GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO
Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA





SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger


Más en mi youtube

MANUALIDADES-SANTOS-etc
ADOPCION ESPIRITUAL

CAMPAÑA DE ORACION POR LA PAZ
La cruz de Cristo sufriente de cada víctima inocente. Cubierta con rosas de oración por el perdón , por la reconciliación y la conversión

VELA DEL CANCER
Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa

DIA 138-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO



138 - DÍAS LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO



El Antiguo Testamento
SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL C. 7



Capítulo 7

La profecía de Natán
1 Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor,
2 el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña».
3 Natán respondió al rey: «Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo».
4 Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:
5 «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que yo la habite?
6 Desde el día en que hice subir de Egipto a los israelitas hasta el día de hoy, nunca habité en una casa, sino que iba de un lado a otro, en una carpa que me servía de morada.
7 Y mientras caminaba entre los israelitas, ¿acaso le dije a uno solo de los jefes de Israel, a los que mandé apacentar a mi Pueblo: «¿Por qué no me han edificado una casa de cedro?».
8 Y ahora, esto es lo que le dirás a mi servidor David: Así habla el Señor de los ejércitos: Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel.
9 Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra.
10 Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes,
11 desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel. Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que él mismo te hará una casa.
12 Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza.
13 El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real.
14 Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Si comete una falta, lo corregiré con varas y golpes, como lo hacen los hombres.
15 Pero mi fidelidad no se retirará de él, como se la retiré a Saúl, al que aparté de tu presencia.
16 Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre».
17 Natán comunicó a David toda esta visión y todas estas palabras.

La oración de David
18 Entonces el rey David fue a sentarse delante del Señor y exclamó: «¿Quién soy yo, Señor, y qué es mi casa para que me hayas hecho llegar hasta aquí?
19 Y como esto te pareció demasiado poco, también le has hecho una promesa a la casa de tu servidor, para un futuro lejano. ¿Es esto lo que haces habitualmente con los hombres, Señor?
20 ¿Y qué más podría decirte David, si tú, Señor, conoces bien a tu servidor?
21 A causa de tu palabra y conforme a tu designio, tú has hecho esta gran obra, dándosela a conocer a tu servidor.
22 Por eso tú eres grande Señor, no hay nadie como tú, ni hay Dios fuera de ti, por todo lo que hemos escuchado con nuestros propios oídos.
23 ¿Y quién es como tu pueblo, como Israel, la única nación sobre la tierra a quien Dios fue a rescatar para hacerla su pueblo y darle un nombre? Tú has realizado en su favor cosas grandes y terribles, expulsando a las naciones y a sus dioses delante del pueblo que rescataste de Egipto.
24 Tú has establecido a tu pueblo Israel para que sea tu pueblo eternamente, y tú, Señor, eres su Dios.
25 Y ahora, Señor Dios, confirma para siempre la palabra que has pronunciado acerca de tu servidor y de su casa, y obra conforme a lo que has dicho.
26 Que tu Nombre sea engrandecido para siempre, y que se diga: «¡El Señor de los ejércitos es el Dios de Israel!». Y que la casa de David, tu servidor, esté bien afianzada delante de ti.
27 Porque tú mismo, Señor de los ejércitos, Dios de Israel te has revelado a tu servidor, diciendo: «Yo te edificaré una casa». Por eso tu servidor se ha atrevido a dirigirte esta plegaria.
28 Ahora, Señor, tú eres Dios, tus palabras son leales y has prometido estos bienes a tu servidor.
29 Dígnate, entonces, bendecir la casa de tu servidor, para que ella permanezca siempre en tu presencia. Porque tú, Señor, has hablado, y con tu bendición la casa de tu servidor será bendita para siempre».


AnteriorSiguiente
 
 
 
Copyright © Libreria Editrice Vaticana
*****
El Antiguo Testamento
SEGUNDO
LIBRO DE SAMUEL C. 8

AnteriorSiguiente
 
 

Pulse aquí para activar los vínculos a las concordancias


Capítulo 8
Las guerras de David
1 Después de esto, David derrotó a los filisteos y los sometió, despojándolos de su hegemonía.
2 También derrotó a los moabitas y, haciéndolos echarse en tierra, los midió con una cuerda: a lo largo de dos cuerdas, los hizo matar; y a lo largo de una cuerda completa, les perdonó la vida. Los moabitas pasaron a ser vasallos de David, sometidos a tributo.
3 David derrotó a Hadadézer, hijo de Rejob, rey de Sobá, cuando este iba a restablecer su dominio sobre el Río.
4 Capturó mil setecientos soldados de caballería y veinte mil hombres de a pie, y mutiló todos los caballos de los carros de guerra, reservándose sólo cien.
5 Los arameos de Damasco acudieron en auxilio de Hadadézer, rey de Sobá, pero David derrotó a veintidós mil de esos arameos.
6 Luego puso gobernadores en Aram de Damasco, y los arameos pasaron a ser vasallos de David, sometidos a tributo. El Señor daba la victoria a David en todas sus campañas.
7 David se apoderó de los escudos de oro que llevaban los oficiales de Hadadézer, y se los llevó a Jerusalén.
8 De Tébaj y de Berotai, ciudades de Hadadézer, el rey David se trajo una enorme cantidad de bronce.
9 Cuando Tou, rey de Jamat, oyó que David había derrotado a todo el ejército de Hadadézer,
10 le envió a su hijo Ioram, para saludarlo y felicitarlo por haber hecho la guerra y derrotado a Hadadézer, ya que este era su rival. Ioram llevó consigo objetos de plata, oro y bronce,
11 y el rey David consagró también esos objetos, como lo había hecho con la plata y el oro provenientes de todas las naciones que había sometido:
12 de Aram, de Moab, de los amonitas, de los filisteos y de Amalec, como asimismo del botín de Hadadézer, hijo de Rejob, rey de Sobá.
13 David adquirió gran renombre cuando volvió de derrotar a dieciocho mil arameos en el valle de la Sal.
14 Además, puso gobernadores en Edom, estableciéndolos por todo el país, y todos los edomitas pasaron a ser vasallos de David. El Señor daba la victoria a David en todas sus campañas.
La administración del reino
15 David reinó sobre todo Israel, y administraba el derecho y la justicia a todo su pueblo.
16 Joab, hijo de Seruiá, era el comandante del ejército; Josafat, hijo de Ajilud, el heraldo;
17 Sadoc y Abiatar, hijo de Ajimélec, hijo de Ajitub, eran sacerdotes; Seraías, el secretario;
18 Benaías, hijo de Iehoiadá, comandaba a los quereteos y peleteos; y los hijos de David eran sacerdotes.
Crónica de la sucesión al trono de David


AnteriorSiguiente
 
 
Copyright © Libreria Editrice Vaticana
*****
El Antiguo Testamento
 ECLESIÁSTICO C. 23

AnteriorSiguiente
 
 

Pulse aquí para activar los vínculos a las concordancias


Capítulo 23
1 ¡Señor, Padre y Dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios ni me dejes caer por culpa de ellos!
2 ¿Quién aplicará el látigo a mi pensamiento, y a mi corazón, la disciplina de la sabiduría, para que no se perdonen mis errores ni se pasen por alto mis pecados?
3 Así no se multiplicarán mis errores ni se sobreabundarán mis pecados, ni caeré ante mis adversarios, ni mi enemigo se burlará de mí.
4 Señor. Padre y Dios de mi vida, no me des unos ojos altaneros
5 y aparta de mí los malos deseos.
6 ¡Que la sensualidad y la lujuria no me dominen, no me entregues a las pasiones vergonzosas!
7 Escuchen, hijos, cómo se educa la lengua: el que observe esto no caerá en el lazo.
8 El pecador se enreda en sus propias palabras, el maldiciente y el soberbio caen a causa de ellas.
9 No acostumbres tu boca a jurar ni te habitúes a pronunciar el nombre del Santo.
10 Así como el servidor vigilado constantemente nunca se libra de algún golpe, así el que jura y pronuncia el Nombre en todo momento no quedará limpio de pecado.
11 El que jura constantemente está lleno de iniquidad y el flagelo no se apartará de su casa. Si falta a su juramento, incurre en pecado; si lo menosprecia, peca doblemente; si juró en vano, no tendrá justificación y su casa se llenará de desgracias.
12 Hay un lenguaje comparable a la muerte: ¡que no se lo encuentre en la herencia de Jacob! Los hombres buenos están alejados de todas esas cosas: ¡que ellos no se revuelquen en los pecados!
13 No acostumbres tu boca a decir groserías, porque al decirlas se peca con la palabra.
14 Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te sientes en medio de los grandes, no sea que los olvides en presencia de ellos y te comportes como un necio. Porque entonces preferirías no haber nacido y maldecirías el día de tu nacimiento.
15 Un hombre habituado a las palabras injuriosas no podrá ser corregido en toda su vida.
16 Dos clases de hombres multiplican los pecados y una tercera atrae la ira:
17 una pasión encendida como el fuego ardiente no cesará hasta que el fuego lo abrase; para el lujurioso toda comida es dulce, y no se calmará hasta que haya muerto.
18 El hombre que peca contra su propio lecho dice en su corazón: «¿Quién me ve? La oscuridad me rodea y los muros me cubren nadie me ve: ¿qué puedo temer? El Altísimo no se acordará de mis pecados».
19 Lo que él teme son los ojos de los hombres, y no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más luminosos que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran en los rincones más ocultos.
20 Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y lo son asimismo una vez acabadas.
21 Ese hombre será castigo en las plazas de la ciudad, será apresado donde menos lo esperaba.
22 Así también, la mujer que abandona a su marido y le da un heredero nacido de un extraño.
23 Porque, primero, ha desobedecido la Ley del Señor; segundo, ha faltado contra su marido; tercero, se ha prostituido con su adulterio, teniendo hijos con un hombre extraño
24 Ella será llevada a la asamblea y el castigo recaerá sobre sus hijos.
25 Sus hijos no echarán raíces y sus ramas no producirán fruto.
26 Ella dejará su recuerdo para una maldición y su infamia no se borrará.
27 Así sabrán los que vengan después que no hay nada mejor que el temor del Señor ni nada más dulce que obedecer sus mandamientos.


AnteriorSiguiente
 
 
Copyright © Libreria Editrice Vaticana
******
El Antiguo Testamento
 ECLESIÁSTICO C. 24

AnteriorSiguiente
 
 

Pulse aquí para activar los vínculos a las concordancias


Capítulo 24
1 La sabiduría hace el elogio de sí misma y se gloría en medio de su pueblo,
2 abra la boca en al asamblea del Altísimo y se gloría delante de su Poder:
3 «Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una neblina.
4 Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna de nube.
5 Yo sola recorrí el circuito del cielo y anduve por la profundidad de los abismos.
6 Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y nación, ejercí mi dominio.
7 Entre todos ellos busqué un lugar de reposo, me pregunté en qué herencia podría residir.
8 Entonces, el Creador de todas las cosas me dio una orden, el que me creó me hizo instalar mi carpa, él me dijo: «Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel».
9 El me creó antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de existir.
10 Ante él, ejercí el ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión;
11 él me hizo reposar asimismo en la Ciudad predilecta, y en Jerusalén se ejerce mi autoridad.
12 Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia.
13 Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en los montes del Hermón;
14 crecí como una palmera en Engadí y como los rosales en Jericó; como un hermoso olivo en el valle, y como los rosales en Jericó; como un hermosos olivo en el valle, y como un plátano, me elevé hacia lo alto.
15 Yo exhalé perfume como el cinamomo, como el aspálato fragante y la mirra selecta, como el gálbano, la uña aromática y el estacte, y como el humo del incienso en la Morada.
16 Extendí mis ramas como un terebinto, y ellas son ramas de gloria y de gracia.
17 Yo, como una vid, hice germinar la gracia, y mis flores son un fruto de gloria y de riqueza.
18 [Yo soy la madre del amor hermoso, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. Yo, que permanezco para siempre, soy dada a todos mis hijos, a los que han sido elegidos por Dios.]
19 ¡Vengan a mí, los que me desean, y sáciense de mis productos!
20 Porque mi recuerdo es más dulce que la miel y mi herencia, más dulce que un panal.
21 Los que me coman, tendrán hambre todavía, los que me beban, tendrán más sed.
22 El que me obedezca, no se avergonzará, y los que me sirvan, no pecarán».
23 Todo esto es el libro de la Alianza del Dios Altísimo, la Ley que nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob.
24 [No dejen de buscar su fuerza en el Señor; permanezcan unidos a él, para que él los fortalezca. El Señor todopoderoso es el único Dios y, fuera de él, no hay otro salvador.]
25 Ella hace desbordar la Sabiduría como el Pisón y como el Tigris en los días de los primero frutos;
26 inunda de inteligencia como el Eufrates y como el Jordán en los tiempos de la cosecha;
27 prodiga la instrucción como el Nilo, como el Guijón en los días de la vendimia.
28 El primero no terminó de conocerla y el último ni siquiera la vislumbra.
29 Porque su pensamiento es más vasto que el océano y su designio, más profundo que el gran Abismo.
30 En cuanto a mí, como un canal que brota de un río, como una acequia, salí a un jardín
31 y dije: «Regaré mi huerta y empaparé mis canteros». ¡De pronto, mi canal se convirtió en un río, y mi río se transformó en un mar!
32 Aún haré brillar la instrucción como la aurora e irradiaré su luz lo más lejos posible;
33 aún derramaré la enseñanza como una profecía y la dejaré para las generaciones futuras.
34 Porque yo no he trabajado sólo para mí, sino para todos los que buscan la sabiduría.


AnteriorSiguiente
 
 
Copyright © Libreria Editrice Vaticana
******
 




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
COMPARTE ESTA IMAGEN EN TU SITIO: ¡TODOS SOMOS NAZARENOS!

TRANSLATE



EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified