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DIA 135-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO


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135 - DÍAS LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO


El Antiguo Testamento
SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL C.1

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Capítulo 1
Reacción de David ante la muerte de Saúl
1 Después de la muerte de Saúl, David volvió de derrotar a los amalecitas y permaneció dos días en Siquelag.
2 Al tercer día, llegó un hombre del campamento de Saúl, con la ropa hecha jirones y la cabeza cubierta de polvo. Cuando se presentó ante David, cayó con el rostro en tierra y se postró.
3 «¿De dónde vienes?», le preguntó David. El le respondió: «Me he escapado del campamento de Israel».
4 David añadió: «¿Qué ha sucedido? Cuéntame todo». Entonces él dijo: «La tropa huyó del campo de batalla y muchos del pueblo cayeron en el combate; también murieron Saúl y su hijo Jonatán».
5 David dijo al joven que la traía la noticia: «¿Cómo sabes que murieron Saúl y su hijo Jonatán?».
6 El joven respondió: «Yo estaba por casualidad en el monte Gelboé, y de pronto vi a Saúl apoyado en su lanza, mientras los carros y los caballos lo perseguían de cerca.
7 Al darse vuelta, me vio y me llamó. «Aquí estoy», le dije.
8 El me preguntó: «¿Quién eres?». Yo le respondí: «Soy un amalecita».
9 Luego me dijo: «Acércate a mí y mátame, porque siento el estertor de la muerte, aunque todavía estoy con vida».
10 Yo me abalancé sobre él y lo maté, porque sabía que no podría sobrevivir a su derrota. En seguida le quité la diadema que tenía en la cabeza y el brazalete que llevaba en el brazo, y aquí se los traigo a mi señor».
11 Entonces David rasgó sus vestiduras, y lo mismo hicieron todos los hombres que estaban con él.
12 Se lamentaron, lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl, por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, porque habían caído al filo de la espada.
13 David preguntó al joven que le había traído la noticia: «¿De dónde eres?». El respondió: «Soy el hijo de un forastero amalecita».
14 David le dijo: «¿Y cómo te has atrevido a extender tu mano para matar al ungido del Señor?».
15 Luego llamó a uno de los jóvenes y le ordenó: «¡Acércate y mátalo!». El joven le asestó un golpe mortal,
16 mientras David decía: «Que tu sangre recaiga sobre tu cabeza, ya que tu misma boca atestiguó contra ti, cuando dijiste: «Yo he dado muerte al ungido del Señor».

Lamentación de David por la muerte de Saúl y Jonatán
17 David entonó este canto fúnebre por Saúl y su hijo Jonatán,
18 y le ordenó enseñarlo a la gente de Judá. Es el canto del Arco, y está escrito en el libro del Justo:
19 «¡Tu esplendor ha sucumbido, Israel, en las alturas de tus montañas! ¡Cómo han caído los héroes!
20 ¡No lo anuncien en Gat, no lo publiquen por las calles de Ascalón; que no se alegren las hijas de los filisteos, ni lo celebren las hijas de los incircuncisos!
21 ¡Montañas de Gelboé, que no caiga sobre ustedes rocío ni lluvia, ni se cubran de campos fructíferos! Porque allí fue mancillado el escudo de los héroes, el escudo de Saúl, ungido no con aceite, sino con sangre de heridos y grasas de guerreros.
22 ¡El arco de Jonatán no retrocedió jamás, nunca fallaba la espada de Saúl!
23 ¡Saúl y Jonatán, amigos tan queridos, inseparables en la vida y en la muerte! Eran más veloces que águilas, más fuertes que leones.
24 Hijas de Israel, lloren por Saúl, el que las vestía de púrpura y de joyas y les prendía alhajas de oro en los vestidos.
25 ¡Cómo han caído los héroes en medio del combate! ¡Han sucumbido Jonatán en lo alto de tus montañas!
26 ¡Cuánto dolor siento por ti, Jonatán, hermano mío muy querido! Tu amistad era para mí más maravillosa que el amor de las mujeres.
27 ¡Cómo han caído los héroes, cómo han perecido las armas del combate!».
David, rey de Judá


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El Antiguo Testamento
SEGUNDO
LIBRO DE SAMUEL C. 2
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Capítulo 2
David ungido rey en Hebrón
1 Después de esto, David consultó al Señor, diciendo: «¿Debo subir a una de las ciudades de Judá?». El Señor le respondió: «Sí, sube». David volvió a preguntar: «¿Adónde subiré?». «A Hebrón», le respondió el Señor.
2 Entonces David subió con sus dos mujeres, Ajinóam, de Izreel, y Abigail, la mujer de Nabal, el de Carmel.
3 Hizo subir también a los hombres que lo acompañaban, cada uno con su familia, y se establecieron en las ciudades de Hebrón.
4 Luego vinieron los hombres de Judá, y ungieron allí a David como rey sobre la casa de Judá.

El mensaje de David a Iabés de Galaad
Cuando informaron a David que los hombres de Iabés de Galaad habían sepultado a Saúl,
5 él les envió unos mensajeros para decirles: «Que el Señor los bendiga por haber realizado este acto de fidelidad hacia Saúl, su señor, dándole sepultura.
6 Quiera el Señor tratarlos ahora con fidelidad y lealtad. Yo, por mi parte, los trataré con la misma bondad, ya que han obrado así.
7 Manténganse firmes y sean valientes, ahora que ha muerto Saúl, su señor, y la casa de Judá me ha ungido a mí para que sea su rey».

El reinado de Isbaal sobre Israel
8 Pero Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Saúl, había tomado a Isbaal, hijo de Saúl, y lo había hecho cruzar a Majanaim,
9 donde lo proclamó rey de Galaad, de los asuritas, de Izreel, de Efraím, de Benjamín, en una palabra, de todo Israel.
10 Isbaal, hijo de Saúl, tenía cuarenta años cuando comenzó a reinar sobre Israel, y reinó dos años. Sólo la casa de Judá seguía a David.
11 David fue rey de Judá, en Hebrón, durante siete años y seis meses.
El enfrentamiento de Israel y Judá en Gabaón
12 Abner, hijo de Ner, y los servidores de Isbaal, hijo de Saúl, salieron de Majanaim en dirección a Gabaón.
13 También salieron Joab, hijo de Seruiá, y los servidores de David, y los encontraron junto al estanque de Gabaón. Allí tomaron posiciones, unos a un lado del estanque y otros al otro lado.
14 Abner propuso entonces a Joab: «Que salgan unos cuantos muchachos y midan sus armas delante de nosotros». «Muy bien», replicó Joab.
15 Ellos se levantaron y avanzaron uno por uno: doce de Benjamín por Isbaal, hijo de Saúl, y doce entre los servidores de David.
16 Cada uno tomó por la cabeza a su adversario y le hundió la espada en el costado, de manera que cayeron todos al mismo tiempo. Por eso a aquel lugar, que está junto a Gabaón, se lo llamó «Campo de los costados».
17 Aquel día se libró un combate muy encarnizado, y los hombres de Israel cayeron derrotados ante los servidores de David.
18 Allí se encontraban los tres hijos de Seruiá: Joab, Abisai y Asael. Asael, que corría como una gacela del campo,
19 se lanzó en persecución de Abner, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda.
20 Abner se dio vuelta y dijo: «¿Eres tú, Asael?». Sí, soy yo», respondió él.
21 Abner siguió diciendo: «Desvíate a la derecha o a la izquierda, agarra a uno de los muchachos y quédate con sus despojos». Pero él no quiso dejar de perseguirlo.
22 Abner le insistió, diciendo: «¡Deja de seguirme! ¿O tendré que dejarte tendido de un golpe? ¿Y cómo podría luego mirar de frente a tu hermano Joab?».
23 Pero Asael no quiso apartarse, y Abner lo hirió en el bajo vientre con la punta trasera de su lanza. Esta le salió por detrás, y él cayó muerto allí mismo. Todos los que llegaban al sitio donde Asael había caído muerto, se paraban.
24 Joab y Abisai persiguieron a Abner. Y al ponerse el sol, llegaron a la colina de Ammá, que está al este de Guíaj, sobre el camino del páramo de Gabaón.

El fin de la lucha
25 Los benjaminitas se concentraron detrás de Abner, formando un grupo bien compacto, y se apostaron en la cima de una colina.
26 Entonces Abner gritó a Joab: «¿Terminará alguna vez esta masacre? ¿No te das cuenta que al fin no habrá más que amargura? ¿Qué esperas para decirle a tu gente que deje de perseguir a sus hermanos?».
27 Joab respondió: «¡Por la vida de Dios, si tú no hubieras hablado, sólo por la mañana habría dejado esta gente de perseguir a sus hermanos!».
28 Luego Joab hizo sonar el cuerno, y todo el ejército se detuvo: ya no persiguieron más a Israel y desistieron del combate.
29 Abner y sus hombres caminaron toda aquella noche por la Arabá y cruzaron el Jordán. Luego recorrieron todo el Bitrón y llegaron a Majanaim.
30 Joab, por su parte, dejó de perseguir a Abner y reunió toda la tropa. Entre los servidores de David faltaban diecinueve hombres, además de Asael.
31 Los servidores de David, en cambio, habían matado a trescientos sesenta entre los benjaminitas y los hombres de Abner.
32 Joab y sus hombres se llevaron el cadáver de Asael y lo sepultaron en la tumba de su padre, que está en Belén. Después de caminar toda la noche, llegaron a Hebrón cuando despuntaba el día.


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El Antiguo Testamento
 ECLESIÁSTICO C. 17
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Capítulo 17
1 El Señor creó al hombre de la tierra y lo hace volver de nuevo a ella.
2 Le señaló un número de días y un tiempo determinado, y puso bajo su dominio las cosas de la tierra.
3 Lo revistió de una fuerza semejante a la suya y lo hizo según su propia imagen.
4 Hizo que todos los vivientes lo temieran, para que él dominara las fieras y los pájaros.
5 [Ellos recibieron el uso de las cinco operaciones del Señor; como sexto don, les concedió la inteligencia; y como séptimo, el lenguaje que interpreta las obras de Dios.]
6 Le dio una lengua, ojos y oídos, el poder de discernir y un corazón para pensar.
7 El colmó a los hombres de saber y entendimiento, y les mostró el bien y el mal.
8 Les infundió su propia luz, para manifestarles la grandeza de sus obras,
9 y les permitió gloriarse eternamente de sus maravillas:
10 así alabarán su Nombre santo, proclamando la grandeza de sus obras.
11 Les concedió además la ciencia y les dio como herencia una Ley de vida;
12 estableció con ellos una alianza eterna y les hizo conocer sus decretos.
13 Ellos vieron con sus ojos la grandeza de su gloria y oyeron con sus oídos la gloria de su voz.
14 El les dijo: «Cuídense de toda injusticia», y dio a cada uno preceptos acerca del prójimo.
15 Los caminos de los hombres están siempre ante él y no pueden ocultarse a sus ojos.
16 [Sus caminos van hacia el mal desde la juventud, y no son capaces de transformar en corazones de carne sus corazones de piedra.]
17 El asignó un jefe a cada nación, pero Israel es la parte del Señor.
18 El es su primogénito, al que nutrió con su instrucción, y cuando dispensa la luz del amor, no lo abandona.
19 Todas sus obras son para él claras como el sol y él tiene los ojos fijos en sus caminos.
20 Sus injusticias no están ocultas para el Señor y todos sus pecados están delante de él.
21 [Pero el Señor es bondadoso y conoce a su criatura; no las deja ni abandona, sino que las perdona.]
22 La limosna de un hombre es para él como un sello, y tiene en cuenta un favor como la pupila de sus ojos.
23 Después, él se levantará para retribuirles y pondrá sobre sus cabezas la recompensa merecida.
24 A los que se arrepienten, les permite volver y reconforta a los que perdieron la constancia.
25 Vuelve al Señor y deja de pecar, suplica ante su rostro y deja de ofenderlo.
26 Vuelve al Altísimo, apártate de la injusticia y odia profundamente toda abominación.
27 ¿Quién alabará al Altísimo en el Abismo, si los vivientes no le rinden homenaje?
28 el muerto, el que ya no existe, deja de alabarlo: el que está vivo y sano debe alabar al Señor.
29 ¡Qué grande es la generosidad del Señor y su perdón para los que vuelven a él!
30 Un hombre no puede tenerlo todo, porque el ser humano no es inmortal.
31 ¿Hay algo más luminoso que el sol? ¡Y sin embargo, también él se eclipsa! ¡Cuánto más la carne y la sangre, que sólo conciben el mal!
32 El Señor pasa revista al ejército de los cielos, ¡cuánto más a los hombres, que son tierra y ceniza!


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El Antiguo Testamento
 ECLESIÁSTICO C. 18
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Capítulo 18
1 El que vive para siempre creó todas las cosas por igual;
2 sólo el Señor será hallado justo y no hay otro fuera de él.
3 El gobierna el mundo con la palma de la mano y todo obedece a su voluntad, ya que él, por su poder, es el Rey de todas las cosas y separa las sagradas de las profanas.
4 A nadie le dio el poder de anunciar sus obras: ¿quién rastreará su grandeza?
5 ¿Quién podrá medir la magnitud de su fuerza y quién pretenderá narrar sus misericordias?
6 No hay nada que quitar, nada que añadir, y es imposible rastrear las maravillas del Señor.
7 Cuando el hombre llega al fin, está sólo al comienzo; cuando se detiene, no sale de su estupor.
8 ¿Qué es el hombre? ¿Para qué sirve? ¿Cuál es su bien y cuál es su mal?
9 La vida de un hombre dura cien años a lo más:
10 como una gota del mar y como un grano de arena, son sus pocos años frente a la eternidad.
11 Por eso el Señor es paciente con ellos y derrama sobre ellos su misericordia.
12 El ve y conoce qué miserable es su fin, y por eso multiplica su perdón.
13 El hombre sólo tiene misericordia de su prójimo, pero el Señor es misericordioso con todos los vivientes. El reprende, corrige y enseña, y los hace volver como el pastor a su rebaño.
14 El tiene misericordia con los que aceptan la instrucción y está siempre dispuestos a cumplir sus decretos.
15 Hijo mío, no eches en cara los beneficios que haces ni acompañes tus dones con palabras ofensivas.
16 ¿No calma el rocío el calor ardiente? Así, una buena palabra puede más que un regalo.
17 ¿Acaso no vale más una palabra que un obsequio? Pero el hombre caritativo sabe unir las dos cosas.
18 El necio reprende sin ningún miramiento y el don del avaro hace correr las lágrimas.
19 Antes de hablar, instrúyete, y cuídate antes de caer enfermo.
20 Antes de juzgar, examínate a ti mismo, y hallarás perdón cuando el Señor te visite.
21 Humíllate antes de caer enfermo y arrepiéntete apenas hayas pecado.
22 Que nada te impida cumplir tus votos en el momento debido, y no esperes hasta la muerte para estar en regla.
23 Antes de hacer un voto, prepárate a cumplirlo, y no seas como un hombre que tienta al Señor.
24 Recuerda la ira de los últimos días y el tiempo del castigo, cuando el Señor apartará su rostro.
25 En tiempo de abundancia, recuerda el tiempo de hambre, y en los días de riqueza, la pobreza y la penuria.
26 De la mañana a la tarde, el tiempo cambia, y todo pasa rápidamente delante del Señor.
27 El hombre sabio está siempre alerta, y en la ocasión de pecado, se cuida para no faltar.
28 Todo hombre prudente conoce la sabiduría y rinde homenaje al que la encuentra.
29 Los que hablan con sensatez son sabios ellos mismos y derraman como lluvia proverbios acertados
30 No te dejes guiar por tus pasiones, sino refrena tus deseos.
31 Si cedes a los impulsos de la pasión, ella hará de ti la irrisión de tus enemigos.
32 Que tu alegría no consista en darte todos los gustos ni te endeudes para pagar lo que ellos cuestan.
33 No te empobrezcas yendo de fiesta con dinero prestado, cuando no tienes nada en el bolsillo.


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