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DIA 199-SANTA BIBLIA EN UN AÑO TEXTO Y AUDIO

199 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO

El Antiguo Testamento

SEGUNDO LIBRO
DE LAS CRONICAS C. 29
Capítulo 29
1 Ezequías tenía veintinueve años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abiá y era hija de Zacarías.
2 El hizo lo que es recto a los ojos del Señor, tal como había hecho su padre David.
3 En el primer mes del primer año de su reinado, Ezequías abrió las puertas de la Casa del Señor y las restauró.
4 Después convocó a los sacerdotes y a los levitas, los reunió en el atrio oriental
5 y les dijo: «¡Escúchenme, levitas! Purifíquense ahora y purifiquen la Casa del Señor, el Dios de sus padres, eliminando todas las impurezas que hay en el Santuario.
6 Porque nuestros padres se han rebelado y han hecho lo que es malo a los ojos del Señor, nuestro Dios; lo han abandonado y han apartado su rostro de la Morada del Señor, volviéndole la espalda.
7 También cerraron las puertas del Vestíbulo del Templo, extinguieron las lámparas y no ofrecieron más incienso ni holocaustos al Dios de Israel en su Santuario.
8 Por eso el Señor se irritó contra Judá y Jerusalén, y lo convirtió en objeto de horror, de estupor y de burla, como ustedes pueden ver con sus propios ojos.
9 ¡Por eso nuestros padres cayeron bajo la espada, y fueron llevados al cautiverio nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres!
10 Ahora yo quiero hacer una alianza con el Señor, el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira.
11 No sean negligentes, hijos míos, ya que el Señor los eligió a ustedes para que estén en su presencia, lo sirvan, le rindan culto y le ofrezcan incienso».
12 Entonces se presentaron los levitas: De los descendientes de Quehat: Majat, hijo de Amasai, y Joel, hijo de Azarías; de los descendientes de Merarí: Quis, hijo de Abdí, y Azarías, hijo de Iehalelel; de los descendientes de Gersón: Ioaj, hijo de Zimá, y Eden, hijo de Ioaj;
13 de los descendientes de Elisafán; Simrí y Ieiel; de los descendientes de Asaf: Zacarías y Matanías;
14 de los descendientes de Hernán: Iejiel y Simei; de los descendientes de Iedutún: Semaías y Uziel.
15 Estos reunieron a sus hermanos, se purificaron y luego fueron a purificar el Templo del Señor, conforme a la orden del rey y según la palabra del Señor.
16 Después, los sacerdotes penetraron en el interior de la Casa del Señor para purificarla, y sacaron al atrio todos los objetos impuros que encontraron en el Templo del Señor: allí los recogían los levitas y los arrojaban al torrente del Cedrón.
17 El primer día del primer mes comenzaron la purificación, y al octavo día llegaron al vestíbulo del Santuario. Emplearon otros ocho días en purificar la Casa del Señor, de manera que la purificación quedó concluida el día dieciséis del primer mes.
18 Entonces entraron a las habitaciones del rey Ezequías y le dijeron: «Hemos purificado toda la Casa del Señor, el altar de los holocaustos con todos sus utensilios, y la mesa de los panes de la ofrenda con todos sus utensilios.
19 Hemos restaurado y purificado todos los objetos que el rey Ajaz había profanado con sus rebeldías durante su reinado: ahora están delante del altar del Señor».
20 El rey Ezequías se levantó de madrugada, reunió a los jefes de la ciudad y subió a la Casa del Señor.
21 Trajeron siete terneros, siete carneros, siete corderos y siete chivos para ofrecerlos en sacrificio expiatorio por el reino, por el Santuario y por Judá, y el rey ordenó a los sacerdotes, hijos de Aarón, que los ofrecieran en holocausto sobre el altar del Señor.
22 Primero inmolaron los terneros, y los sacerdotes recogieron la sangre y con ella hicieron una aspersión sobre el altar. Luego inmolaron los carneros y con su sangre hicieron una aspersión sobre el altar. Después inmolaron los corderos y con sus sangre hicieron una aspersión sobre el altar.
23 Por último, acercaron los chivos para el sacrificio expiatorio y los colocaron delante del rey y de la asamblea para que les impusieran las manos.
24 Los sacerdotes los inmolaron, y con la sangre derramada sobre el altar ofrecieron un sacrificio expiatorio por todo Israel, porque el rey había ordenado que el holocausto y el sacrificio expiatorio se ofreciera por todo Israel.
25 El rey instaló a los levitas en el Templo del Señor, con címbalos, arpas y cítaras, como lo habían ordenado David, Gad, el vidente del rey, y el profeta Natán: este era, en efecto, un mandamiento de Dios, que había sido dado por medio de sus profetas.
26 Cuando los levitas estuvieron preparados con los instrumentos de David y los sacerdotes con las trompetas,
27 Ezequías ordenó que se ofreciera el holocausto sobre el altar. En el momento de comenzar el holocausto, comenzaron también los cantos del Señor y sonaron las trompetas acompañadas por los instrumentos de David, rey de Israel.
28 Toda la asamblea permaneció postrada, mientras se cantaban los himnos y resonaban las trompetas, hasta que terminó el holocausto.
29 Cuando se terminó de ofrecer el holocausto, el rey y todos los que lo acompañaban, doblaron sus rodillas y se postraron.
30 Después, el rey Ezequías y los jefes ordenaron a los levitas que alabaran al Señor con las palabras de David y de Asaf, el vidente. Ellos cantaron jubilosamente las alabanzas e, inclinándose, se postraron.
31 Ezequías tomó la palabra y dijo: «Ahora que ustedes han sido consagrados al Señor, acérquense y presenten en la Casa del Señor sacrificios y ofrendas de acción de gracias». Entonces la asamblea ofreció sacrificios y ofrendas de acción de gracias, y los que eran generosos presentaron también holocaustos.
32 El número de holocaustos que ofreció la asamblea fue de sesenta terneros, cien carneros y doscientos corderos. Todo esto se ofreció como holocausto al Señor.
33 Se consagraron también seiscientos terneros y tres mil cabras y ovejas.
34 Pero como los sacerdotes eran pocos y no daban abasto para degollar todas las víctimas de los holocaustos, sus hermanos levitas les ayudaron hasta que el trabajo quedó concluido y los sacerdotes se purificaron, porque los levitas se habían mostrado más dispuestos a purificarse que los sacerdotes.
35 Hubo una gran cantidad de holocaustos, además de la grasa de los sacrificios de comunión y de las libaciones para los holocaustos. Así quedó restablecido el culto en la Casa del Señor.
36 Ezequías y todo el pueblo se alegraron de que Dios hubiera predispuesto al pueblo, ya que todo pudo hacerse tan rápidamente.


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El Antiguo Testamento
SEGUNDO LIBRO
DE LAS CRONICAS C. 30



Capítulo 30
1 Entonces Ezequías dio órdenes a todo Israel y Judá, y también escribió cartas a Efraím y a Manasés para que acudieran a la casa del Señor, en Jerusalén, a celebrar la Pascua en honor del Señor, el Dios de Israel.
2 El rey, sus jefes y toda la asamblea de Jerusalén se pusieron de acuerdo para celebrar esta Pascua en el segundo mes,
3 ya que no habían podido celebrarla a su debido tiempo, porque los sacerdotes no se habían purificado en número suficiente y el pueblo no se había reunido en Jerusalén.
4 Esto pareció bien al rey y a toda la asamblea,
5 y decidieron anunciarlo a todo Israel, desde Berseba hasta Dan, para que fueran a celebrar la Pascua en honor del Señor, el Dios de Israel, en Jerusalén, porque la mayoría no la había celebrado como estaba prescrito.
6 Los enviados recorrieron todo Israel y Judá con las cartas del rey de sus jefes. En ellas se decía lo siguiente, conforme a la orden del rey: «Israelitas: vuelvan al Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, y él se volverá al resto que ha quedado de ustedes, y a los que han escapado de las manos de los reyes de Asiria.
7 No sean como sus padres y sus hermanos, que se rebelaron contra el Señor, el Dios de sus padres, y por eso él los entregó a la devastación, como ustedes lo están viendo.
8 No se obstinen como sus padres, extiendan sus manos hacia el Señor y entren en el Santuario que él ha santificado para siempre. Sirvan al Señor, su Dios, y el ardor de su ira se apartará de ustedes.
9 Si ustedes se convierten al Señor, sus hermanos y sus hijos serán tratados con misericordia y por aquellos que los han deportado, y podrán volver a esta tierra, porque el Señor, su Dios, es bondadoso y compasivo: él no apartará su rostro de ustedes si ustedes vuelven a él».
10 Los enviados fueron de ciudad en ciudad, por el territorio de Efraím y Manasés hasta Zabulón, pero todos se reían y se burlaban de ellos.
11 Solamente algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se sometieron y fueron a Jerusalén.
12 Pero fue sobre todo en Judá donde la mano del Señor movió los corazones para que se cumpliera unánimemente la orden del rey de los jefes, conforme a la palabra del Señor.
13 Una gran multitud se reunió en Jerusalén para celebrar la fiesta de los Acimos en el segundo mes: fue una asamblea muy numerosa.
14 Primero retiraron los altares que había en Jerusalén y todos los altares para el incienso, y los arrojaron al torrente Cedrón.
15 Luego inmolaron la Pascua el día catorce del segundo mes. Llenos de compunción, los sacerdotes y los levitas se purificaron y ofrecieron holocaustos en el Templo del Señor.
16 Ocuparon sus puestos, conforme al ritual según la ley de Moisés, el hombre de Dios, y los sacerdotes hacían aspersiones con la sangre que recibían de manos de los levitas.
17 Como en la asamblea había muchos que no se habían purificado, los levitas se encargaron de inmolar las víctimas pascuales de todos los que no estaban debidamente purificados para consagrarlos al Señor.
18 En efecto, una gran parte del pueblo, sobre todo de Efraím, de Manasés, de Isacar y de Zabulón, no se habían purificado y, sin embargo, comieron la Pascua sin ajustarse a los prescrito. Pero Ezequías rogó por ellos, diciendo: «¡Que el Señor por su bondad perdone
19 a todos los que están dispuestos a buscar de corazón a Dios, el Señor, el Dios de sus padres, aunque no tengan la pureza requerida para las cosas santas!».
20 El Señor escuchó a Ezequías y perdonó al pueblo.
21 Los israelitas que se encontraban en Jerusalén celebraron con alegría la fiesta de los Acimos durante siete días, mientras los levitas y los sacerdotes alababan diariamente al Señor con todas sus fuerzas.
22 Ezequías habló cordialmente a todos los levitas que se habían aplicado con tanto acierto al servicio del Señor. Y así continuaron la solemnidad durante siete días, ofreciendo los sacrificios de comunión y alabando al Señor, el Dios de sus padres.
23 Luego toda la asamblea resolvió prolongar la fiesta siete días más, y así pasaron otros siete días de gran alegría.
24 Porque Ezequías, rey de Judá, había reservado para la asamblea mil terneros y siete mil cabras y ovejas, mientras que los jefes habían aportado mil novillos y diez mil ovejas, y ya se habían purificado muchos sacerdotes.
25 Reinaba una gran alegría en toda la asamblea de Judá, lo mismo que entre los sacerdotes y levitas, entre los que habían llegado de Israel, los forasteros que llegaban del territorio de Israel y los habitantes de Judá.
26 Hubo una alegría muy grande en Jerusalén, porque desde los tiempos de Salomón, hijo de David, rey de Israel, no había sucedido nada semejante en Jerusalén.
27 Después, los sacerdotes levíticos se pusieron a bendecir al pueblo: su voz fue escuchada y su oración llegó hasta la santa morada de Dios en el cielo.


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El Antiguo Testamento
PROVERBIOS C. 5


Capítulo 5
1 Hijo mío, atiende a mi sabiduría, inclina tu oído a mi inteligencia,
2 para que guardes la debida discreción y tus labios conserven la ciencia.
3 Porque los labios de la mujer ajena destilan miel y su paladar en más suave que el aceite,
4 pero al final, ella es amarga como el ajenjo, cortante como una espada de doble filo.
5 Sus pies descienden a la Muerte, sus pasos se precipitan en el Abismo;
6 ella no tiene en cuenta el sendero de la vida, va errante sin saber adonde.
7 Por eso, hijos, escúchenme y no se aparten de las palabras de mi boca.
8 Aleja de ella tu camino y no te acerques a la entrada de su casa,
9 no sea que entregues a otros tu honor y tus años, a un hombre cruel;
10 que gente extraña se sacie con tu fuerza y tus trabajos vayan a parar a casa ajena,
11 y que al fin tengas que gemir, cuando estén consumidos tu cuerpo y tu carne.
12 Entonces dirás, «¿Cómo aborrecí la instrucción y mi corazón despreció las advertencias?
13 Yo no escuché la voz de mis maestros ni atendí a los que me enseñaban.
14 Faltó poco para que estuviera en el colmo de la desgracia, en medio de la asamblea y de la comunidad».
15 Bebe el agua de tu cisterna y la que fluye de tu propio pozo.
16 Que tus fuentes no se dispersen hacia afuera ni tus corrientes de agua, por las calles.
17 Que ellas sean para ti solo y que no haya extraños junto a ti.
18 ¡Bendita sea tu fuente, y encuentra tu alegría en la mujer de tu juventud,
19 cierva amable, graciosa gacela! Que en todo tiempo te embriaguen sus amores y estés siempre prendado de su afecto.
20 Hijo mío, ¿por qué te dejarás prendar por la mujer ajena y abrazarás los pechos de una extraña?
21 Los caminos del hombre están bajo la mirada del Señor y él tiene en cuenta todos sus senderos.
22 El malvado será presa de sus propias faltas y quedará atrapado en los lazos de su pecado.
23 Morirá por falta de instrucción y se extraviará por su gran necedad.


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El Antiguo Testamento
PROVERBIOS C. 6




Capítulo 6
1 Hijo mío, si te has hecho garante de tu prójimo y has estrechado tu mano en favor de otro,
2 si te has enredado con tus palabras y te has dejado atrapar por tu propia boca,
3 entonces, hijo mío, obra sí para librarte, ya que has caído en las manos de tu prójimo: ve a echarte a sus pies e importúnalo,
4 no concedas descanso a tus ojos ni reposo a tus párpados;
5 líbrate como una gacela de la red y como un pájaro de la mano del cazador.
6 Fíjate en la hormiga, perezoso, observa sus costumbres y aprende a ser sabio:
7 ella, que no tiene jefe ni capataz ni dueño.
8 se provee de alimento en verano y junta su comida durante la cosecha.
9 ¿Hasta cuándo estarás recostado, perezoso, cuándo te levantarás de tu sueño?
10 «Dormir un poco, dormitar otro poco, descansar otro poco de brazos cruzados»:
11 así te llegará la pobreza como un salteador y la miseria como un hombre armado.
12 Es un infame, un malvado, el que tiene la boca llena de perversidad;
13 guiña el ojo, toca con los pies, hace una seña con los dedos:
14 en su corazón depravado maquina el mal, siempre está sembrando discordias.
15 Por eso, llegará su ruina de repente, será destrozado de improviso y sin remedio.
16 Hay seis cosas que detesta el Señor, y siete que son para él una abominación;
17 los ojos altaneros, la lengua mentirosa y las manos que derraman sangre inocente;
18 el corazón que trama proyectos malignos, los pies rápidos para correr hacia el mal,
19 el falso testigo que profiere mentiras, y el que siembra discordias entre hermanos.
20 Observa, hijo mío, el precepto de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre.
21 Atalos a tu corazón constantemente, anúdalos a tu cuello.
22 Que ellos te guíen mientras caminas, que velen sobre ti cuando estás acostado, y conversen contigo cuando despiertas.
23 Porque el precepto es una lámpara, la enseñanza, una luz, y las reglas de la instrucción, un camino de vida,
24 a fin de preservarte de una mala mujer y de la lengua seductora de una extraña.
25 No codicies su hermosura en tu corazón ni te dejes cautivar por sus miradas.
26 Porque el precio de una prostituta es un mendrugo de pan, pero una mujer casada anda a la pesca de una vida lujosa.
27 ¿Puede un hombre ponerse fuego en el pecho sin que se inflame su ropa?
28 ¿Se puede caminar sobre brasas sin quemarse los pies?
29 Eso le pasa al que se acuesta con la mujer de su prójimo: el que la toque no quedará impune.
30 ¿Acaso no se desprecia al ladrón, aunque robe para sacar su apetito cuando tiene hambre?
31 Una vez descubierto, paga siete veces y tiene que entregar todos los bienes de su casa.
32 El que comete adulterio es un insensato, se arruina a sí mismo el que obra así:
33 lo que conseguirá son golpes e ignominia, y su oprobio nunca se borrará.
34 Porque los celos enfurecen al varón, y no tendrá compasión en el día de la venganza;
35 no aceptará ninguna compensación, ni querrá saber nada aunque quieras darle más.


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