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DIA 323-SANTA BIBLIA EN UN AÑO TEXTO Y AUDIO


SANTA MISA DE HOY EN LA IMAGEN
323 - DIAS. SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO

El Antiguo Testamento
EZEQUIEL C. 19

Capítulo 19
1 Entona una lamentación sobre los príncipes de Israel.
2 Tú dirás: ¡Tu madre sí que era una leona en medio de los leones! Recostada entre los cachorros, amamantaba sus crías.
3 A uno de sus cachorros lo enalteció y él se convirtió en un león: aprendió a desgarrar su presa, devoró a los hombres.
4 Pero las naciones se concertaron contra él y quedó atrapado en su fosa: así lo llevaron con garfios a la tierra de Egipto.
5 Al ver que nada podía esperar, que su esperanza estaba perdida, tomó a otro de sus cachorros e hizo de él un león.
6 El se paseaba entre los leones, convertido en un león: aprendió a desgarrar su presa, devoró a los hombres.
7 Hizo estragos en sus palacios, devastó sus ciudades; la tierra y sus habitantes se espantaron por el fragor de sus rugidos.
8 Las naciones marcharon contra él, desde las regiones circundantes: tendieron sus redes contra él, y quedó atrapado en su fosa.
9 Lo encerraron con garfios en una jaula, lo llevaron al rey de Babilonia y lo pusieron en una fortaleza, para que no volviera a oírse su voz por las montañas de Israel.
10 Tu madre se parecía a una vid, plantada al borde de las aguas: desbordada de frutos y de hojas, porque el agua era abundante.
11 Le salieron unas ramas vigorosas, que fueron cetros de soberanos. Su talla se elevó por encima del follaje, era bien visible por su altura, por la abundancia de sus ramas.
12 Pero fue arrancada con furor y arrojada por el suelo. El viento del este secó sus frutos, que fueron cortados y se secaron; y el fuego devoró su rama vigorosa.
13 Ahora está plantada en el desierto, en una tierra reseca y sedienta.
14 De su rama ha salido un fuego que devoró sus ramas y sus frutos. Ya no hay en ella ninguna rama vigorosa, ningún cetro de soberanos. Esta es una lamentación, y se la canta como tal.


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El Antiguo Testamento
  EZEQUIEL C. 20

Capítulo 20
1 El séptimo año, el día diez del quinto mes, algunos de los ancianos de Israel vinieron a consultar al Señor y se sentaron delante de mí.
2 La palabra del Señor me llegó en estos términos:
3 Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel y diles: Así habla el Señor: ¿Ustedes han venido a consultarme? Juro por mi vida que no permitiré que ustedes me consulten –oráculo del Señor–.
4 ¿Vas a juzgarlos? ¿Vas a juzgarlos, hijo de hombre? Dales a conocer las abominaciones de sus padres.
5 Tú les dirás: Así habla el Señor: El día en que elegí a Israel, alcé mi mano para hacer un juramento a la descendencia de Jacob y me manifesté a ellos en la tierra de Egipto; alcé mi mano y les dije: Yo soy el Señor, su Dios,
6 Aquel día, alcé mi mano, jurándoles que los haría salir del país de Egipto y los llevaría a una tierra que yo mismo había explorado para ellos: una tierra que mana leche y miel, el más espléndido de todos los países.
7 Les dije: Arrojen lejos de ustedes las cosas abominables que atraen sus miradas y no se contaminen con los ídolos de Egipto: Yo soy el Señor, su Dios.
8 Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron escucharme: ninguno arrojó las cosas abominables que atraían sus miradas y no abandonaron los ídolos de Egipto. Entonces y o pensé derramar mi furor y desahogar mi ira contra ellos en la tierra de Egipto.
9 Pero actué a causa de mi Nombre, para que no fuera profanado a los ojos de las naciones en medio de las cuales habitaban: yo me manifesté a ellos ante los ojos de aquellas naciones, haciéndolos salir del país de Egipto.
10 Yo los hice salir de país de Egipto y los conduje al desierto.
11 Les di mis preceptos y les hice conocer mis leyes, que hacen vivir al hombre que las practica.
12 Les di además mis sábados, como una señal entre ellos y yo, para que supieran que yo, el Señor, soy el que los santifico.
13 Pero la casa de Israel se rebeló contra mi en el desierto: ellos no siguieron mis preceptos y despreciaron mis leyes, que hacen vivir al hombre que las practica, y no hicieron más que profanar mis sábados. Entonces pensé derramar mi furor sobre ellos en el desierto para exterminarlos.
14 Pero actué a causa de mi Nombre, para que no fuera profanado a los ojos de las naciones, en cuya presencia los había hecho salir de Egipto.
15 No obstante, alcé mi mano en el desierto para jurarles que no los dejaría entrar en la tierra que les había dado, esa tierra que mana leche y miel, el más espléndido de todos los países.
16 Yo obré así, porque habían despreciado mis leyes, no habían seguido mis preceptos y habían profanado mis sábados, por el apego que tenían a sus ídolos.
17 Con todo, tuve compasión de ellos, de manera que no los destruí ni los exterminé en el desierto.
18 Dije entonces a sus hijos en el desierto: No sigan los preceptos de sus padres, no observen sus leyes ni se contaminen con sus ídolos.
19 Yo, el Señor, soy su Dios; sigan mis preceptos y observen mis leyes, poniéndolas en práctica.
20 Santifiquen mis sábados: que ellos sean una señal entre ustedes y yo, para que se sepa que yo, el Señor, soy su Dios.
21 Pero también los hijos se rebelaron contra mí, no siguieron mis preceptos ni observaron mis leyes, poniéndolas en práctica –esas leyes que hacen vivir al hombre que las practica– y profanaron mis sábados. Entonces pensé derramar mi furor y desahogar mi ira contra ellos en el desierto.
22 Sin embargo, retiré mi mano y actué a causa de mi Nombre, para que no fuera profanado a los ojos de las naciones, en cuya presencia los había hecho salir.
23 Pero una vez más, alcé mi mano en el desierto, para jurarles que los dispersaría entre las naciones y los diseminaría por los países,
24 ya que no habían practicado mis leyes, habían despreciado mis preceptos y profanado mis sábados, y tenían la mirada puesta en los ídolos de sus padres.
25 Incluso, llegué a imponerles preceptos que no eran buenos, y leyes que no dan la vida.
26 Yo los contaminé con sus propias ofrendas, cuando inmolaban en el fuego a todos los primogénitos, y los hice con el fin de inspirarles horror, para que supieran que yo soy el Señor.
27 Por eso, hijo de hombre, habla a la casa de Israel y diles: Así habla el Señor: Sus padres me ultrajaron más todavía, cometiendo esta infidelidad contra mí:
28 cuando los hice entrar en la tierra que, con la mano levantada, había jurado darles, ellos, al ver cualquier colina o cualquier árbol frondoso, ofrecían allí sus sacrificios, presentaban allí sus ofrendas provocativas, depositaban allí sus perfumes de aroma agradable y derramaban allí sus libaciones.
29 Yo les dije entonces: «¿Qué es ese lugar alto al que ustedes van?». Y lo llamaron «Lugar alto» hasta el día de hoy.
30 Por eso, di a la casa de Israel: Así habla el Señor: ¡Ustedes se están contaminando de la misma manera que sus padres y se están prostituyendo con sus abominaciones!
31 Al presentar sus dones, inmolando a sus hijos en el fuego, se están contaminando con todos sus hijos hasta el día de hoy, ¿y yo me dejaré consultar por ustedes, casa de Israel? Juro por mi vida –oráculo del Señor– que no me dejaré consultar por ustedes.
32 No sucederá nada de lo que ustedes se imaginan cuando dicen: «Seremos como las demás naciones, como las tribus de los otros países, servidores de la madera y de la piedra».
33 Juro por mi vida –oráculo del Señor– que reinaré sobre ustedes con mano fuerte y brazo extendido, y con furor incontenible.
34 Los sacaré de entre los pueblos y los reuniré de entre los países donde habían sido dispersados con mano fuerte y brazo extendido, y con furor incontenible.
35 Los llevaré al desierto de los pueblos y allí entraré en juicio con ustedes cara a cara.
36 Así como entré en juicio con sus padres en el desierto del país de Egipto, así lo haré con ustedes –oráculo del Señor–.
37 Los haré pasar bajo la vara y los introduciré en el vínculo de la alianza.
38 Excluiré de entre ustedes a los rebeldes y a los que me han sido infieles: a ellos los haré salir del país donde viven como extranjeros, pero no entrarán en la tierra de Israel, y así ustedes sabrán que yo soy el Señor.
39 En cuanto a ustedes, casa de Israel, así habla el Señor: Que cada uno vaya a servir a sus ídolos, pero juro que después ustedes me escucharán y ya no profanarán más mi santo Nombre con sus ofrendas y sus ídolos.
40 Porque en mi santa montaña, en la santa montaña de Israel –oráculo del Señor–, allí me servirá todo el pueblo de Israel, congregado enteramente en el país. Allí los recibiré con agrado y aceptaré sus ofrendas, lo mejor de sus contribuciones y los dones que me consagren.
41 Yo los recibiré a ustedes con un perfume de aroma agradable, cuando los haga salir de entre los pueblos y los reúna de entre los países donde estaban dispersos, y por medio de ustedes pondré de manifiesto mi santidad a los ojos de las naciones.
42 Y cuando los haga entrar en la tierra de Israel, en el país que, con la mano levantada, juré dar a sus padres, ustedes sabrán que yo soy el Señor.
43 Allí se acordarán de su conducta y de todas las acciones con las cuales se han contaminado, y sentirán asco de ustedes mismos a causa de todas las maldades que han cometido.
44 Y ustedes, casa de Israel, sabrán que yo soy el Señor, cuando actúe en favor de ustedes a causa de mi Nombre, y no según su mala conducta y sus acciones corrompidas –oráculo del Señor–.


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El Nuevo Testamento
 CARTA DE
 SANTIAGO C. 2

Capítulo 2
1 Hermanos, ustedes que creen en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas.
2 Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido.
3 Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y le dicen: «Siéntate aquí, en el lugar de honor», y al pobre le dicen: «Quédate allí, de pie», o bien: «Siéntate a mis pies»,
4 ¿no están haciendo acaso distinciones entre ustedes y actuando como jueces malintencionados?
5 Escuchen, hermanos muy queridos: ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman?
6 Y sin embargo, ¡ustedes desprecian al pobre! ¿No son acaso los ricos los que los oprimen a ustedes y los hacen comparecer ante los tribunales?
7 ¿No son ellos los que blasfeman contra el Nombre tan hermoso que ha sido pronunciado sobre ustedes?
8 Por lo tanto, si ustedes cumplen la Ley por excelencia que está en la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, proceden bien.
9 Pero si hacen acepción de personas, cometen un pecado y son condenados por la Ley como transgresores.
10 En efecto, aunque uno cumpla toda la Ley, si peca contra un solo precepto, quebrante toda la Ley.
11 Porque el que ha dicho: No cometerás adulterio, dijo también: No matarás. Por lo tanto, si evitas el adulterio, pero cometes un homicidio, te haces transgresor de la Ley.
12 Hablen y actúen como quienes deben ser juzgados por una Ley que nos hace libres.
13 Porque el que no tiene misericordia será juzgado sin misericordia, pero la misericordia se ríe del juicio.
14 ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo?
15 ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario,
16 les dice: «Vayan en paz, caliéntense y coman», y no les da lo que necesitan para su cuerpo?
17 Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.
18 Sin embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras». A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe»
19 ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan.
20 ¿Quieres convencerte, hombre insensato, de que la fe sin obras es estéril?
21 ¿Acaso nuestro padre Abraham no fue justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
22 ¿Ves como la fe no estaba separada de las obras, y por las obras alcanzó su perfección?
23 Así se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación, y fue llamado amigo de Dios.
24 Como ven, el hombre no es justificado sólo por la fe, sino también por las obras.
25 ¿Acaso Rahab, la prostituta, no fue justificada por las obras, cuando recibió a los mensajeros y les hizo tomar otro camino?
26 De la misma manera que un cuerpo sin alma está muerto, así está muerta la fe sin las obras.


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