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DIA 131-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO


131 - DÍAS LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO

El Antiguo Testamento
PRIMER LIBRO DE SAMUEL C. 24



Capítulo 24

Saúl perdonado por David
1 David subió de allí y se estableció en los sitios bien protegidos de Engadí.
2 Cuando Saúl volvió a perseguir a los filisteos, le dieron esta noticia: «David está en el desierto de Engadí».
3 Entonces reunió a tres mil hombres seleccionados entre todo Israel y partió en busca de David y sus hombres, hacia las Peñas de las Cabras salvajes.
4 Al llegar a los corrales de ovejas que están junto al camino, donde había una cueva, Saúl entró a hacer sus necesidades. En el fondo de la cueva, estaban sentados David y sus hombres.
5 Ellos le dijeron: «Este es el día en que el Señor te dice: "Yo pongo a tu enemigo en tus manos; tú lo tratarás como mejor te parezca"». Entonces David se levantó y cortó sigilosamente el borde del manto de Saúl.
6 Pero después le remordió la conciencia, por haber cortado el borde del manto de Saúl,
7 y dijo a sus hombres: «¡Dios me libre de hacer semejante cosa a mi señor, el ungido del Señor! ¡No extenderé mi mano contra él, porque es el ungido del Señor!».
8 Con estas palabras, David retuvo a sus hombres y no dejó que se abalanzaran sobre Saúl. Así Saúl abandonó la cueva y siguió su camino.

La recriminación de David a Saúl
9 Después de esto, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Mi señor, el rey!». Saúl miró hacia atrDavid, iclinándose con el rostro en tierra, se postró
10 y le dijo: «¿Por qué haces caso a los rumores de la gente, cuando dicen que David busca tu ruina?
11 Hoy has visto con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos dentro de la cueva. Aquí se habló de matarte, pero yo tuve compasión de ti y dije: "No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido del Señor".
12 ¡Mira, padre mío, sí, mira en mi mano el borde de tu manto! Si yo corté el borde de tu manto y no te maté, tienes que comprender que no hay en mí ni perfidia ni rebeldía, y que no he pecado contra ti. ¡Eres tú el que me acechas para quitarme la vida!
13 Que el Señor juzgue entre tú y yo, y que él me vengue de ti. Pero mi mano no se alzará contra ti.
14 "La maldad engendra maldad", dice el viejo refrán. Pero yo no alzaré mi mano contra ti.
15 ¿Detrás de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién estás persiguiendo? ¡A un perro muerto! ¡A una pulga!
16 ¡Que el Señor sea el árbitro y juzgue entre tú y yo; que él examine y defienda mi causa, y me haga justicia, librándome de tu mano!».
17 Cuando David terminó de dirigir estas palabras a Saúl, este exclamó: «¿No es esa tu voz, hijo mío, David?», y prorrumpió en sollozos.
18 Luego dijo a David: «La justicia está de tu parte, no de la mía. Porque tú me has tratado bien y yo te he tratado mal.
19 Hoy sí que has demostrado tu bondad para conmigo, porque el Señor me puso en tus manos y tú no me mataste.
20 Cuando alguien encuentra a su enemigo, ¿lo deja seguir su camino tranquilamente? ¡Que el Señor te recompense por el bien que me has hecho hoy!
21 Ahora sé muy bien que tú serás rey y que la realeza sobre Israel se mantendrá firme en tus manos.
22 Júrame, entonces, que el Señor, que no extirparás mi descendencia después de mí, ni borrarás el nombre de mi familia».
23 Así se lo juró David a Saúl, y este se fue a su casa, mientras David y sus hombres subían a su refugio.


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El Antiguo Testamento
PRIMER
LIBRO DE SAMUEL C. 25


Capítulo 25
La muerte de Samuel
1 Mientras tanto, murió Samuel. Todo Israel se reunió y estuvo de duelo por él, y lo sepultaron en su casa, en Ramá, David, por su parte, bajó al desierto de Parán.

El pedido de David a Nabal
2 Había en Maón un hombre que tenía su hacienda en Carmel. Era un hombre muy rico; tenía tres mil ovejas y mil cabras, y estaba esquilando su rebaño en Carmel.
3 Su nombre era Nabal, del clan de Caleb, y su mujer se llamaba Abigail. La mujer era inteligente y atractiva, pero él era rudo y de mal carácter.
4 David oyó en el desierto que Nabal estaba esquilando su rebaño,
5 y envió a diez jóvenes con este encargo: «Suban a Carmel, preséntense a Nabal, y salúdenlo de mi parte.
6 Díganle: «¡Salud! ¡Paz para ti, paz para tu casa y para todos tus bienes!
7 Acabo de oír que te están esquilando el rebaño. Ahora bien, cuando tus pastores estuvieron con nosotros, nunca los hemos molestado, ni se les perdió nada durante todo el tiempo que estuvieron en Carmel.
8 Pregunta a tus servidores y ellos te informarán. Que estos muchachos reciban de ti una buena acogida, ya que llegamos en un día de fiesta. Dales, te lo ruego, lo que tengas a mano, para tus servidores y para tu hijo David».
9 Los jóvenes fueron a decir a Nabal todas estas cosas de parte de David, y se quedaron esperando.
10 Pero Nabal respondió a los servidores de David: «¿Quién es David y quién es el hijo de Jesé? Hoy en día hay muchos esclavos que se evaden de su dueño.
11 ¿Voy a tomar mi pan, mi agua y los animales que maté para mis esquiladores, y se los voy a dar a gente que ni siquiera sé de dónde viene?».
12 Los jóvenes de David reanudaron la marcha y se fueron de vuelta. Al llegar, transmitieron a David todas estas palabras.
13 Entonces David dijo a sus hombres: «Que cada uno se ciña su espada». Ellos se ciñeron cada uno su espada, y también David se ciñó la suya. Luego, unos cuatrocientos hombres subieron detrás de David, y los otros doscientos se quedaron con el equipaje.

La actitud de Abigail con respecto a David
14 Uno de sus servidores le avisó a Abigail, la esposa de Nabal: «Mira que David envió a unos emisarios desde el desierto, para saludar a nuestro patrón, y él se abalanzó sobre ellos.
15 Sin embargo, esos hombres han sido muy buenos con nosotros. Nunca nos molestaron, ni perdimos nada durante todo el tiempo que anduvimos con ellos, cuando estábamos en campo abierto.
16 Ellos fueron para nosotros una muralla, de día y de noche, mientras estuvimos con ellos apacentando el rebaño.
17 Ahora piensa bien lo que debes hacer, porque es cosa decidida la ruina de nuestro patrón y de toda su casa. En cuanto a él, ¡no es más que un miserable, al que ni siquiera se le puede hablar!».
18 Sin pérdida de tiempo, Abigail tomó doscientos panes, dos odres de vino, cinco carneros adobados, cinco bolsas de grano tostado, cien racimos de pasas de uva y doscientas tortas de higo, y los cargó sobre unos asnos.
19 Luego dijo a sus servidores; «Adelántense ustedes, y yo iré detrás». Pero no le avisó nada a su esposo Nabal.
20 Mientras Abigail, montada en su asno, bajaba por un recodo de la montaña, David y sus hombres bajaban en dirección a ella.
21 Entre tanto, David pensaba: «En vano he protegido todo lo que este tenía en el desierto, sin que se le perdiera ninguno de sus bienes. El me ha devuelto mal por bien.
22 ¡Que Dios castigue a David una y otra vez, si dejo con vida hasta el alba a uno solo de sus hombres!».
23 Apenas vio a David, Abigail bajó inmediatamente del asno, y cayó ante él con el rostro en tierra.
24 Y postrada a sus pies, exclamó: «¡Que la falta recaiga sobre mí, señor! ¡Pero permite que tu servidora hable en tu presencia! ¡Escucha sus palabras!
25 Que mi señor no le haga caso a ese miserable de Nabal, porque su nombre dice lo que él es: él se llama Nabal, que significa "insensato", y la insensatez lo acompaña. Pero yo, tu servidora, no había visto a los jóvenes que había enviado mi señor.
26 Y ahora, ¡por la vida del Señor y por tu propia vida! es el mismo Señor el que te impide derramar sangre y hacerte justicia por tu mano. ¡Que tus enemigos y todos los que tratan de hacerte mal corran la misma suerte que Nabal!
27 Con respecto a este obsequio que le he traído a mi señor, que lo repartan entre tus seguidores.
28 Perdona, te lo ruego, la falta de tu servidora. Porque el Señor te hará seguramente una casa perdurable, ya que tú has combatido en las guerras del Señor y en toda tu vida no se encuentra en ti nada malo.
29 Y si un hombre se alza para perseguirte y atentar contra tu vida, la vida de mi señor estará bien guardada en la bolsa de los vivientes, junto al Señor, tu Dios, mientras que él revoleará con su honda la vida de tus enemigos.
30 Cuando el Señor te haga todo el bien que te ha prometido y te ponga como jefe en Israel,
31 que no tengas que sentir turbación ni remordimiento de conciencia, por haber derramado sangre sin motivo y por haberte hecho justicia por ti mismo. Y cuando el Señor te colme de bienes, acuérdate de tu servidora».
32 Entonces David dijo a Abigail: «¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, que hoy te envía a mi encuentro!
33 ¡Bendito sea tu buen tino, y bendiga también tú, que hoy me has impedido derramar sangre y hacerme justicia por mí mismo!
34 ¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel, que me ha impedido hacerte daño, si no te hubieras apresurado a venir a mi encuentro, juro que antes de brillar el alba no le habría quedado vivo a Nabal ni un solo hombre!».
35 Luego David tomó lo que la mujer le había traído y le dijo: «Sube a tu casa en paz. He escuchado tu demanda y la tendré en cuenta».

La muerte de Nabal
36 Cuando Abigail llegó a su casa, Nabal estaba celebrando un regio banquete. Nabal desbordaba de alegría; y como estaba completamente borracho, ella no le dijo ni una sola palabra antes del alba.
37 Pero a la mañana, cuando a Nabal ya se le había pasado la embriaguez, su mujer lo puso al tanto de lo sucedido. Entonces él tuvo un ataque al corazón y quedó paralizado.
38 Al cabo de unos diez días, el Señor hizo morir a Nabal.
39 Cuando David supo que Nabal había muerto, exclamó: «¡Bendito sea el Señor, que ha defendido mi causa contra la afrenta que recibí de Nabal y ha preservado del mal a su servidor! ¡El Señor hizo que la maldad de Nabal recayera sobre él mismo!».

El matrimonio de David con Abigail
Luego David mandó decir a Abigail que quería tomarla por esposa.
40 Los servidores de David se presentaron a Abigail en Carmel y le dijeron: «David nos ha mandado a verte para tomarte por esposa».
41 Ella se puso de pie, se postró con el rostro en tierra, y respondió: «Aquí está tu esclava dispuesta a lavar los pies de los servidores de mi señor».
42 Abigail se levantó rápidamente y montó en un asno, seguida de cinco de sus esclavas. Luego partió detrás de los enviados de David y él la tomó por esposa.
43 David también se había casado con Ajinóam de Izreel, y tuvo a las dos por esposas.
44 Saúl, por su parte, había dado a su hija Mical, la esposa de David, a Paltí, hijo de Lais, que era de Galím.


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El Antiguo Testamento 
 ECLESIÁSTICO C. 9
 

Capítulo 9
1 No seas celoso de la mujer que amas, para no incitarla a comportarse mal contigo.
2 Note entregues ciegamente a una mujer, hasta el punto que llegue a dominarte.
3 No te acerques a una prostituta, no sea que caigas en sus redes.
4 No te entretengas con una cantante, para no ser atrapado por sus artimañas.
5 No mires demasiado a una joven, para no incurrir en su misma condena. 
6 No te entregues a las prostitutas, para no arruinar tu patrimonio.
7 No vayas mirando por las calles de la ciudad ni rondes por sus lugares solitarios.
8 Aparta tu vista de la mujer hermosa y no fijes los ojos en la belleza ajena: muchos se extraviaron por la belleza de una mujer, y por su causa el deseo arde como fuego.
9 Nunca te sientes junto a una mujer casada ni bebas vino con ella en los banquetes, no sea que tu corazón se incline hacia ella y por tu pasión te precipites en la ruina.
10 No abandones a un viejo amigo, porque uno nuevo no vale tanto como él. Amigo nuevo es como vino nuevo: que se ponga añejo, y lo beberás con placer.
11 No envidies la gloria del pecador, porque no sabes cuál será su suerte.
12 No te deleites en lo que deleita a los impíos: recuerda que bajarán al Abismo sin ser justificados.
13 Aléjate del que tiene poder para matar y no experimentarás el temor a la muerte. Si te acercas a él, no cometas ninguna falta, no sea que te quite la vida: ten en cuenta que avanzas entre lazos y que caminas por las almenas de la ciudad.
14 Dentro de lo posible, recurre a tus vecinos y busca el consejo de los sabios.
15 Frecuenta el trato de las personas inteligentes y conversa siempre sobre la Ley del Altísimo.
16 Que los hombres justos sean tus comensales y que tu orgullo esté en el temor del Señor.
17 Por la mano del artista, la obra es digna de elogio, y el jefe del pueblo se muestra sabio por sus palabras.
18 El charlatán es el terror de su ciudad y el desmedido al hablar se hace odioso.


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El Antiguo Testamento 
 ECLESIÁSTICO C. 10
 
 

Capítulo 10
1 Un gobernante sabio educa a su pueblo y la autoridad del hombre inteligente se ejerce con orden.
2 Como el gobernante de un pueblo, así son sus ministros, y como el jefe de la ciudad, así son sus habitantes.
3 Un rey ignorante es la ruina de su pueblo y una ciudad prospera por la inteligencia de los príncipes.
4 En manos del Señor está el dominio de la tierra y, en el momento preciso, le envía el hombre que conviene.
5 En manos del Señor está el éxito de un hombre y él infundirá su gloria a la persona del legislador.
6 No guardes rencor a tu prójimo por ninguna injuria ni hagas nada en un arrebato de violencia.
7 La soberbia es odiosa al Señor y a los hombres y la injusticia es ofensiva para ambos.
8 La realeza pasa de una nación a otra, a causa de la injusticia, la prepotencia y la codicia.
9 ¿De qué se ensoberbece el que es polvo y ceniza, si aún en vida sus entrañas están llenas de podredumbre?
10 Una larga enfermedad desconcierta al médico, y el que hoy es rey, mañana morirá.
11 Cuando un hombre muere, recibe como herencia larvas, fieras y gusanos.
12 El orgullo comienza cuando el hombre se aparta del Señor y su corazón se aleja de aquel que lo creó.
13 Porque el comienzo del orgullo es el pecado y el que persiste en él, hace llover la abominación: por eso el Señor envió calamidad imprevistas y arrasó a los soberbios hasta aniquilarlos.
14 El Señor derribó los tronos de los poderosos y entronizó a los mansos en lugar de ellos.
15 El Señor arrancó de raíz a las naciones y plantó a los humildes en lugar de ellos.
16 El Señor arrasó los territorios de las naciones y las destruyó hasta los cimientos de la tierra.
17 A Algunos las arrasó y las hizo desaparecer, y borró hasta su recuerdo de la tierra.
18 El orgullo no fue creado para el hombre ni el arrebato de la ira para los nacidos de mujer.
19 ¿Qué raza es digna de honor? La raza humana. ¿Qué raza es digna de honor? Los que temen al Señor. ¿Qué raza es despreciable? La raza humana. ¿Qué raza es despreciable? Los que no cumplen la Ley.
20 Entre los hermanos se honra al que es su jefe, pero el Señor honra a los que lo temen.
21 [El comienzo de la aceptación es el temor del Señor, y el comienzo del rechazo es el endurecimiento y el orgullo.]
22 Para el rico, el ilustre o el pobre la única gloria es el temor del Señor.
23 No es justo despreciar a un pobre inteligente ni está bien glorificar a un hombre pecador.
24 El grande, el magistrado y el poderoso son dignos de honra, pero el que teme al Señor es superior a todos ellos.
25 Hombres libres servirán a un esclavo sabio y el hombre que entiende no lo tomará a mal.
26 No te hagas el sabio cuando realizas tu tarea ni te gloríes en el momento de la penuria.
27 Mas vale el que trabaja y vive en la abundancia que el que anda gloriándose y no tiene qué comer.
28 Hijo mío, gloríate con la debida modestia y estímate según tu justo valor.
29 ¿Quién justificará al que se daña a sí mismo y quién glorificará al que se desprecia?
30 Al pobre se lo honra por su saber y al rico por sus riquezas.
31 El que es glorificado en la pobreza, ¡cuánto más lo será en la riqueza! El que es menospreciado en la riqueza, ¡cuánto más lo será en la pobreza!


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