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DIA 205-SANTA BIBLIA EN UN AÑO TEXTO Y AUDIO



205 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO


El Antiguo Testamento

 ESDRAS C. 5

Capítulo 5
1 Entonces el profeta Ageo y el profeta Zacarías, hijo de Idó, comenzaron a profetizar a los judíos de Judea y de Jerusalén, en nombre del Dios de Israel que velaba sobre ellos.
2 Al oírlos, Zorobabel, hijo de Sealtiel, y Josué, hijo de Josadac, se decidieron a reanudar la construcción de la Casa de Dios que está en Jerusalén, acompañados por los profetas de Dios que los apoyaban.
3 En ese mismo tiempo, Tatnai, gobernador de la región de este lado del Eufrates, Setar Boznai y sus colegas fueron a verlos y les preguntaron: «¿Quién les dio la orden de edificar esta Casa y de restaurar este Santuario?».
4 Y añadieron: «¿Cómo se llaman los hombres que construyen este edificio?».
5 Pero Dios tenía puesta su mirada sobre los ancianos de los judíos, y no se los obligó a suspender los trabajos, hasta tanto se hiciera llegar un informe a Darío y se recibiera una respuesta oficial de este asunto.
6 Esta es la copia de la carta de Tatnai, gobernador de la región de este lado del Eufrates, Setar Boznai, y sus colegas, los legados de la región de este lado del Eufrates, enviaron al rey Darío.
7 Ellos le enviaron un informe en estos términos: «Al rey Darío, pez.
8 Sepa el rey que hemos ido a la provincia de Judá, a la Casa del gran Dios. Se la está reconstruyendo con bloques de piedra, y sus muros son revestidos de madera. El trabajo se hace con mucho empeño y adelanta rápidamente.
9 Hemos interrogado a los ancianos, diciéndoles: «¿Quién les dio la orden de edificar esta Casa y de restaurar este Santuario?».
10 Además, les hemos preguntado cómo se llamaban, para hacértelo saber, y hemos consignado por escrito los hombres de los que están al frente.
11 Ellos nos respondieron: «Nosotros somos los servidores del Dios del cielo y de la tierra, y estamos reconstruyendo la Casa que fue construida hace ya muchos años. Un gran rey de Israel comenzó a construirla y la concluyó.
12 Pero nuestros padres irritaron al Dios del cielo, y él los entregó en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, el caldeo, que destruyó esta Casa y deportó al pueblo a Babilonia.
13 Sin embargo, Ciro, rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, autorizó la reconstrucción de esta Casa de Dios.
14 Además, el rey Ciro hizo retirar del templo de Babilonia los utensilios de oro y plata de la Casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del Templo de Jerusalén y llevado al de Babilonia. Luego esos utensilios fueron devueltos a un tal Sesbasar, al que el rey Ciro nombró comisionado.
15 El les dijo: Toma estos utensilios, ve a depositarlos en el Templo de Jerusalén, y que la Casa de Dios sea reconstruida en el mismo sitio.
16 Entonces vino Sesbasar y puso los cimientos de la Casa de Dios que está en Jerusalén; desde ese momento hasta ahora se ha continuado la construcción, pero todavía no se ha terminado».
17 Ahora, si al rey le parece conveniente, que se investigue en los archivos reales de Babilonia si es verdad que el rey Ciro dio la orden de reconstruir esta Casa de Dios en Jerusalén. Luego, que el rey nos envíe su decisión acerca de este asunto.


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El Antiguo Testamento
 ESDRAS C. 6
 

Capítulo 6
1 Entonces, por orden del rey Darío, se hicieron investigaciones en los archivos de la tesorería de Babilonia,
2 y se encontró en Ecbátana, la fortaleza situada en la provincia de los medos, un rollo redactado en estos términos: «Memorándum:
3 El primer año de su reinado, el rey Ciro dio esta orden acerca de la Casa de Dios en Jerusalén. La Casa será reconstruida como lugar en el que se ofrecen sacrificios, y serán puestos sus cimientos. Tendrá treinta metros de alto por treinta de ancho,
4 y habrá tres hileras de bloques de piedra y una de madera. Los gastos correrán por cuenta de la casa real.
5 Además, serán restituidos los utensilios de oro y de plata de la Casa de Dios, que Nabucodonosor sacó del Templo de Jerusalén y llevó a Babilonia, para que todo vuelva a ocupar su lugar en el Templo de Jerusalén y sea depositado nuevamente en la Casa de Dios».
6 «Por lo tanto, ustedes, Tatnai, gobernador de la región del otro lado del Eufrates, Setar Boznai y todos sus colegas, los legados de la región del otro lado del Eufrates, no intervengan en este asunto.
7 Dejen trabajar en esa Casa de Dios al comisionado de Judea y a los ancianos de los judíos. Que se reconstruya esa Casa de Dios en el mismo sitio.
8 Estas son mis órdenes acerca de la conducta que ustedes deben observar frente a los ancianos de los judíos, para la reconstrucción de esa Casa de Dios: los gastos que ellos hagan serán pagados totalmente y sin interrupción de los fondos reales, utilizando los impuestos percibidos en la región del otro lado del Eufrates.
9 También se les entregará sin falta, cada día, lo necesario para los holocaustos del Dios del Cielo –novillos, carneros, corderos, trigo, sal, vino y aceite– según las indicaciones de los sacerdotes de Jerusalén,
10 para que ellos ofrezcan al Dios del cielo sacrificios de aroma agradable y rueguen por la vida del rey y de sus hijos.
11 Yo ordeno asimismo: Si alguien no cumple este edicto, se arrancará una viga de su casa y se lo ajusticiará sobre ella. Luego, se reducirá su casa a un montón de escombros, a causa de este delito.
12 ¡Que el Dios que ha establecido allí su Nombre destruya a cualquier rey o pueblo que intente transgredir esta orden, destruyendo esa Casa de Dios que está en Jerusalén! Yo, Darío, he promulgado este decreto. Que sea cumplido estrictamente.
13 Entonces Tatnai, gobernador de la región del otro lado del Eufrates, Setar Boznai y sus colegas, cumplieron estrictamente las instrucciones enviadas por el rey Darío.
14 Los ancianos de los judíos llevaron adelante la obra, bajo el impulso del profeta Ageo y de Zacarías, hijo de Idó. Así terminaron la construcción, conforme a la orden del Dios de Israel y a los decretos de Ciro y Darío.
15 La Casa fue concluida el día veintitrés del mes de Adar, en el sexto año del reinado de Darío.
16 Todos los israelitas –los sacerdotes, los levitas, y el resto de los repatriados– celebraron alegremente la Dedicación de esta Casa de Dios.
17 Para su Dedicación, ofrecieron cien novillos, doscientos carneros y cuatrocientos corderos. Además, ofrecieron doce chivos, según el número de tribus de Israel, como sacrificio por el pecado de todo el pueblo.
18 Después establecieron a los sacerdotes según sus categorías y a los levitas según sus clases, para el servicio de Dios en Jerusalén, como está escrito en el libro de Moisés.
19 Los repatriados celebraron la Pascua el día catorce del primer mes.
20 Como todos los levitas se habían purificado, estaban puros e inmolaron la víctima pascual para todos los que habían vuelto del destierro, para sus hermanos los sacerdotes y para ellos mismos.
21 Comieron la víctima pascual los israelitas que habían vuelto del destierro y todos los que habían renunciado a la impureza de la gente de país y se habían unido a ellos para buscar al Señor, el Dios de Israel.
22 Durante siete días celebraron alegremente la fiesta de los Acimos, porque el Señor los había llenado de gozo haciendo cambiar la actitud del rey de Asiria hacia ellos, a fin de fortalecer sus manos en los trabajos de la Casa de Dios, el Dios de Israel.


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El Antiguo Testamento
 PROVERBIOS C. 14
 

Capítulo 14
1 La sabiduría edifica una casa, pero la necedad la destruye con sus propias manos.
2 El que camina con rectitud teme al Señor, el que va por caminos tortuosos lo desprecia.
3 De la boca del necio brota el orgullo, los labios de los sabios son su defensa.
4 Donde no hay bueyes, el establo está limpio, pero la fuerza de un toro da mucha ganancia.
5 Un testigo veraz no engaña, pero el testigo falso profiere mentiras.
6 El insolente busca sabiduría y no la encuentra, pero la ciencia es fácil para el inteligente.
7 Aléjate de la presencia de un necio: no hallarás ciencia en sus labios.
8 La sabiduría del prudente es saber discernir su camino, la insensatez de los necios es puro engaño.
9 El necio se burla de los sacrificios expiatorios, pero entre los hombres rectos se encuentra el favor de Dios.
10 El corazón conoce su propia amargura y ningún extraño se asocia a su alegría.
11 La casa de los malvados será destruida, pero la carpa de los rectos florecerá.
12 Hay caminos que parecen rectos, pero al final son caminos de muerte.
13 También entre risas, sufre el corazón, y al fin la alegría termina en pesar.
14 El descarriado se sacia con los frutos de su conducta, y el hombre de bien con sus acciones.
15 El incauto cree todo lo que le dicen, pero el prudente vigila sus pasos.
16 El sabio teme el mal y se aparta de él, el necio es temerario y se siente seguro.
17 El iracundo comete locuras, el hombre reflexivo sabe aguantar.
18 La herencia de los incautos es la necedad, la corona de los prudentes es la ciencia.
19 Los malos se doblegarán ante los buenos, y los malvados, a las puertas del justo.
20 El pobre resulta odioso aun para su vecino, pero el rico tiene muchos amigos.
21 El que desprecia a su prójimo peca, pero ¡feliz el que se apiada de los humildes!
22 ¿No viven extraviados los que traman el mal? Pero hay amor y fidelidad para los que se dedican al bien.
23 Toda fatiga trae algún provecho, pero la charlatanería sólo aporta indigencia.
24 La corona de los sabios es la prudencia, la diadema de los necios, la insensatez.
25 Un testigo veraz salva las vidas, el que profiere mentiras es un impostor.
26 El temor del Señor es un refugio seguro, que sirve de defensa para los hijos.
27 El temor del Señor es fuente de vida, que aparta de los lazos de la muerte.
28 Un pueblo numeroso es la gloria del rey, la falta de súbditos es la ruina del soberano.
29 El que tarda en enojarse muestra gran inteligencia, el iracundo pone de manifiesto su necedad.
30 Un corazón apacible es la vida del cuerpo, pero la envidia corroe los huesos.
31 El que oprime al débil ultraja a su Creador, el que se apiada del indigente, lo honra.
32 El malvado es arrasado por su propia malicia, el justo encuentra un refugio en su integridad.
33 En el corazón inteligente reposa la sabiduría, pero entre los necios no se la conoce.
34 La justicia exalta a una nación, pero el pecado es la vergüenza de los pueblos.
35 El favor del rey es para el servidor prudente y su furor, para el desvergonzado.


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