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DIA 221-SANTA BIBLIA EN UN AÑO TEXTO Y AUDIO


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221 - DIAS LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO


El Antiguo Testamento ESTER
SUPLEMENTOS GRIEGOS C. 4

Capítulo 4
8b Mardoqueo mandó a decir a Ester: «Acuérdate de cuando eras pobre y pequeña, y recibías de mi mano el alimento. Porque Amán, el primero en dignidad después del rey, ha hablado contra nosotros para eliminarnos. ¡Invoca al Señor, háblale al rey en favor nuestro y líbranos de la muerte!».
1 Entonces Mardoqueo, recordando todas las obras del Señor, le dirigió esta oración:
2 «Señor, Señor, Rey todopoderoso, todo está sometido a tu poder y no hay nadie que pueda oponerse a ti, si tú quieres salvar a Israel.
3 Porque tú has hecho el cielo y la tierra y todas las maravillas que hay bajo el cielo;
4 tú eres el Señor de todas las cosas, y no hay nadie que te resista, Señor.
5 Tú lo conoces todo, y sabes muy bien, Señor, que no ha sido por arrogancia, ni por soberbia o amor propio, que yo me negué a postrarme ante el orgulloso Amán:
6 de buena gana le besaría la planta de los pies por la salvación de Israel.
7 Si yo hice esto, fue para no poner la gloria de un hombre por encima de la gloria de Dios: no, no me postraré ante nadie sino sólo ante ti, Señor, y esto no lo hago por soberbia.
8 Y ahora, Señor, Dios y Rey, Dios de Abraham, perdónale la vida a tu pueblo, porque están mirando cómo destruirnos y ansían exterminar la herencia que ha sido tuya desde siempre.
9 No menosprecies tu porción escogida, la que has rescatado para ti del país de Egipto.
10 Presta atención a mi plegaria, muéstrate propicio con tu heredad, cambia nuestro duelo en alegría, para que vivamos y cantemos himnos a tu Nombre, Señor. ¡No hagas enmudecer la boca de los que te alaban!».
11 Mientras tanto, Israel clamaba con todas sus fuerzas, porque veían que su muerte era inminente.
12 La reina Ester, presa de una angustia mortal, también buscó refugio en el Señor.
13 Se despojó de sus vestidos lujosos y se puso ropa de aflicción y de duelo. En lugar de los perfumes refinados, se cubrió la cabeza de ceniza y basura. Mortificó su cuerpo duramente y dejó caer sus cabellos enmarañados sobre aquel cuerpo que antes se complacía en adornar.
14 Luego oró al Señor, Dios de Israel, diciendo: «¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Unico! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti
15 y estoy expuesta al peligro.
16 Yo aprendí desde mi infancia, en mi familia paterna, que tú, Señor, elegiste a Israel entre todos los pueblos, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, para que fueran tu herencia eternamente. ¡Y tú has hecho por ellos lo que habías prometido!
17 Ahora nosotros hemos pecado contra ti, y tú nos entregaste en manos de nuestros enemigos,
18 porque hemos honrado a sus dioses. ¡Sí, tú eres justo, Señor!
19 Pero ellos no se contentaron con someternos a una dura esclavitud, sino que hicieron un pacto con sus ídolos
20 para anular lo que tu boca había decretado, para hacer que desaparezca tu herencia y cerrar la boca de los que te alaban, extinguiendo la gloria de tu Casa y de tu Altar,
21 y para abrir, en cambio, la boca de las naciones, a fin de que celebren a los ídolos vanos y admiren eternamente a un rey mortal.
22 No entregues tu cetro, Señor, a los que no son nada: ¡que no se burlen de nuestra ruina! Haz que sus planes se vuelvan contra ellos e inflige un castigo ejemplar a aquel que comenzó a atacarnos.
23 ¡Acuérdate, Señor, y manifiéstate en el momento de nuestra aflicción! Y a mí, dame valor, Rey de los dioses y Señor de todos los que tienen autoridad.
24 Coloca en mis labios palabras armoniosas cuando me encuentre delante del león, y cámbiale el corazón para que deteste al que nos combate y acabe con él y con sus partidarios.
25 ¡Líbranos de ellos con tu mano y ven a socorrerme, porque estoy sola, y no tengo a nadie fuera de ti, Señor! Tú, que lo conoces todo,
26 saber que yo detesto la gloria de los impíos y me horroriza el lecho de los incircuncisos y el de cualquier extranjero.
27 Tú sabes que estoy aquí por necesidad; yo aborrezco la insignia fastuosa que ciñe mi frente cuando aparezco en público: la aborrezco como un paño ensangrentado, y nunca la uso cuando estoy a solas.
28 Tu servidora no ha comido en la mesa de Amán, no he sentido estima por los banquetes del rey ni he bebido el vino de las libaciones.
29 Tu servidora no encontró la felicidad desde que cambió de condición hasta el presente, a no ser junto a ti, Señor, Dios de Abraham.
30 ¡Dios, que tienes poder sobre todos, oye la voz de los desesperados: líbranos de las manos de los perversos y líbrame a mí de todo temor!».


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El Antiguo Testamento
 ESTER
 SUPLEMENTOS GRIEGOS C. 5


Capítulo 5
1 Al tercer día, una vez que terminó de orar, Ester se quitó su ropa de penitente y se atavió con todo lujo.
2 Así, deslumbrante de hermosura, invocó a Dios que vela por todos y los salva. Luego tomó consigo a las dos damas de compañía.
3 y se apoyó delicadamente sobre una de ellas,
4 mientras la otra la seguía sosteniendo el ruedo de su vestido.
5 Ella iba radiante, en el apogeo de su belleza, con el rostro sonriente como una enamorada, aunque su corazón estaba oprimido por el temor.
6 Después de franquear todas las puertas, se detuvo delante del rey. El estaba sentado en su trono real, revestido con todos los atuendos de sus apariciones solemnes, cubierto de oro y piedras preciosas, e inspiraba un gran terror.
7 Entonces alzó su rostro encendido de majestad y, en un arrebato de ira, lanzó una mirada fulminante. La reina se sintió desvanecer: débil como estaba, cambió de color y reclinó su cabeza sobre la dama de honor que la precedía.
8 Pero Dios cambió el espíritu del rey y lo movió a la mansedumbre. Lleno de inquietud, se precipitó de su trono y la tomó entre sus brazos, mientras ella volvía en sí. La reconfortó con palabras tranquilizadoras, diciéndole:
9 ¿Qué pasa, Ester? Yo soy tu hermano, ten confianza.
10 No vas a morir, nuestro decreto vale solamente para la gente común.
11 ¡Acércate!»
12 Luego alzó el cetro de oro y lo puso sobre el cuello de Ester, la besó y le dijo: «Háblame».
13 Ella le respondió: «Yo te vi, señor, como a un ángel de Dios, y mi corazón se estremeció de temor ante tu majestad.
14 Porque tú eres admirable, señor, y tu rostro está lleno de fascinación».
15 Pero mientras ella hablaba, se desvaneció a causa de su debilidad.
16 El rey estaba desconcertado y todo su séquito trataba de reanimarla.



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El Antiguo Testamento
 PROVERBIOS C. 30

Capítulo 30
1 Palabras de Agur, hijo de Iaqué, de Masá. Oráculo de este gran hombre: ¡Me he fatigado, Dios, me he fatigado, Dios, y estoy exhausto!
2 Sí, soy demasiado torpe para ser un hombre y no tengo la inteligencia de un ser humano;
3 nunca aprendí la sabiduría, ¡y qué puedo saber de la ciencia del Santo!
4 ¿Quién subió a los cielos y descendió? ¿Quién recogió el viento en sus puños? ¿Quién contuvo las aguas en su manto? ¿Quién estableció los confines de la tierra? ¿Cuál es su nombre y el nombre de su hijo, si es que lo sabes?
5 Toda palabra de Dios es acrisolada, Dios es un escudo para el que se refugia en él.
6 No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y seas tenido por mentiroso.
7 Hay dos cosas que yo te pido, no me la niegues antes que muera:
8 aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des ni pobreza ni riqueza, dame la ración necesaria,
9 no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: «¿Quién es el Señor?», o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios.
10 No denigres a un servidor delante de su patrón, no sea que él te maldiga y cargues con la culpa.
11 Hay cierta clase de gente que maldice a su padre y no bendice a su madre,
12 gente que se considera pura y no se ha lavado de su inmundicia.
13 ¡Qué altaneros son los ojos de esa gente, cuánto desdén hay en sus miradas!
14 Sus dientes son espadas y sus mandíbulas, cuchillos, para devorar a los desvalidos de la tierra y a los más pobres entre los hombres.
15 La sanguijuela tiene dos hijas: «¡Dame!» y «¡Dame!». Hay tres cosas insaciables y cuatro que nunca dicen: «¡Basta!».
16 el Abismo y el vientre estéril, la tierra, que no se sacia de agua, y el fuego, que nunca dice: «¡Basta!».
17 Al ojo que se burla de su padre y desprecia la vejez de su madre, lo vaciarán los cuervos del torrente y lo devorarán los aguiluchos.
18 Hay tres cosas que me superan y cuatro que no comprendo:
19 el camino del águila en el cielo, el camino de la serpiente sobre la roca, el camino del hombre en una joven.
20 Esta es la conducta de la mujer adúltera: come, se limpia la boca y exclama: «¡No hice nada malo!».
21 Por tres cosas tiembla la tierra y hay cuatro que no puede soportar:
22 un esclavo que llega a rey, un tonto que se harta de pan,
23 una mujer odiada que encuentra marido y una esclava que hereda a su señora.
24 Hay cuatro seres, lo más pequeños de la tierra, que son sabios entre los sabios:
25 las hormigas, pueblo sin fuerza, que aseguran sus provisiones en verano;
26 los damanes, pueblo sin poder, que instalan sus casa en la roca;
27 las langostas, que no tienen rey, pero avanzan todas en escuadrones;
28 la lagartija, que puedes agarrar con la mano, pero habita en los palacios de los reyes.
29 Hay tres cosas de paso majestuoso y cuatro que caminan con elegancia:
30 el león, el más fuerte entre los animales, que no retrocede ante nada;
31 el gallo vigoroso, o el chivo, y el rey al frente de su regimiento.
32 Si fuiste tan tonto que te exaltaste a ti mismo y luego reflexionaste, tápate bien la boca,
33 porque apretando la leche se saca manteca, apretando la nariz se saca sangre y apretando la ira se saca una disputa.


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