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DIA 214-SANTA BIBLIA EN UN AÑO TEXTO Y AUDIO




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214 - DIAS LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO

El Antiguo Testamento
 NEHEMIAS C. 12


Capítulo 12
1 Estos son los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Sealtiel, y con Josué: Seraías, Jeremías, Esdras,
2 Amarías, Maluc, Jatús,
3 Secanías, Rejúm, Meremot,
4 Idó, Guinetón, Abías,
5 Miamín, Maadías, Bilgá,
6 Semaías, y también Ioiarib, Iedaías,
7 Salú, Amoc, Jilquías, Iedaías. Estos eran los jefes de los sacerdotes y de sus hermanos, en tiempos de Josué.
8 Los levitas eran: Josué, Binuí, Cadmiel, Serebías, Judá y Matanías, encargado de este último con sus hermanos de los himnos de alabanza.
9 Bacbuquías, Uní y sus hermanos los asistían en sus cargos.
10 Josué fue padre de Ioiaquím; Ioiaquím fue padre de Eliasib; Eliasib fue padre de Ioiadá;
11 Ioiadá fue padre de Jonatán; Jonatán fue padre de Iadúa.
12 En la época de Ioiaquím, los jefes de las familias sacerdotales era: de la familia de Seraías: Meraías; de la de Jeremías: Jananías;
13 de la de Esdras: Mesulam; de la de Amarías: Iejojanam;
14 de la de Melicú: Jonatán; de la de Sebanías: José;
15 de la de Jarím: Adná; de la de Meraiot: Jelcái;
16 de la de Idó: Zacarías;
17 de la de Adías: Zicrí; de la de Miamín...; de la de Maadías: Piltal;
18 de la de Bilgá: Samuá; de la de Semaías: Jonatán;
19 además, de la de Ioiarib: Matenái; de la de Iedaías: Uzí;
20 de la de Salái: Calái; de la de Amoc: Eber;
21 de la de Jilquías: Jasabías; de la de Iedaías: Netanel.
22 En la época de Eliasib, de Ioiadá, de Iojanán y de Iadúa, los jefes de las familias sacerdotales fueron registrados hasta el reinado de Darío, el persa.
23 Los jefes de familia de los hijos de Leví fueron registrados en el libro de las Crónicas, hasta la época de Iojanán, hijo de Eliasib.
24 Los jefes de los levitas eran Jasabías, Serebías, Josué, Binuí, Cadmiel y sus hermanos, que los asistían alternándose por grupos en la alabanza y en la acción de gracias, según la orden de David, hombre de Dios.
25 Matanías, Bacbuquías, Abdías, Mesulam, Talmón y Acub eran porteros y hacían guardia en los depósitos que estaban junto a las puertas.
26 Todos estos vivían en tiempos de Ioiaquím, hijo de Josué, hijo de Josadac, y en tiempos del gobernador Nehemías y del sacerdote escriba Esdras.
27 Cuando se dedicaron las murallas de Jerusalén, se fue a buscar a los levitas de todos los sitios donde vivían para llevarlos a Jerusalén, a fin de celebrar alegremente esa dedicación, con cantos de acción de gracias y con música de címbalos, arpas y cítaras.
28 Los cantores, hijos de Leví, se reunieron de la región cercana a Jerusalén, de los pueblos de los Netofatitas,
29 de Bet Guilgal, de los campos de Gueba y de Azmávet; porque los cantores se habían construído pueblos alrededor de Jerusalén.
30 Los sacerdotes y los levitas se purificaron, y luego purificaron al pueblo, las puertas y las murallas.
31 Yo mandé entonces a los jefes de Judá que subieran a las murallas y organicé dos grandes coros. El primero avanzaba por encima de las murallas hacia la derecha, en dirección de la puerta del Basural.
32 Detrás de este grupo iba Josaías y la mitad de los jefes de Judá.
33 como así también Azarías, Esdras, Mesulam,
34 Judá, Miamín, Semaías y Jeremías,
35 elegidos entre los sacerdotes y provistos de trompetas. Después iban Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías, hijo de Micá, hijo de Zacur, hijo de Asaf,
36 con sus hermanos Semaías, Azarel, Milalai, Guilalai, Maai, Netanel, Judá y Jananí, provistos de los instrumentos musicales de David, hombre de Dios. Y el escriba Esdras iba al frente de todos ellos.
37 A la altura de la puerta de la Fuente, subieron derecho por las gradas de la Ciudad de David, por la cuesta de la muralla, encima de la casa de David, hasta la puerta del Agua, hacia el este.
38 El segundo coro avanzaba hacia la izquierda; yo iba detrás con la otra mitad de los jefes del pueblo, por encima de la muralla, pasando por la torre de los Hornos y hasta el muro Ancho,
39 y después por encima de la puerta de Efraím, la puerta de la Vieja, la puerta de los Pescados, la torre de Jananel y la torre de los Cien, hasta la puerta de las Ovejas, y nos detuvimos en la puerta de la Inspección.
40 Los dos coros se ubicaron en la Casa de Dios. Junto a mí estaban la mitad de los magistrados
41 y los sacerdotes Eliaquím, Maaseías, Miniamín, Miqueas, Elioenai, Zacarías y Jananías, provistos de trompetas
42 y Maaseías, Semaías, Eleazar, Uzí, Iehojanán, Malaquías, Elam y Ezer. Los cantores entonaron su canto bajo la dirección de Izrajías.
43 Aquel día, se ofrecieron grandes sacrificios y hubo mucha alegría, porque Dios les había dado un gran motivo de gozo. También las mujeres y los niños compartían la alegría, y el regocijo de Jerusalén se oía desde lejos.
44 En aquel tiempo, se nombró a los encargados de los depósitos destinados a almacenar las contribuciones, las primicias y los diezmos, a fin de guardar las porciones asignadas por la Ley a los sacerdotes y levitas, las cuales provenían de los campos cercanos a las ciudades. Porque la gente de Judá estaba contenta con los sacerdotes y levitas que ejercían sus funciones.
45 Ellos, en efecto, aseguraban el culto de su Dios y los ritos de purificación –lo mismo que los cantores y porteros– conforme a las órdenes de David y de su hijo Salomón.
46 Porque desde tiempos antiguos, en los días de David, Asaf había sido el jefe de los cantores y se entonaban cantos de alabanza y de acción de gracias a Dios.
47 Todo Israel, en tiempos de Zorobabel y de Nehemías, daba día tras día las porciones asignadas a los cantores y porteros. También se daba a los levitas las ofrendas santas, y estos entregaban su parte a los hijos de Aarón.


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El Antiguo Testamento
 NEHEMIAS C. 13
Capítulo 13
1 Aquel día, se leyó el libro de Moisés en presencia del pueblo, y en él se encontró escrito: «El amonita y el moabita no entrarán jamás en la asamblea de Dios,
2 porque no acogieron a los israelitas con pan y agua, sino que contrataron contra ellos a Balaam para que los maldijera, pero nuestro Dios cambió la maldición en bendición».
3 Cuando escucharon la Ley, separaron de Israel a todos los mestizos.
4 Antes de esto, Eliasib, el sacerdote encargado de las dependencias de la Casa de nuestro Dios, un pariente de Tobías,
5 había acondicionado para este una habitación amplia, donde antes se depositaban las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del trigo, del vino nuevo y del aceite fresco, o sea, lo que estaba mandado para los levitas, los cantores y los porteros, y lo reservado para los sacerdotes.
6 Mientras tanto, yo estaba ausente de Jerusalén, porque el trigésimo segundo año de Artajerjes, rey de Babel, había ido a ver al rey. Al cabo de un tiempo, con el permiso del rey,
7 volví a Jerusalén y me enteré de la mala acción que había cometido Eliasib en beneficio de Tobías, al acondicionarle una sala en el recinto de la Casa de Dios.
8 Esto me disgustó muchísimo, y arrojé fuera de su habitación todo el mobiliario de la casa de Tobías.
9 Luego mandé purificar las habitaciones e hice poner de nuevo allí los utensilios de la Casa de Dios, las ofrendas y el incienso.
10 Supe también que no se entregaban las porciones a los levitas, y que los levitas y cantores encargados del culto se habían refugiado cada uno en su campo.
11 Entonces encaré a los magistrados y les dije: «¿Por qué se ha descuidado la Casa de Dios?». Luego reuní a los levitas y cantores y los restablecí en sus puestos.
12 Todo Judá trajo a los depósitos los diezmos del trigo, del vino nuevo y del aceite fresco;
13 y puse al frente de los depósitos al sacerdote Selemías, al escriba Sadoc, y a Pedaías, uno de los levitas, y como ayudante, a Janán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, porque se los consideraba personas de confianza. Ellos eran los encargados de distribuir las porciones entre sus hermanos.
14 Por todo esto, ¡acuérdate de mí, Dios mío, y no olvides las obras de piedad que realicé por la Casa de mi Dios y por su culto!
15 En aquellos días, vi gente en Judá que pisaba los lagares durante el sábado. Otros acarreaban gavillas y también cargaban sobre los asnos vino, uvas, higos y toda clase de cargas, para traerlos a Jerusalén en día sábado. Y yo los reprendí, mientras vendía sus mercaderías.
16 Además, algunos tirios que se habían establecido en Jerusalén, hacían entrar pescado y toda clase de mercancías para venderlas durante el sábado a los judíos, en Jerusalén.
17 Yo encaré a los notables de Judá y les dije» «¡Ustedes obran mal profanando el día sábado!
18 Eso mismo hicieron sus padres, y por eso nuestro Dios envió tantas desgracias sobre nosotros y sobre esta ciudad. Al profanar el sábado, ustedes aumentan la ira de Dios contra Israel».
19 Cuando las puertas de Jerusalén estaban en penumbra, antes del sábado, mandé que las cerraran y ordené que no las reabrieran hasta pasado el sábado. Además aposté a algunos de mis hombres junto a las puertas, para que no entrara ninguna carga el día sábado.
20 Una o dos veces, los traficantes y vendedores de toda clase de mercancías pasaron la noche fuera de Jerusalén.
21 Pero yo les advertí: «¿Por qué pasan la noche delante de la muralla? Si lo vuelven a hacer, los haré detener». Desde entonces, ya no volvieron más durante el sábado.
22 Luego ordené a los levitas que se purificaran y fueran a custodiar las puertas, a fin de santificar el día sábado. También por esto, ¡acuérdate de mí, Dios mío, y ten piedad de mí, por tu gran fidelidad!
23 También vi en esos días que algunos judíos se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas.
24 La mitad de sus hijos hablaban asdodeo u otras lenguas, pero ya no sabían hablar la lengua de los judíos.
25 Yo los reprendí y los maldije, golpeé a algunos, les tiré de los cabellos y los conjuré en nombre de Dios, diciéndoles: «¡No entreguen sus hijas a los hijos de ellos, ni se casen con sus hijas, ni ustedes, ni sus hijos!»
26 ¿No fue acaso por esto que pecó Salomón, rey de Israel? Entre tantas naciones, no había otro rey semejante a él; era amado por su Dios y Dios lo había hecho rey de todo Israel. Sin embargo, incluso a él, lo hicieron pecar las mujeres extranjeras.
27 ¿También de ustedes se oirá decir que cometen ese gran crimen de traicionar a nuestro Dios, casándose con mujeres extranjeras?
28 Yo eché de mi lado a uno de los hijos de Ioiadá, hijo del Sumo Sacerdote Eliasib, que era yerno de Sambalat, el joronita.
29 ¡Acuérdate de esta gente, Dios mío, porque mancillaron el sacerdocio y la alianza de los sacerdotes y de los levitas!
30 Yo los purifiqué de todo elemento extranjero. Establecí para los sacerdotes y los levitas reglamentos que determinaban la tarea de cada uno,
31 e hice lo mismo para la ofrenda de la leña, en los tiempos fijados, y para las primicias. ¡Acuérdate de mí, Dios mío, para mi bien!


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El Antiguo Testamento
 PROVERBIOS C. 23

Capítulo 23
1 Si te sientas a la mesa con un señor, fíjate bien en lo que tienes delante;
2 clava un cuchillo en tu garganta, si tienes mucho apetito.
3 No ambiciones sus manjares, porque son un alimento engañoso.
4 No te afanes por enriquecerte, deja de pensar en eso.
5 Tus ojos vuelan hacia la riqueza, y ya no hay nada, porque ella se pone alas y vuela hacia el cielo como un águila.
6 No comas el pan del hombre malicioso ni codicies sus manjares,
7 porque él es en realidad como piensa dentro de sí: «Come y bebe», te dice, pero su corazón no está contigo.
8 El bocado que comiste, lo vomitarás, y habrás desperdiciado tus lindas palabras.
9 No hables a los oídos de un insensato, porque despreciará el buen sentido de tus palabras.
10 No desplaces los linderos antiguos, ni te metas en los campos de los huérfanos,
11 porque su Vengador es poderoso y defenderá su causa contra ti.
12 Abre tu corazón a la instrucción y tus oídos a las palabras de la ciencia.
13 No mezquines la corrección a un niño: si lo golpeas con la vara, no morirá.
14 Tú lo golpearás con la vara, y librarás su vida del Abismo.
15 Hijo mío, si tu corazón es sabio, también se alegrará mi corazón:
16 mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios hablen con rectitud.
17 Que tu corazón no envidie a los pecadores, sino que siempre tema al Señor.
18 Así, ciertamente, tendrás un porvenir y tu esperanza no quedará defraudada.
19 Escucha, hijo mío, y te harás sabio, y enderezarás tu corazón por el buen camino.
20 No te juntes con los borrachos ni con los que se hartan de carne,
21 porque el borracho y el glotón se empobrecen, y la modorra hace andar vestido con harapos.
22 Escucha a tu padre, que te engendró, y no desprecies a tu madre cuando sea vieja.
23 Adquiere la verdad y no la vendas, lo mismo que la sabiduría, la instrucción y la inteligencia.
24 El padre de un justo se llena de gozo, el que tiene un hijo sabio se alegra por él:
25 ¡que se alegren tu padre y tu madre y se llene de gozo la que te hizo nacer!
26 Hijo mío, préstame atención y acepta de buena gana mis caminos.
27 Porque la prostituta es una fosa profunda y la mujer extraña, un pozo estrecho:
28 también ella está al acecho como un ladrón y multiplica las traiciones entre los hombres.
29 ¿Para quién los lamentos? ¿Para quién los quejidos? ¿Para quién las querellas? ¿Para quién los suspiros? ¿Para quién las heridas sin motivo? ¿Para quién la mirada turbia?
30 Para los que se pasan bebiendo y van en busca de vino aromatizado.
31 No mires el vino: ¡qué rojo es! ¡Cómo centellea en la copa! ¡Cómo fluye suavemente!
32 Pero al fin muerde como una serpiente y pica como una víbora.
33 Tus ojos verán cosas extrañas, tu corazón hablará sin ton ni son;
34 serás como un hombre acostado en alta mar, acostado en la punta de un mástil.
35 «Me han golpeado, pero no me dolió; me han pegado, pero no me di cuenta. ¿Cuándo me despertaré? ¡Volveré a pedir más todavía!».


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