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DIA 140-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO





140 - DÍAS LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO



Antiguo Testamento
LIBRO DE SAMUEL C.11

Capítulo 11
David y Betsabé
1 Al comienzo del año, en la época en que los reyes salen de campaña, David envió a Joab con sus servidores y todo Israel, y ellos arrasaron a los amonitas y sitiaron Rabá. Mientras tanto, David permanecía en Jerusalén.
2 Una tarde, después que se levantó de la siesta, David se puso a caminar por la azotea del palacio real, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era muy hermosa.
3 David mandó a averiguar quién era esa mujer, y le dijeron: «¡Pero si es Betsabé, hija de Eliam, la mujer de Urías, el hitita!».
4 Entonces David mandó unos mensajeros para que se la trajeran. La mujer vino, y David se acostó con ella, que acababa de purificarse de su menstruación. Después ella volvió a su casa.
5 La mujer quedó embarazada y envió a David este mensaje: «Estoy embarazada».
6 Entonces David mandó decir a Joab: «Envíame a Urías, el hitita». Joab se lo envió,
7 y cuando Urías se presentó ante el rey, David le preguntó cómo estaban Joab y la tropa y cómo iba la guerra.
8 Luego David dijo a Urías: «Baja a tu casa y lávate los pies». Urías salió de la casa del rey y le mandaron detrás un obsequio de la mesa real.
9 Pero Urías se acostó a la puerta de la casa del rey junto a todos los servidores de su señor, y no bajó a su casa.
10 Cuando informaron a David que Urías no había bajado a su casa, el rey le dijo: «Tú acabas de llegar de viaje. ¿Por qué no has bajado a tu casa?».
11 Urías respondió a David: «El Arca, Israel y Judá viven en tiendas de campaña; mi señor Joab y los servidores de mi señor acampan a la intemperie, ¿y yo iré a mi casa a comer, a beber y a acostarme con mi mujer» ¡Por la vida del Señor y por tu propia vida, nunca haré una cosa sí!».
12 David dijo entonces a Urías: «Quédate aquí todavía hoy, y mañana te dejaré partir». Urías se quedó en Jerusalén aquel día y el día siguiente.
13 David lo invitó a comer y a beber en su presencia y lo embriagó. A la noche, Urías salió y se acostó junto a los servidores de su señor, pero no bajó a su casa.
14 A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por intermedio de Urías.
15 En esa carta, había escrito lo siguiente: «Pongan a Urías en primera línea, donde el combate sea más encarnizado, y después déjenlo solo, para que sea herido y muera».
16 Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías en el sitio donde sabía que estaban los soldados más aguerridos.
17 Los hombres de la ciudad hicieron una salida y atacaron a Joab. Así cayeron unos cuantos servidores de David, y también murió Urías, el hitita.
18 Joab envió a David el parte de batalla,
19 y dio esta orden al mensajero: «Cuando termines de comunicar al rey el parte de batalla,
20 si él se enfurece y te dice: «¿Por qué se acercaron tanto a la ciudad para librar combate? ¿No sabían que arrojan proyectiles desde lo alto de la muralla?
21 ¿Quién hirió mortalmente a Abimélec, hijo de Ierubaal? ¿No fue una mujer la que le arrojó una piedra de molino desde lo alto del muro, y así murió en Tébes? ¿Por qué se acercaron tanto a la muralla?», entonces tú le dirás: «También ha muerto tu servidor Urías, el hitita».
22 El mensajero partió y fue a comunicar a David todo lo que Joab le había mandado decir.
23 El mensajero dijo a David: «Esa gente logró sacarnos ventaja. Hicieron una salida contra nosotros en campo raso, pero lo hicimos retroceder hasta la entrada de la ciudad.
24 Entonces los arqueros dispararon contra tus servidores desde lo alto del muro, y murieron unos cuantos servidores del rey. También murió tu servidor Urías, el hitita».
25 David respondió al mensajero: «Esto es lo que dirás a Joab: «No se preocupes por lo que ha sucedido. La espada devora hoy a este y mañana a aquel. Intensifica el ataque contra la ciudad, y destrúyela». Así le devolverás el ánimo».
26 Cuando la mujer de Urías se enteró de que su marido había muerto, estuvo de duelo por él.
27 Cuando dejó de estar de luto, David mandó a buscarla y la recibió en su casa. Ella se convirtió en su esposa y le dio un hijo. Pero lo que había hecho David desagradó al Señor.


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El Antiguo Testamento
SEGUNDO
LIBRO DE SAMUEL C. 12
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Capítulo 12
Reproche de Natán y arrepentimiento de David
1 Entonces el Señor le envió al profeta Natán. El se presentó a David y le dijo: «Había dos hombres en una misma ciudad, uno rico y el otro pobre.
2 El rico tenía una enorme cantidad de ovejas y de bueyes.
3 El pobre no tenía nada, fuera de una sola oveja pequeña que había comprado. La iba criando, y ella crecía junto a él y a sus hijos: comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su regazo. ¡Era para él como una hija!
4 Pero llegó un viajero a la casa del hombre rico, y este no quiso sacrificar un animal de su propio ganado para agasajar al huésped que había recibido. Tomó en cambio la oveja del hombre pobre, y se la preparó al que le había llegado de visita».
5 David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: «¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte!
6 Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión».
7 Entonces Natán dijo a David: «¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl;
8 te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más.
9 ¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas.
10 Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita.
11 Así habla el Señor: «Yo haré surgir de tu misma casa la desgracia contra ti. Arrebataré a tus mujeres ante tus propios ojos y se las daré a otro, que se acostará con ellas en pleno día.
12 Porque tú has obrado ocultamente, pero yo lo haré delante de todo Israel y a la luz del sol».
13 David dijo a Natán: «¡He pecado contra el Señor!». Natán le respondió: «El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás.
14 No obstante, porque con esto has ultrajado gravemente al Señor, el niño que te ha nacido morirá sin remedio».
15 Y Natán se fue a su casa.

Muerte del hijo de Betsabé y nacimiento de Salomón
El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y él cayó gravemente enfermo.
16 David recurrió a Dios en favor del niño: ayunó rigurosamente, y cuando se retiraba por la noche, se acostaba en el suelo.
17 Los ancianos de su casa le insistieron para que se levantara del suelo, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos.
18 Al séptimo día, el niño murió. Los servidores de David no se atrevían a darle la noticia, porque se decían: «Si cuando el niño estaba vivo le hablábamos y no nos escuchaba, ¿cómo le vamos a decir que el niño está                                muerto? ¡Es capaz de hacer un disparate!».
19 Pero David advirtió que sus servidores hablaban sigilosamente entre ellos, y comprendió que el niño había muerto. Entonces les preguntó: «¿Ha muerto el niño?». Y ellos le dijeron: «Sí, está muerto».
20 David se levantó del suelo, se bañó, se perfumó y se cambió de ropa. Luego entró en la Casa del Señor y se postró. Una vez que volvió a su casa, pidió que le sirvieran de comer y comió.
21 Sus servidores le dijeron: «¿Qué modo de proceder es este? Cuando el                                niño estaba vivo, ayunabas y llorabas. ¡Y ahora que él ha muerto, te levantas y te poner a comer!».
22 El respondió: «Mientras el niño vivía, yo ayunaba y lloraba, pensando: ¿Quién sabe? A lo mejor el Señor se apiada de mí y el niño se cura».
23 Pero ahora que está muerto, ¿Para qué voy a ayunar? ¿Acaso podré hacerlo volver? Yo iré hacia él, pero él no volverá hacia mí».
24 David consoló a Betsabé, su mujer, y se unió a ella. Ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Salomón. El Señor lo amó,
25 y por medio del profeta Natán, mandó ponerle el sobrenombre de Iedidiá –que significa «Amado del Señor»– conforme a la palabra del Señor.

Conquista de Rabá y sometimiento de los amonitas
26 Joab atacó a Rabá de los amonitas y tomó la ciudad real.
27 Luego envió mensajeros a David para decirle: «Acometí contra Rabá y conquisté también la ciudad de las Aguas.
28 Ahora reúne el resto del ejército y acampa contra la ciudad para tomarla, no sea que la tome yo y se llame con mi nombre».
29 David reunió todo el ejército, fue a Rabá, la atacó y la tomó.
30 Después David tomó la corona de la cabeza del dios Milcón y comprobó que pesaba un talento de oro. La corona tenía una piedra preciosa que fue colocada sobre la frente de David. El se llevó también de la ciudad un enorme botín.
31 En cuanto a la población, la hizo salir de la ciudad, la obligó a trabajar con sierras, con picos de hierro y hachas, y la empleó en los hornos de ladrillos. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los amonitas. Luego David y todo el ejército se volvieron a Jerusalén.


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El Antiguo Testamento
ECLESIÁSTICO C. 27
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Capítulo 27
1 Muchos han pecado por amor a las ganancias y el que busca enriquecerse hace como quien no ve.
2 Entre la juntura de las piedras se clava la estaca, y entre la compra y la venta se desliza el pecado.
3 El que no se aferra resueltamente al temor del Señor verá muy pronto su casa en ruinas.
4 Cuando se zarandea la criba, quedan los residuos: así los desechos de un hombre aparecen en sus palabras.
5 El horno pone a prueba los vasos del alfarero, y la prueba del hombre está en sus conversación.
6 El árbol bien cultivado se manifiesta en sus frutos; así la palabra expresa la índole de cada uno.
7 No elogies a nadie antes de oírlo razonar, porque allí es donde se prueban los hombres.
8 Si buscas la justicia, la alcanzarás, y te revestirás de ella como de una túnica gloriosa.
9 Los pájaros buscan la compañía de sus semejantes y la verdad retorna a aquellos que la practican.
10 El león está al acecho de su presa y el pecado, de los que practican la injusticia.
11 La conversación del hombre bueno es siempre sabia, pero el insensato es variable como la luna.
12 Mide tu tiempo cuando estés entre los necios, pero quédate largo rato entre la gente de criterio.
13 La conversación de los necios es odiosa y sólo les causa gracia el vicio desenfrenado.
14 Los que juran constantemente hacen erizar los cabellos y cuando discuten, hay que taparse los oídos.
15 Las disputas de los orgullosos hacen correr la sangre y es lamentable escuchar sus invectivas.
16 El que revela los secretos hace que le pierdan la confianza y no encontrará jamás un amigo íntimo.
17 Sé afectuoso y confiado con tu amigo, pero si has revelado sus secretos, no corras tras él,
18 porque como el asesino destruye a su víctima, así has destruido la amistad de tu prójimo:
19 como un pájaro que has dejado escapar de tu mano, así has perdido a tu amigo, y ya no lo recobrarás.
20 No corras detrás de él, porque está muy lejos, huyó como una gacela de la red.
21 Porque una herida puede ser vendada, y para la injuria puede haber reconciliación, pero el que revela los secretos nada puede esperar.
22 Algo malo trama el que guiña un ojo, y nadie logrará disuadirlo.
23 Delante de tus ojos, su boca es toda dulzura y se extasía con tus palabras, pero por detrás cambia de lenguaje y tiende una trampa con tus mismas palabras.
24 Yo detesto muchas cosas, pero más que nada a él, y el Señor también lo detesta. En el pecado, el castigo
25 El que tira una piedra hacia arriba, la tira sobre su cabeza, y un golpe traicionero hiere también al que lo da.
26 El que cava una fosa caerá en ella y el que tiende una red quedará enredado.
27 El mal que se comete recae sobre uno mismo, sin que se sepa siquiera de dónde proviene.
28 Sarcasmos e insultos son propios de los soberbios, pero el castigo los acecha como un león.
29 Caerán en la red los que se alegran de la caída de los buenos y el dolor los consumirá antes de su muerte.
30 También el rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio de pecador.


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El Antiguo Testamento
 ECLESIÁSTICO C. 28
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Capítulo 28
1 El hombre vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de todos sus pecados.
2 Perdona el agravio a tu prójimo y entonces, cuando ores, serán absueltos tus pecados.
3 Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo pretende que el Señor lo sane?
4 No tiene piedad de un hombre semejante a él ¡y se atreve a implorar por sus pecados!
5 El, un simple mortal, guarda rencor: ¿quién le perdonará sus pecados?
6 Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los mandamientos;
7 acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; piensa en la Alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.
8 Evita los altercados y pecarás mucho menos, porque el hombre iracundo enciende las disputas.
9 El pecador siembra la confusión entre los amigos y crea división entre los que vivían en paz.
10 El fuego arde según el combustible, y la disputa se enciende en la medida del empecinamiento; según sea su fuerza, será la furia de un hombre, y según su riqueza, dará libre curso a su ira.
11 Una discordia repentina enciende un fuego, y una disputa precipitada hace correr la sangre.
12 Si soplas una chispa, se inflama; si le escupes encima, se extingue, y ambas cosas salen de tu boca.
13 Maldice al murmurador y al de lengua doble: ellos han arruinado a mucha gente que vivía en paz.
14 La lengua triple ha hecho tambalear a muchos y los dispersó de nación en nación; ella arrasó ciudades fortificadas y echó por tierra casas de potentados;
15 hizo repudiar a mujeres valerosas y las privó del fruto de sus trabajos.
16 El que le presta atención, no encuentra más descanso y ya no puede vivir en paz.
17 Un golpe de látigo deja una marca, pero un golpe de lengua quiebra los huesos.
18 Muchos han caído al filo de la espada, pero son menos que los caídos a causa de la lengua.
19 ¡Feliz el que está al resguardo de ella y no ha quedado expuesto a su furor, el que no ha tirado de su yugo ni ha sido atado a tus cadenas!
20 Porque su yugo es un yugo de hierro y sus cadenas son cadenas de bronce.
21 ¡Muerte funesta es la que inflige y es preferible el Abismo a una lengua así!
22 Pero ella no tiene poder sobre los hombres buenos y ellos no se quemarán en sus llamas.
23 Los que abandonan al Señor serán sus víctimas: ella los abrasará sin extinguirse, se lanzará sobre ellos como un león y los destrozará como una pantera.
24 Por eso, rodea tu posesión con un cerco de espinas, guarda bien tu plata y tu oro;
25 fabrícate una balanza y una pesa para tus palabras, y una puerta y un cerrojo para tu boca.
26 Presta atención, se sea que resbales a causa de la lengua y caigas ante los que acechan.


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