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DIA 132-SANTA BIBLIA EN UN AÑO.TEXTO Y AUDIO


132 - DÍAS LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO




El Antiguo Testamento
PRIMER LIBRO DE SAMUEL C. 26



Capítulo 26

Nueva persecución de Saúl contra David

1 Unos hombres de Zif se presentaron a Saúl, en Guibeá, para decirle: «David está escondido en la colina de Jaquilá, frente a la estepa».

2 Entonces Saúl bajó al desierto de Zif con tres mil hombres, lo más selecto de Israel, para buscar a David en el desierto.

3 Saúl acampó junto al camino, en la colina de Jaquilá, que está frente a la estepa, y David estaba en el desierto,

4 David envió unos espías y así supo que Saúl había llegado realmente.

5 Luego fue al lugar donde acampaba Saúl y observó el sitio donde estaban acostados Saúl y Abner, hijo de Ner, el jefe de su ejército: Saúl estaba acostado en el centro, y la tropa acampaba alrededor de él.

6 David preguntó a Ajimélec, el hitita, y a Abisai, hijo de Seruiá, y hermano de Joab: «¿Quién quiere bajar conmigo hasta el campamento de Saúl?». Abisai respondió: «Yo bajaré contigo».

7 David y Abisai llegaron de noche, mientras Saúl estaba acostado, durmiendo en el centro del campamento. Su lanza estaba clavada en tierra, a su cabecera, y Abner y la tropa estaban acostados alrededor de él.

Saúl perdonado otra vez por David

8 Abisai dijo a David: «Dios ha puesto a tu enemigo en tus manos. Déjame clavarlo en tierra con la lanza, de una sola vez; no tendré que repetir el golpe».

9 Pero David replicó a Abisai: «¡No, no lo mates! ¿Quién podría atentar impunemente contra el ungido del Señor?».

10 Y añadió: «¡Por la vida del Señor, ha de ser el mismo Señor el que lo hiera, sea cuando le llegue la hora de morir, o cuando baje a combatir y perezca!

11 ¡Líbreme el Señor de atentar contra su ungido! Ahora toma la lanza que está a su cabecera y el jarro de agua, y vámonos».

12 David tomó la lanza y el jarro de agua que estaban a la cabecera de Saúl, y se fueron. Nadie vio ni se dio cuenta de nada, ni se despertó nadie, porque estaban todos dormidos: un profundo sueño, enviado por el Señor, había caído sobre ellos.

El reproche de David a Saúl

13 Luego David cruzó al otro lado y se puso en la cima del monte, a lo lejos, de manera que había un gran espacie entre ellos.

14 Y empezó a gritar a la tropa y a Abner, hijo de Ner: «Abner, ¿vas a responderme?». Abner respondió: «¿Quién eres tú, que gritas al rey?».

15 David dijo a Abner: «¿No eres todo un hombre? ¿Quién hay como tú en Israel? ¿Por qué entonces no has custodiado al rey, tu señor? Porque uno del pueblo ha venido a matar al rey, tu señor.

16 ¡No te has comportado nada bien! ¡Por la vida del Señor, ustedes merecen la muerte, porque no han custodiado a su señor, el ungido del Señor! ¡Fíjate ahora dónde está la lanza del rey y el jarro de agua que él tenía a su cabecera!».

17 Saúl reconoció la voz de David y exclamó: «¿No es esa tu voz, David, hijo mío?». «Sí, dijo David, es mi propia voz, rey, mi señor».

18 Y en seguida añadió: «¿Por qué mi señor persigue así a su servidor? ¿Qué hice yo? ¿Qué hay de malo en mis manos?

19 Que mi señor, el rey, se digne escuchar ahora las palabras de su servidor: Si es el Señor el que te instiga contra mí, que le sea aceptable el aroma de una oblación. Pero si son los hombres, ¡malditos sean delante del Señor!, porque hoy me expulsan y me impiden participar de la herencia del Señor, diciéndome: «¡Ve a servir a otros dioses!».

20 Que ahora mi sangre no caiga en tierra lejos del rostro del Señor, porque el rey de Israel se ha puesto en campaña para buscar a una pulga, como quien persigue una perdiz en las montañas».

21 Saúl exclamó entonces: «¡He pecado! ¡Vuelve, David, hijo mío! Ya no te haré ningún mal, porque hoy mi vida ha sido preciosa a tus ojos. ¡Sí, he sido un necio, me he equivocado por completo!

22 David respondió, diciendo: «¡Aquí está la lanza del rey! Que cruce uno de los muchachos y la recoja.

23 El Señor le pagará a cada uno según su justicia y su lealtad. Porque hoy el Señor te entregó en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor.

24 Hoy yo he mostrado un gran aprecio por tu vida: ¡que el Señor muestre el mismo aprecio por la mía y me libre de todo peligro!».

25 Entonces Saúl le dijo: «¡Bendito seas, David, hijo mío! Sí, tú harás grandes cosas y seguro que triunfarás». Luego David siguió su camino, y Saúl regresó a su casa.

 
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El Antiguo Testamento
PRIMER LIBRO DE SAMUEL C. 27



Capítulo 27

La huida de David al país de los filisteos

1 Sin embargo, David pensó: «A pesar de todo, Saúl terminará por matarme cualquier día de estos. Es mejor que me ponga a salvo en el país de los filisteos. Así Saúl perderá las esperanzas con respecto a mí: ya no me buscará por todo el territorio de Israel, y habré escapado de sus manos».

2 Luego David, con los seiscientos hombres que lo acompañaban, cruzó la frontera y se presentó a Aquís, hijo de Maóc, rey de Gat.

3 David y sus hombres se quedaron con Aquís, en Gat, cada uno con su familia, y David, con sus dos mujeres: Ajinóam, de Izreel, y Abigail, la esposa de Nabal, el de Carmel.

4 Saúl fue informado de que David había huido, y ya no lo buscó más.

5 David dijo a Aquís: «Si quieres hacerme un favor, di que me asignen un lugar en alguna población de campaña, para instalarme allí. ¿Cómo tu servidor va a residir contigo en la ciudad real?».

6 Aquel mismo día, Aquís le asignó Siquelag. Por eso Siquelag ha pertenecido a los reyes de Israel hasta el día de hoy.

7 David permaneció en la región de los filisteos un año y cuatro meses.

Las incursiones de David

8 David subía con sus hombres, y atacaban por sorpresa a los guesuritas, los guirzitas y los amalecitas, porque esa gente ocupaba el territorio que va de Telam en dirección a Sur y hasta el país de Egipto.

9 David arrasaba el país, sin dejar a nadie con vida, ni hombre ni mujer; se llevaba ovejas, vacas, asnos, camellos y ropa, y luego volvía a presentarse ante Aquís.

10 Cuando Aquís le decía: «¿Contra quién han incursionado hoy?», David le respondía: «Contra el Négueb de Judá»; o bien: «Contra el Négueb de los ierajmelitas»; o bien: «Hacia el Négueb de los quenitas».

11 David no dejaba que ningún hombre ni mujer fuera llevado con vida a Gat, porque decía: «No vaya a ser que nos denuncien, diciendo lo que ha hecho David». Este fue su modo de proceder todo el tiempo que estuvo en la región de los filisteos.

12 Pero Aquís confiaba en él, porque pensaba: «Se ha hecho odioso a su pueblo Israel y será mi servidor para siempre».

 
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El Antiguo Testamento
ECLESIÁSTICO C. 11



Capítulo 11

1 La sabiduría del humilde le hace erguir la frente, y lo hace sentar en medio de los poderosos.

2 No alabes a un hombre por su buena presencia ni desprecies a nadie por su aspecto.

3 La abeja es pequeña entre los animales que vuelan, pero lo que produce es más dulce que todo.

4 No te gloríes de la ropa que te cubre ni te enorgullezcas en los días de gloria, porque las obras del Señor son admirables y están ocultas a los ojos de los hombres.

5 Muchos tiranos se sentaron en el suelo y el que menos lo pensaba se ciñó la diadema.

6 Muchos potentados se hundieron en el deshonor y hombres ilustres cayeron en manos de otros.

7 No censures antes de averiguar: reflexiona primero, y luego reprocha.

8 No respondas antes de escuchar y no interrumpas cuando otro habla.

9 No discutas sobre lo que no te corresponde ni te entrometas en las disputas de los pecadores.

10 Hijo mío, no pretendas hacer demasiadas cosas: si lo haces, no quedarás libre de culpa. Si pretendes demasiado, no lo alcanzarás y aunque quieras huir, no escaparás.

11 Hay quien se esfuerza, se fatiga y se apura, y tanto más desprovisto se ve.

12 Otro es débil, necesitado de ayuda, falto de fuerza y lleno de privaciones; pero el Señor lo mira con bondad y lo levanta de su humillación;

13 el Señor le hace erguir la frente y muchos quedan maravillados a causa de él.

14 Bienes y males, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Señor.

15 La sabiduría, la ciencia y el conocimiento de la Ley vienen del Señor; el amor y el camino de las buenas obras proceden de él.

16 La necedad y la oscuridad han sido creadas para los pecadores; los que se complacen en el mal envejecen en él.

17 el don del Señor permanece con los buenos y su benevolencia les asegura el éxito para siempre.

18 Un hombre se enriquece a fuerza de empeño y ahorro, ¿y qué recompensa le toca?

19 Cuando dice: Ya puedo descansar, ahora voy a disfrutar de mis bienes», él no sabe cuánto tiempo pasará hasta que muera y deje sus bienes a otros.

20 Sé fiel a tu obligación, entrégate a ella, y envejece en tu oficio.

21 No admires las obras del pecador: confía en el Señor y persevera en tu trabajo, porque es cosa fácil a los ojos del Señor enriquecer de un solo golpe al indigente.

22 La bendición del Señor es la recompensa de los buenos, y en un instante él hace florecer su bendición.

23 No digas: «¿Qué me hace falta? ¿Qué bienes puedo esperar todavía?».

24 No digas: «Ya tengo bastante; ¿qué males pueden sobrevenirme aún?».

25 En los días buenos se olvidan los malos, y en los malos, se olvidan los buenos.

26 Porque es fácil para el Señor, en el día de la muerte, retribuir a cada hombre según su conducta.

27 Una hora de infortunio hace olvidar la dicha, y las obras de un hombre se revelan al fin de su vida.

28 No proclames feliz a nadie antes que llegue su fin, porque sólo al final se conoce bien a un hombre.

29 No hagas entrar a cualquiera en tu casa, porque el falso tiende muchas emboscadas.

30 El corazón del soberbio es como una carnada, igual que un espía, espera que des un mal paso.

31 Está al acecho para deformar el bien en mal y es capaz de manchar las cosas más limpias.

32 Una chispa enciende muchos carbones y el pecador tiende emboscadas sangrientas.

33 Cuídate del malhechor, porque él engendra maldades, no sea que te deje manchado para siempre.

34 Alberga a un extraño, y te traerá complicaciones, y hará de ti un extraño para tus propios parientes.

 
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El Antiguo Testamento
ECLESIÁSTICO C. 12


Capítulo 12

1 Si haces el bien, mira a quién lo haces, y te darán las gracias por tus beneficios.

2 Haz el bien al hombre bueno, y tendrás tu recompensa, si no de él, ciertamente del Altísimo.

3 No recibe bienes el que persiste en el mal y el que no agradece la limosna.

4 Da al hombre bueno, pero no ayudes al pecador.

5 Sé bueno con el humilde, pero no des el impío: rehúsale su pan, no se lo des, no sea que así llegue a dominarte, y entonces recibirás un doble mal por todo el bien que le hayas hecho.

6 Porque también el Altísimo detesta a los pecadores y dará su merecido a los impíos.

7 Da al hombre bueno, pero no ayudes al pecador.

8 No es en las buenas cuando se conoce al amigo, ni en las malas se oculta el enemigo.

9 En las buenas, los enemigos se entristecen, y en las malas, hasta el amigo se aleja.

10 Nunca te fíes de tu enemigo, porque la maldad lo corroe como la herrumbre al metal:

11 aunque se haga el humilde y camine encorvado, ten mucho cuidado y está alerta contra él; trátalo como quien pule un espejo, a ver si la herrumbre no terminó de corroerlo.

12 No lo pongas junto a ti, no sea que te derribe para ocupar tu puesto; no lo hagas sentar a tu derecha, no sea que pretenda tu mismo sitial, y al fin comprendas mis palabras y sientas pesar al recordarlas.

13 ¿Quién compadece al encantador mordido por la serpiente o al domador de animales salvajes?

14 Lo mismo pasa con el que se acerca a un pecador y se entremezcla en sus pecados.

15 El permanecerá una hora contigo, pero si vacilas, no te dará una mano.

16 El enemigo tiene miel en los labios, pero por dentro piensa cómo arrojarte en la fosa. El enemigo tiene lágrimas en los ojos, pero, llegada la ocasión, no habrá sangre que lo sacie.

17 Si te pasa algo malo, lo encontrarás allí antes que a ti mismo; simulando ayudarte, te hará una zancadilla:

18 moverá la cabeza y aplaudirá, hablará entre dientes y pondrá otra cara.

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