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DIA 206- SANTA BIBLIA EN UN AÑO TEXTO Y AUDIO

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206 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO

El Antiguo Testamento
  ESDRAS C. 7


Capítulo 7
1 Después de estos acontecimientos, bajo el reinado de Artajerjes, rey de Persia, llegó desde Babilonia Esdras, hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Jilquías,
2 hijo de Salúm, hijo de Sadoc, hijo de Ajitub,
3 hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Meralot,
4 hijo de Serajías, hijo de Uzí, hijo de Buquí,
5 hijo de Abisúa, hijo de Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del Sumo Sacerdote Aarón.
6 Esdras era un escriba muy versado en la Ley de Moisés, que había sido dada por el Señor, el Dios de Israel. Como la mano del Señor, su Dios, estaba con él, el rey le concedió todo lo que pedía.
7 El séptimo año del reinado de Artajerjes, subieron a Jerusalén un buen número de israelitas, de sacerdotes, de levitas, de cantores, de porteros y de empleados del Templo.
8 Esdras llegó a Jerusalén en el quinto mes del séptimo año del reinado de Artajerjes.
9 El había decidido salir de Babilonia el primer día del primer mes, y llegó a Jerusalén el primer día del quinto mes, porque la mano bondadosa del Señor, su Dios, estaba sobre él.
10 Esdras se había dedicado de todo corazón a investigar la Ley del Señor, a practicarla, y a enseñar en Israel sus preceptos y sus normas.
11 Esta es la copia del documento que el rey Artajerjes envió a Esdras, el sacerdote escriba, especialmente instruido en el texto de los mandamientos del Señor y de sus preceptos concernientes a Israel.
12b «Artajerjes, rey de reyes, al sacerdote Esdras, escriba de la Ley del Dios del cielo, paz, etc.
13 Yo he dado esta orden: Cualquier miembro del pueblo de Israel que esté dentro de mi reino y se ofrezca voluntariamente para ir contigo a Jerusalén, incluidos sus sacerdotes y levitas, puede hacerlo.
14 Tú irás como enviado del rey y de sus siete consejeros, para inspeccionar a Judá y a Jerusalén, de acuerdo con la Ley de tu Dios, que llevas en tus manos.
15 También llevarás la plata y el oro que el rey y sus consejeros han ofrecido voluntariamente al Dios de Israel, que reside en Jerusalén,
16 lo mismo que toda la plata y el oro que recojas en toda la provincia de Babilonia, con las ofrendas voluntarias hechas por el pueblo y los sacerdotes para la Casa de su Dios que está en Jerusalén.
17 Con este dinero, comprarás novillos, carneros, corderos, como así también lo necesario para las oblaciones y libaciones correspondientes, y ofrecerás todo esto sobre el altar de la Casa de tu Dios que está en Jerusalén.
18 La plata y el oro que sobren, úsenlos como les parezca más conveniente, a ti y a tus hermanos, conforme a la voluntad de su Dios.
19 Deposita delante de tu Dios en Jerusalén los utensilios que te fueron entregados para el servicio de la Casa de tu Dios.
20 Si tuvieras necesidad de hacer otros gastos para la Casa de tu Dios, se cubrirán con los fondos del tesoro del rey.
21 Yo mismo, el rey Artajerjes, ordeno a todos los tesoreros de la región que está del otro lado del Eufrates: «Entreguen exactamente todo lo que les pida el sacerdote Esdras, escriba de la Ley de Dios del cielo,
22 dándole cien talentos de plata, cien bolsas de trigo, cien barriles de vino, tres mil seiscientos litros de aceite y sal a discreción.
23 Todo lo que el Dios del cielo ordene para su Casa, deberá cumplirse escrupulosamente, a fin de que su ira no se descargue sobre el territorio del rey y de sus hijos.
24 Les comunicamos, además, que está prohibido cobrar impuestos, contribuciones o derechos de peaje, a los sacerdotes, levitas, cantores, porteros y empleados de la Casa, en una palabra, a todos los servidores de esta Casa de Dios».
25 Y tú, Esdras, con esa sabiduría de tu Dios que reside en ti, designa jueces y magistrados, para hacer justicia a todo el pueblo que está del otro lado del Eufrates, es decir, a todos los que conocen la Ley de tu Dios. Y enseña esa Ley a quienes no la conocen.
26 El que no observe la Ley de tu Dios y la ley del rey será rigurosamente castigado con la muerte, la expulsión, la multa o la cárcel».
27 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestros padres, que inspiró al rey esta decisión de glorificar la Casa del Señor que está en Jerusalén,
28 y me hizo ganar el favor del rey, de sus consejeros y de los más importantes funcionarios reales! Yo cobré ánimo porque el Señor estaba conmigo, y reuní a algunos jefes de Israel para que me acompañaran.


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El Antiguo Testamento
 ESDRAS C. 8



Capítulo 8
1 Estos son los jefes de familia, con sus respectiva genealogía, que partieron conmigo de Babilonia, bajo el reinado de Artajerjes.
2 De los hijos de Pinjás: Gersón; de los hijos de Itamar: Daniel; de los hijos de David: Jatús,
3 hijo de Secanías; de los hijos de Parós: Zacarías, con el cual fueron registrados 150 hombres;
4 de los hijos de Pajat Moab: Elijonai, hijo de Zerajías, con 200 hombres;
5 de los hijos de Zatú: Secanías, hijo de Iajaziel, con 300 hombres;
6 de los hijos de Adín: Ebed, hijo de Jonatán, con 50 hombres;
7 de los hijos de Elam: Isaías, hijo de Atalías, con 70 hombres;
8 de los hijos de Sefatías: Zabadías, hijo de Miguel, con 80 hombres;
9 de los hijos de Joab: Abdías, hijo de Iejiel, con 218 hombres;
10 de los hijos de Baní: Selomit, hijo de Josifías, con 160 hombres;
11 de los hijos de Bebai: Zacarías, hijo de Bebai, con 28 hombres,
12 de los hijos de Azgad: Iojanán, hijo de Hacatán, con 110 hombres;
13 de los hijos de Adonicam: los menores, a saber, Elifélet, Jeiel y Semaías, con 60 hombres;
14 y de los hijos de Bigvai: Utai, hijo de Zacur, con 70 hombres.
15 Yo los reuní a orillas del río que va hacia Ahavá y allí acampamos durante tres días. Vi que había gente del pueblo y sacerdotes, pero no encontré ningún levita.
16 Entonces llamé a los jefes Eliezer, Ariel, Semaías, Elnatán, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulán, y a los instructores Joiarib y Elnatán,
17 y los envié a ver a Idó, jefe de Casifía, con la orden precisa de lo que debían decir a él y a sus hermanos que residían en esa localidad, a fin de que nos mandaran servidores para la Casa de nuestro Dios.
18 Gracias a que la mano bondadosa de nuestro Dios estaba sobre nosotros, ellos nos enviaron un hombre muy capaz, llamado Serebías, de los hijos de Majlí, hijo de Leví, hijo de Israel, junto con sus hijos y sus hermanos: en total, dieciocho hombres.
19 Además, nos enviaron a Jasabías, de los hijos de Merarí, junto con su hermano Isaías y con sus hijos: en total, veinte hombres;
20 y de entre los empleados del Templo de David y los Jefes habían puesto al servicio de los levitas, enviaron doscientos veinte hombres, todos registrados personalmente.
21 Allí, a orillas del río Ahavá, proclamé un ayuno, para humillarnos delante de nuestro Dios, a fin de pedirle un feliz viaje para nosotros y nuestros hijos y para todos nuestros vienes.
22 Porque hubiera sido vergonzoso pedir al rey gente armada y jinetes, para que nos protegieran en el camino contra el enemigo. Al contrario, nosotros habíamos dicho al rey: «La mano de nuestro Dios se extiende para bendecir a todos los que lo buscan, y su poder y su ira caen sobre todos los que lo abandonan».
23 Así ayunamos e invocamos a nuestro Dios, y él nos escuchó.
24 Después tomé aparte a doce de los jefes de los sacerdotes, y además a Serebías y a Jasabías, junto con diez de sus hermanos;
25 y pesé delante de ellos la plata, el oro y los utensilios, que el rey, sus consejeros y sus funcionarios y todos los israelitas residente allí, habían ofrecido para la Casa de nuestro Dios.
26 Pesé y puse en sus manos seiscientos cincuenta talentos de plata, utensilios de plata por valor de cien talentos, cien talentos de oro,
27 veinte copas de oro de mil dáricos y dos vasos de bronce bruñido tan preciosos como el oro.
28 Luego les dije: «Ustedes están consagrados al Señor; estos utensilios son sagrados; esta plata y este oro son una ofrenda voluntaria para el Señor, el Dios de nuestros padres.
29 Guárdenlos cuidadosamente, hasta que los pesen delante de los jefes de los sacerdotes y de los levitas, y delante de los jefes de familia de Israel, en las habitaciones de la Casa del Señor en Jerusalén».
30 Los sacerdotes y los levitas recibieron la plata, el oro y los utensilios que habían sido pesados, para trasladarlos a Jerusalén, a la Casa de nuestro Dios.
31 El día doce del primer mes, partimos de las orillas del río Ahavá para ir a Jerusalén. La mano de nuestro Dios está sobre nosotros, y él nos presentó durante la marcha de los ataques enemigos y de las emboscadas.
32 Al llegar a Jerusalén, descansamos tres días.
33 El cuarto día, fueron pesados la plata, el oro y los utensilios en la Casa de nuestro Dios, y se entregó todo al sacerdote Meremot, hijo de Urías, y a Eleazar, hijo de Pinjás, junto a los cuales estaban los levitas Josabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Binuí.
34 Después de comprobar la cantidad y el peso, se tomó nota de peso total. En aquel tiempo,
35 los deportados que habían vuelto del exilio ofrecieron como holocausto al Dios de Israel doce novillos por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos y doce chivos por el pecado: todo, en holocausto al Señor.
36 Y se entregaron los decretos del rey a los sátrapas y gobernadores de la región de este lado del Eufrates, los cuales presentaron su apoyo al pueblo y a la Casa de Dios.


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El Antiguo Testamento
 PROVERBIOS C. 15
 

Capítulo 15
1 Una respuesta suave aplaca la ira, una palabra hiriente exacerba el furor.
2 La lengua de los sabios hace amable la ciencia, pero la boca de los necios rebosa necedad.
3 Los ojos del Señor están en todas partes, vigilando a los malos y a los buenos.
4 La lengua afable es un árbol de vida, la lengua perversa hiere en lo más vivo.
5 El necio desprecia la instrucción de su padre, el que acepta la reprensión se muestra prudente.
6 En casa del justo hay mucha riqueza, en las ganancias del malo hay turbación.
7 Los labios de los sabios siembran la ciencia, no así el corazón de los necios.
8 El sacrificio de los malvados es abominable para el Señor, la plegaria de los hombres rectos obtiene su favor.
9 El Señor abomina la conducta del malvado, pero ama al que va tras la justicia.
10 El que abandona la senda recibirá su escarmiento, el que detesta la reprensión morirá.
11 El Abismo y la Perdición están delante del Señor: ¡cuánto más los corazones de los hombres!
12 Al insolente no le gusta que lo reprendan, ni va adonde están los sabios.
13 Un corazón contento alegra el semblante, un corazón afligido abate el espíritu.
14 Un corazón inteligente busca la ciencia, la boca de los necios se alimenta de necedad.
15 Para el desdichado, todos los días son malos, pero el corazón feliz siempre está de fiesta.
16 Más vale poco con temor del Señor, que un gran tesoro con inquietud.
17 Más vale un plato de legumbres con amor que un buey cebado, pero con odio.
18 El hombre iracundo provoca altercados, el que tarda en enojarse aplaca las disputas.
19 El camino del perezoso es como un cerco de espinas, pero la senda de los laboriosos está despejada.
20 Un hijo sabio es la alegría de su padre, un hijo necio desprecia a su madre.
21 La necedad es la alegría del insensato, pero el inteligente va derecho por su camino.
22 Por falta de deliberación, fracasan los planes, con muchos consejeros, se llevan a cabo.
23 Es un placer para el hombre dar una buena respuesta, ¡y qué buena es una palabra oportuna!
24 El prudente sube por un sendero de vida, y así se aparta del Abismo profundo.
25 El Señor derriba la casa de los soberbios, pero mantiene en pie los linderos de la viuda.
26 Las malas intenciones son abominables para el Señor, pero le agradan las palabras puras.
27 El que obtiene ganancias deshonestas perturba su casa, el que detesta el soborno vivirá.
28 El justo medita antes de responder, pero la boca de los malos rebosa maldad.
29 El Señor está lejos de los malvados, pero escucha la plegaria de los justos.
30 Una mirada luminosa alegra el corazón, una buena noticia vigoriza los huesos.
31 El oído atento a una advertencia saludable se hospedará en medio de los sabios.
32 El que rechaza la corrección se desprecia a sí mismo, el que escucha una reprensión adquiere sensatez.
33 El temor del Señor es escuela de sabiduría, y la humildad precede a la gloria.


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