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DIA 127-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO



127 - DIAS LA SANTA BIBLIA< TEXTO Y AUDIO
El Antiguo Testamento
PRIMER LIBRO DE SAMUEL C. 17



Capítulo 17
Goliat, el gigante filisteo
1 Los filisteos reunieron sus fuerzas para el combate. Se concentraron en Socó de Judá y acamparon entre Socó y Azecá, en Efes Damím.
2 También Saúl y los hombres de Israel se reunieron y acamparon en el valle del Terebinto, y se dispusieron en orden de batalla frente a los filisteos.
3 Estos filisteos estaban apostados en un monte, y los israelitas en el del lado opuesto, con el valle de por medio.
4 Entonces salió del campo filisteo un luchador llamado Goliat, de Gat, que medía casi tres metros de altura.
5 Llevaba en la cabeza un casco de bronce e iba cubierto con una coraza escamada, también de bronce, que pesaba más de medio quintal.
6 Tenía unas canilleras de bronce en las piernas y una jabalina de bronce a la espalda.
7 El asta de su lanza era gruesa como el palo de un telar y el hierro de la punta pesaba unos seis kilos. Su escudero iba delante de él.
8 El filisteo se detuvo y gritó a las filas de Israel: «¿Para qué salen a presentar batalla? ¿No soy yo el filisteo y ustedes los esclavos de Saúl? Elijan a un hombre, y que baje a enfrentarme.
9 Si él es capaz de combatir conmigo y me derrota, seremos esclavos de ustedes. Pero si yo puedo más que él y lo derroto, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán».
10 Y el filisteo añadió: «Hoy lanza un desafío a las filas de Israel. Preséntenme un hombre y nos batiremos en duelo».
11 Saúl y todo Israel, al oír estas palabras del filisteo, quedaron espantados y sintieron un gran temor.

David en el frente fe batalla
12 David era hijo de aquel Efrateo de Belén de Judá, llamado Jesé, que tenía ocho hijos. En tiempos de Saúl, Jesé era ya un hombre viejo, de edad avanzada,
13 y sus tres hijos mayores habían ido a la guerra detrás de Saúl. El mayor de estos tres hijos se llamaba Eliab, el segundo Abinadab y el tercero Sammá;
14 David era el más pequeño. Los tres mayores habían seguido a Saúl,
15 mientras que David solía ir al campamento de Saúl y luego volvía a Belén, para apacentar el rebaño de su padre.
16 Mientras tanto, el filisteo se adelantaba por la mañana y por la tarde, y así se presentó durante cuarenta días.
17 Jesé dijo a su hijo David: «Toma esta bolsa de grano tostado y estos diez panes, y corre a llevárselos a tus hermanos al campamento.
18 Estos diez quesos se los entregarás al comandante. Fíjate bien cómo están tus hermanos y trae algo de ellos como prenda.
19 Saúl está con ellos y con todos los hombres de Israel en el valle del Terebinto, combatiendo contra los filisteos».
20 David se levantó de madrugada, dejó el rebaño al cuidado de un guardián y partió con su carga, como se lo había mandado Jesé. Cuando llegó al cerco del campamento, el ejército avanzaba en orden de batalla, lanzando el grito de guerra.
21 Israelitas y filisteos se alinearon frente a frente.
22 Entonces David dejó las cosas que traía en manos del encargado del equipaje, corrió hacia las filas y fue a saludar a sus hermanos.
23 Mientras estaba hablando con ellos, subió del frente filisteo el luchador llamado Goliat, el filisteo de Gat. Pronunció las mismas palabras, y David lo escuchó.
24 Todos los israelitas, apenas vieron al hombre, huyeron despavoridos delante de él.
25 Un hombre de Israel dijo: «¿Han visto a ese hombre que sube? ¡El viene a desafiar a Israel! Al que lo derrote, el rey lo colmará de riquezas, le dará su hija como esposa y eximirá de impuestos a su casa paterna en Israel».
26 David preguntó a los hombres que estaban con él: «¿Qué le harán al hombre que derrote a ese filisteo y ponga a salvo el honor de Israel? Porque ¿quién es ese filisteo incircunciso para desafiar a las huestes del Dios viviente?».
27 La gente le repitió lo mismo: «Al que lo derrote le harán tal y tal cosa».
28 Pero Eliab, su hermano mayor, al oírlo hablar así con esos hombres, se irritó contra él y exclamó: «¿Para qué has bajado aquí? ¿Y con quién has dejado esas pocas ovejas en el desierto? Ya sé que eres un atrevido y un mal intencionado: ¡tú has bajado para ver la batalla!».
29 David replicó: «Pero ¿qué he hecho?».
30 En seguida se apartó de él y, dirigiéndose a otro, le hizo la misma pregunta. Y la gente le respondió lo mismo que antes.
31 Los que habían oído las palabras que dijo David se las comunicaron a Saúl, y este lo mandó llamar.
32 David dijo a Saúl: «No hay que desanimarse a causa de ese; tu servidor irá a luchar contra el filisteo».
33 Pero Saúl respondió a David: «Tú no puedes batirte con ese filisteo, porque no eres más que un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su juventud».
34 David dijo a Saúl: «Tu servidor apacienta el rebaño de su padre, y siempre que viene un león o un oso y se lleva una oveja del rebaño,
35 yo lo persigo, lo golpeo y se la arranco de la boca; y si él me ataca, yo lo agarro por la quijada y lo mato a golpes.
36 Así he matado leones y osos, y ese filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha desafiado a las huestes del Dios viviente».
37 Y David añadió: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de la mano de ese filisteo». Entonces Saúl dijo a David: «Ve, y que el Señor esté contigo».

El combate de David con Goliat
38 Saúl vistió a David con su propia indumentaria, le puso en la cabeza un casco de bronce y lo cubrió con una coraza.
39 Después, David se ciñó la espada de Saúl por encima de su indumentaria, e hizo un esfuerzo para poder caminar, porque no estaba entrenado. Entonces David dijo a Saúl: «No puedo caminar con todas estas cosas porque no estoy entrenado». Y David se las quitó.
40 Luego tomó en la mano su bastón, eligió en el torrente cinco piedras bien lisas, las puso en su bolsa de pastor, en la mochila, y con la honda en la mano avanzó hacia el filisteo.
41 El filisteo se fue acercando poco a poco a David, precedido de su escudero.
42 Y al fijar sus ojos en David, el filisteo lo despreció, porque vio que era apenas un muchacho, de tez clara y de buena presencia.
43 Entonces dijo a David: «¿Soy yo un perro para que vengas a mí armado de palos?». Y maldijo a David invocando a sus dioses.
44 Luego le dijo: «Ven aquí, y daré tu carne a los pájaros del cielo y a los animales del campo».
45 David replicó al filisteo: «Tú avanzas contra mí armado de espada, lanza y jabalina, pero yo voy hacia ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de las huestes de Israel, a quien tú has desafiado.
46 Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; yo te derrotaré, te cortaré la cabeza, y daré tu cadáver y los cadáveres del ejército filisteo a los pájaros del cielo y a los animales del campo. Así toda la tierra sabrá que hay un Dios para Israel.
47 Y toda esta asamblea reconocerá que el Señor da la victoria sin espada ni lanza. Porque esta es una guerra del Señor, y él los entregará en nuestras manos».
48 Cuando el filisteo se puso en movimiento y se acercó cada vez más para enfrentar a David, este enfiló velozmente en dirección al filisteo.
49 En seguida se metió la mano en su bolsa, sacó de ella una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente, y él cayó de bruces contra el suelo.
50 Así venció David al filisteo con la honda y una piedra; le asestó un golpe mortal, sin tener una espada en su mano.
51 David fue corriendo y se paró junto al filisteo; le agarró la espada, se la sacó de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza. Al ver que su héroe estaba muerto, los filisteos huyeron.
52 Inmediatamente, los hombres de Israel y de Judá lanzaron el grito de guerra y persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Ecrón. Muchos filisteos cayeron heridos de muerte por el camino de Dos Puertas, hasta Gat y Ecrón.
53 Después, los israelitas volvieron de su encarnizada persecución contra los filisteos y saquearon su campamento.
54 David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén, pero dejó las armas en su propia carpa.

La presentación de David a Saúl
55 Al ver que David salía al encuentro del filisteo, Saúl le había preguntado a Abner, el jefe del ejército: «Abner, ¿de quién es hijo ese muchacho?». «¡Por tu vida, rey, no lo sé!», respondió Abner.
56 Entonces el rey dijo: «Averigua de quién es hijo ese muchacho».
57 Cuando David volvió de matar al filisteo, Abner lo llevó a la presencia de Saúl con la cabeza del filisteo en la mano.
58 Saúl le preguntó: «¿De quién eres hijo, muchacho?». David respondió: «Soy hijo de tu servidor Jesé, el de Belén».


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El Antiguo Testamento
  ECLESIÁSTICO C. 1


ECLESIÁSTICO
Capítulo 1
1 Toda sabiduría viene del Señor, y está con él para siempre.
2 ¿Quién puede contar la arena de los mares, las gotas de la lluvia y los días de la eternidad?
3 ¿Quién puede medir la altura del cielo, la extensión de la tierra, el abismo y la sabiduría?
4 Antes que todas las cosas fue creada la sabiduría y la inteligencia previsora, desde la eternidad.
5 El manantial de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas, y sus canales son los mandamientos eternos.
6 ¿A quién fue revelada la raíz de la sabiduría y quién conoció sus secretos designios?
7 ¿A quién se le manifestó la ciencia de la sabiduría y quién comprendió la                          diversidad de sus caminos?
8 Sólo uno es sabio, temible en extremo: el Señor, que está sentado en su trono.
9 El mismo la creó, la vio y la midió, y la derramó sobre todas sus obras:
10 la dio a todos los hombres, según su generosidad, y la infundió abundantemente en aquellos que lo aman.
11 El temor del Señor es gloria y motivo de orgullo, es gozo y corona de alegría.
12 El temor del Señor deleita el corazón, da gozo, alegría y larga vida.
13 Todo terminará bien para el que teme al Señor, él será bendecido en el día de su muerte.
14 El principio de la sabiduría es el temor del Señor: ella es creada junto con los fieles en el seno materno.
15 Anidó entre los hombres para siempre y permanecerá fielmente con su                          descendencia.
16 La plenitud de la sabiduría es el temor del Señor y ella los embriaga con sus frutos:
17 les colma la casa de bienes preciosos y con sus productos llena sus graneros.
18 La corona de la sabiduría es el temor del Señor: ella hace florecer el bienestar y la buena salud.
19 El Señor la vio y la midió, hizo llover la ciencia y el conocimiento, y exaltó la gloria de los que la poseen.
20 La raíz de la sabiduría es el temor del Señor y sus ramas son una larga vida.
21 El temor del Señor aleja los pecados: el que persevera en él aparta la ira divina.
22 Un arrebato indebido no puede justificarse, porque el ímpetu de la pasión lleva a la propia ruina.
23 El hombre paciente soporta hasta el momento oportuno, pero al fin se llenará de gozo:
24 él reserva sus palabras hasta el momento oportuno, y los sabios de muchos proclamarán su inteligencia.
25 En los tesoros de la sabiduría están los enigmas de la ciencia, pero el pecador aborrece la religiosidad.
26 Si deseas la sabiduría, observa los mandamientos, y el Señor te la dará                          abundantemente.
27 Porque el temor del Señor es sabiduría e instrucción: a él le agradan la                          fidelidad y la mansedumbre.
28 No seas reacio al temor del Señor ni te acerques a él con doblez de corazón.
29 No seas hipócrita delante de los hombres y presta atención a tus palabras.
30 No te exaltes a ti mismo, no sea que caigas y atraigas sobre ti el deshonor: el Señor revelará tus secretos y te humillará en medio de la asamblea, por no haberte acercado al temor del Señor y porque tu corazón está lleno de falsedad.


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El Antiguo Testamento
ECLESIÁSTICO C. 2


Capítulo 2
1 Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.
2 Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia.
3 Únete al Señor y no se separes, para que al final de tus días seas enaltecido.
4 Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación.
5 Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación.
6 Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él.
7 Los que temen al Señor, esperen su misericordia, y no se desvíen, para no caer.
8 Los que temen al Señor, tengan confianza en él, y no les faltará su recompensa.
9 Los que temen al Señor, esperen sus beneficios, el gozo duradero y la misericordia.
10 Fíjense en las generaciones pasadas y vean: ¿Quién confió en el Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado? ¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta?
11 Porque el Señor es misericordioso y compasivo, perdona los pecados y salva en el momento de la aflicción.
12 ¡Ay de los corazones cobardes y de las manos que desfallecen, y del pecador que va por dos caminos!
13 ¡Ay del corazón que desfallece, porque no tiene confianza! A causa de eso no será protegido.
14 ¡Ay de ustedes, los que perdieron la constancia! ¿Qué van a hacer cuando el Señor los visite?
15 Los que temen al Señor no desobedecen sus palabras y los que lo aman siguen fielmente sus caminos.
16 Los que temen al Señor tratan de complacerlo y los que lo aman se sacian de su Ley.
17 Los que temen al Señor tienen el corazón bien dispuesto y se humillan delante de él:
18 «Abandonémonos en las manos del Señor y no en las manos de los hombres, porque así como es su grandeza es también su misericordia».


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