralo, él vive, come y bebe; no puedes negar que es un dios vivo: adóralo, entonces».
25 Daniel le respondió: «Yo adoro al Señor, mi Dios, porque él es el Dios viviente. Si tú me lo permites, rey, yo mataré a este Dragón sin espada ni palo».
26 El rey se lo permitió.
27 Entonces Daniel tomó resina, grasa y crines, las coció, hizo con todo esto unas bolitas, y las echó en las fauces del Dragón. Este se las tragó y reventó. Daniel dijo: «¡Miren lo que ustedes veneran!».
28 Cuando los babilonios se enteraron, se enfurecieron y se amotinaron contra el rey, diciendo: «El rey se hizo judío: destruyó la estatua de Bel, mató al Dragón y masacró a los sacerdotes».
29 Después fueron a decir al rey: «Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu familia».
30 Ante esta amenaza, el rey se vio obligado a entregarles a Daniel.
31 Ellos lo arrojaron al foso de los leones, donde permaneció seis días.
32 En el foso había siete leones a los que se daba diariamente dos personas y dos ovejas, pero esta vez no les dieron nada, para que devoraran a Daniel.
33 En ese momento, el profeta Habacuc, que estaba en Judea, acababa de hacer preparar un guiso y de poner pequeños trozos de pan en una canasta, e iba hacia el campo a llevar su comida a los segadores.
34 El Angel del Señor dijo a Habacuc: «Lleva la comida que tienes a Daniel, que está en Babilonia, en el foso de los leones».
35 «Señor, respondió Habacuc, nunca he visto a Babilonia y no conozco ese foso».
36 El Angel del Señor lo tomó por la cabeza y lo llevó de los cabellos hasta Babilonia, al borde del foso, con la rapidez de su espíritu.
37 Habacuc exclamó: «Daniel, Daniel, toma la comida que el Señor te envía».
38 Y Daniel dijo: «Tú, Dios, te acordaste de mí, y no abandonaste a los que te aman».
39 Después se levantó y comió, mientras que el Angel de Dios volvió a llevar en seguida a Habacuc a su lugar.
40 El séptimo día, el rey fue a llorar a Daniel. Se acercó al foso, miró y vio que Daniel estaba tranquilamente sentado.
41 Entonces exclamó: «¡Tú eres grande, Señor, Dios de Daniel, y no hay otro Dios fuera de ti!».
42 Después hizo salir a Daniel del foso y mandó arrojar en él a los que habían querido destruirlo, y al instante ellos fueron devorados en su presencia.


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El Nuevo Testamento
 APOCALIPSIS C. 1
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APOCALIPSIS
Capítulo 1
1 Revelación de Jesucristo, que le fue confiada por Dios para enseñar a sus servidores lo que tiene que suceder pronto. El envió a su Angel para transmitírsela a su servidor Juan.
2 Este atestigua que todo lo que vio es Palabra de Dios y testimonio de Jesucristo.
3 Feliz el que lea, y felices los que escuchen las palabras de esta profecía y tengan en cuenta lo que está escrito en ella, porque el tiempo está cerca.
4 Yo, Juan, escribo a las siete Iglesias de Asia. Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de aquel que es, que era y que vendrá, y de los siete Espíritus que están delante de su trono,
5 y de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra. El nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre,
6 e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre. ¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén.
7 El vendrá entre las nubes y todos lo verán, aún aquellos que lo habían traspasado. Por él se golpearán el pecho todas las razas de la tierra. Sí, así será. Amén.
8 Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que vendrá, el Todopoderoso.
9 Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las tribulaciones, el Reino y la espera perseverante en Jesús, estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
10 El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía:
11 «Escribe en un libro lo que ahora vas a ver, y mándalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea».
12 Me di vuelta para ver de quién era esa voz que me hablaba, y vi siete candelabros de oro,
13 y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro.
14 Su cabeza y sus cabellos tenían la blancura de la lana y de la nieve; sus ojos parecían llamas de fuego;
15 sus pies, bronce fundido en el crisol; y su voz era como el estruendo de grandes cataratas.
16 En su mano derecha tenía siete estrellas; de su boca salía una espada de doble filo; y su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza.
17 Al ver esto, caí a sus pies, como muerto, pero él, tocándome con su mano derecha, me dijo: «No temas: yo soy el Primero y el Ultimo, el Viviente.
18 Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo la llave de la Muerte y del Abismo.
19 Escribe lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá en el futuro.
20 El significado misterioso de las siete estrellas que has visto en mi mano y de los siete candelabros de oro es el siguiente: las siete estrellas son los Angeles de las siete Iglesias, y los siete candelabros son las siete Iglesias».


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