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DIA 124-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO



 124 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO



El Antiguo Testamento
PRIMER LIBRO DE SAMUEL C. 11

Capítulo 11
Victoria de Saúl sobre los amonitas
1 Najás, el amonita, subió contra Iabés en Galaad y la sitió. Todos los hombres de Iabés dijeron a Najás: «Pacta con nosotros y te serviremos».
2 Pero Najás, el amonita, les respondió: «Pactaré con ustedes a condición de arrancarles a cada uno el ojo derecho, e infligir así un oprobio a todo Israel».
3 Los ancianos de Iabés le dijeron: «Danos una tregua de siete días para enviar mensajeros por todo el territorio de Israel. Si nadie nos socorre, nos rendiremos a ti».
4 Cuando los mensajeros llegaron a Guibeá de Saúl y comunicaron la noticia en presencia del pueblo, todos se pusieron a llorar a gritos.
5 En ese momento, Saúl volvía del campo detrás de sus bueyes, y preguntó: «¿Qué le pasa al pueblo para llorar así?». Entonces le contaron lo que habían dicho los hombres de Iabés.
6 El espíritu de Dios irrumpió sobre Saúl cuando este oyó esas palabras, y una violenta ira se apoderó de él.
7 Tomó una yunta de bueyes, los despedazó y envió los pedazos por todo el territorio de Israel, con este mensaje: «Así serán tratados los bueyes del que no salga a combatir detrás de Saúl». El terror del Señor invadió al pueblo, y todos se pusieron en marcha como un solo hombre.
8 Saúl les pasó revista en Bézec: eran trescientos mil israelitas y treinta mil hombres de Judá.
9 Luego dijo a los mensajeros que habían venido: «Así hablarán a los hombres de Iabés en Galaad: «Mañana, a la hora en que más calienta el sol, serán socorridos». Los mensajeros llevaron la noticia a los hombres de Iabés, y estos se llenaron de alegría.
10 Entonces los hombres de Iabés dijeron a Najás: «Mañana nos rendiremos a ustedes, y ustedes nos tratarán como mejor les parezca».
11 A la mañana siguiente, Saúl dividió al pueblo en tres grupos. Ellos irrumpieron en medio del campo en la vigilia de la mañana, y batieron a los amonitas hasta la hora de más calor. Los sobrevivientes se dispersaron de tal manera que no quedaron dos hombres juntos.

Saúl reconocido por todo el pueblo
12 El pueblo dijo a Samuel: «¿Quiénes son los que preguntaban si Saúl reinaría sobre nosotros? Entreguen a esos hombres y los mataremos».
13 Pero Saúl intervino, diciendo: «Nadie morirá en este día, porque hoy el Señor ha obtenido una victoria en Israel».
14 Y Samuel dijo al pueblo: «Vengan, vamos a Guilgal y allí renovaremos la realeza».
15 Todo el pueblo fue a Guilgal, y proclamaron rey a Saúl delante del Señor. Allí ofrecieron sacrificios de comunión, y Saúl y todos los hombres de Israel se alegraron sobremanera.



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El Antiguo Testamento
PRIMER
LIBRO DE SAMUEL C. 12


Capítulo 12
El discurso de despedida de Samuel
1 Samuel dijo a todo Israel: «Yo les hice caso en todo lo que me dijeron y les he dado un rey.
2 Ahora, ahí tienen al rey que marcha al frente de ustedes. En cuanto a mí, ya estoy viejo y lleno de canas, y ahí están mis hijos, como unos más entre ustedes. Yo estuve al frente de ustedes desde mi juventud hasta el día de hoy.
3 ¡Aquí me tienen! Declaren contra mí delante del Señor y delante de su ungido: ¿A quién le he quitado un buey? ¿A quién le he quitado un asno? ¿A quién lo he oprimido o perjudicado? ¿Por quién me he dejado sobornar para cerrar los ojos? Díganlo, y yo les restituiré».
4 Ellos respondieron: «Nunca nos has oprimido ni perjudicado, ni has aceptado nada de nadie».
5 El les dijo: «El Señor es testigo contra ustedes, y también su ungido es testigo en este día, de que nunca me han sorprendido con nada en la mano». Ellos le dijeron: «¡Sí, es testigo!».
6 Samuel dijo al pueblo: «Es testigo el Señor, que suscitó a Moisés y a Aarón, e hizo subir de Egipto a los padres de ustedes.
7 Ahora, preséntense para que entable un juicio con ustedes delante del Señor, evocando los actos de justicia que el Señor hizo en favor de ustedes y de sus padres.
8 Después que Jacob llegó a Egipto, los egipcios los avasallaron, y los padres de ustedes clamaron al Señor. El Señor envió entonces a Moisés y a Aarón, que hicieron salir a sus padres de Egipto y los establecieron en este lugar.
9 Pero ellos olvidaron al Señor, su Dios, y él los entregó en manos de Sisara, el jefe del ejército de Jasor, y en manos de los filisteos y del rey de Moab, que les hicieron la guerra.
10 Ellos clamaron al Señor, diciendo: «Hemos pecado, porque abandonamos al Señor y servimos a los Baales y a las Astartés. ¡Líbranos ahora de las manos de nuestros enemigos, y te serviremos!».
11 El Señor envió entonces a Ierubaal, a Bedán, a Jefté y a Samuel; así los libró de sus enemigos de alrededor, y ustedes vivieron seguros.
12 Pero cuando vieron que los atacaba Najás, el rey de los amonitas, ustedes me dijeron: «¡No! ¡Que reine un rey sobre nosotros!», siendo así que tienen como rey al Señor, su Dios.
13 Ahora, ahí está el rey que se han elegido y que han pedido; ya ven que el Señor les ha dado un rey.
14 Si ustedes temen al Señor y lo sirven, si escuchan su voz y no se muestran rebeldes a las órdenes del Señor, si ustedes mismos y el rey que reina sobre ustedes siguen al Señor, todo irá bien.
15 Pero si no escuchan la voz del Señor, y si son rebeldes a sus órdenes, la mano del Señor se hará sentir sobre ustedes y sobre su rey.
16 Y ahora, preséntense para ver este gran prodigio que realizará el Señor a la vista de ustedes.
17 ¿No estamos en la época de cosechar el trigo? Yo voy a invocar al Señor y él enviará truenos y lluvia; así ustedes reconocerán y verán qué grande es el mal que han cometido a los ojos del Señor, al pedir para ustedes un rey».
18 Samuel invocó al Señor, y aquel día el Señor envió truenos y lluvia. Todo el pueblo sintió un gran temor del Señor y de Samuel.
19 Y todo el pueblo dijo a Samuel «Ruega al Señor, tu Dios, por tus servidores, y así no moriremos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido la maldad de pedir para nosotros un rey».
20 Pero Samuel dijo al pueblo: «¡No teman! Por más que hayan cometido todo este mal, no se aparten del Señor, y sírvanlo de todo corazón.
21 No se aparten siguiendo a dioses falsos, que ni ayudan ni pueden librar, porque no son nada.
22 No, el Señor no rechazará a su pueblo, por el honor de su gran Nombre, porque él ha querido hacer de ustedes su pueblo.
23 En lo que a mí respecta, ¡lejos de mi pecar contra el Señor, dejando de rogar por ustedes!
24 Basta que teman al Señor y lo sirvan fielmente de todo corazón. Miren qué grandes cosas ha hecho el Señor con ustedes.
25 Pero si persisten en hacer el mal, perecerán ustedes junto con su rey».


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El Antiguo Testamento
PRIMER
LIBRO DE SAMUEL C. 13


Capítulo 13
La rebelión contra los filisteos
1 Saúl tenía... años cuando comenzó a reinar, y reinó... años sobre Israel.
2 Saúl seleccionó a tres mil hombres de Israel: dos mil estaban con él en Micmás y en la montaña de Betel, y mil con Jonatán en Guibeá de Benjamín. Al resto del pueblo lo envió a sus campamentos.
3 Jonatán derrotó al destacamento filisteo apostado en Gueba, y los filisteos se enteraron. Entonces Saúl hizo tocar la trompeta por todo el país, diciendo: «¡Que oigan los hebreos!».
4 Cuando todo Israel oyó que Saúl había derrotado al destacamento filisteo y que hasta el nombre de Israel causaba repulsión entre los filisteos, el pueblo acudió a la convocatoria de Saúl en Guilgal.
5 Los filisteos se reunieron para combatir contra Israel: tenían tres mil carros, seis mil guerreros y una tropa numerosa como la arena que está a la orilla del mar. Luego subieron y acamparon en Micmás, al este de Bet Aven.
6 Al verse en un grave aprieto, porque estaban cercados, los hombres de Israel fueron a esconderse en las cuevas, entre los matorrales, en las peñas, en los huecos y en las cisternas.
7 Y algunos hebreos cruzaron el Jordán, hacia el país de Gad y de Galaad. Saúl estaba todavía en Guilgal, y todo el pueblo temblaba de miedo detrás de él.
8 Así esperó siete días, según el plazo fijado por Samuel. Pero Samuel no llegaba a Guilgal y el pueblo se le comenzó a desbandar.
9 Entonces Saúl dijo: «Tráiganme el holocausto y los sacrificios de comunión», y él mismo ofreció el holocausto.

La ruptura de Samuel con Saúl
10 Apenas terminó de ofrecer el holocausto, llegó Samuel, y Saúl salió a su encuentro para saludarlo.
11 Pero Samuel le dijo: «¿Qué has hecho?» Saúl respondió: «Como vi que el pueblo se me desbandaba, que tú no llegabas en el plazo fijado y que los filisteos estaban reunidos en Micmás,
12 pensé: «Ahora los filisteos bajarán a atacarme en Guilgal, y yo no he aplacado el rostro del Señor». Así que me vi obligado a ofrecer el holocausto».
13 Entonces Samuel replicó a Saúl: «¡Has obrado neciamente! Si hubieras observado el mandamiento que te dio el Señor, tu Dios, él había afianzado para siempre tu reinado sobre Israel.
14 Pero ahora tu reino no subsistirá. El Señor se ha buscado un hombre según su corazón y lo ha constituido jefe de su pueblo, porque tú no has observado lo que el Señor te mandó».
15 En seguida, Samuel partió de Guilgal.

Los preparativos para la guerra
En Guibeá de Benjamín, Saúl pasó revista a la tropa que estaba con él: eran unos seiscientos hombres.
16 Saúl, su hijo Jonatán y la tropa que estaba con él se apostaron en Gueba de Benjamín, y los filisteos acamparon en Micmás.
17 Del campamento filisteo salió un cuerpo de asalto dividido en tres grupos: uno tomó la dirección de Ofrá, hacia el país de Sual;
18 otro se dirigió a Bet Jorón, y otro a la altura que domina el valle de las Hienas, hacia el desierto.
19 No había entonces ningún herrero en Israel, porque los filisteos decían: «Hay que evitar que los hebreos se forjen espadas y lanzas».
20 Por eso, todos los israelitas tenían que acudir a los filisteos para reparar sus azadas, sus rejas de arado, sus hachas y sus hoces.
21 Había que pagar dos tercios de siclo por las azadas y las rejas de arado, y un tercio de siclo por afilar las hachas y reparar las picanas.
22 Así, el día de la batalla de Micmás, nadie del ejército que estaba con Saúl y Jonatán tenía en la mano una espada o una lanza. Sólo la tenían Saúl y su hijo Jonatán.
23 Un destacamento de los filisteos partió para el paso de Micmás.


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El Antiguo Testamento
SABIDURÍA C. 15


Capítulo 15
1 Pero tú, Dios nuestro, eres bondadoso y fiel, eres paciente y todo lo administras con misericordia.
2 Aun cuando pecamos, pertenecemos a ti, ya que reconocemos tu soberanía; pero no pecaremos, sabiendo que nos has contado como tuyos.
3 Porque conocerte a ti es la perfecta justicia y reconocer tu soberanía es la raíz de la inmortalidad.
4 No nos han extraviado las invenciones de un arte humano perverso ni el esfuerzo estéril de los pintores de quimeras: esas figuras embadurnadas de colores abigarrados,
5 cuya contemplación excita la pasión de los necios y les hace desear la figura inanimada de una imagen sin vida.
6 ¡Amantes del mal y dignos de tales esperanzas son los que las fabrican, las desean y las adoran!
7 Así un alfarero amasa laboriosamente la tierra blanda y modela cada uno de los objetos que usamos. Con la misma arcilla modela indistintamente objetos destinados a un uso noble y otros que tendrán un destino contrario; pero es el alfarero el que decide cuál será la función de cada uno de ellos.
8 Después, con un esfuerzo mal empleado, utiliza la misma arcilla para modelar un falso dios, y el que hace eso es un hombre que poco antes nació de la tierra y dentro de poco volverá a la tierra de donde fue sacado, cuando se le pida que devuelva su alma.
9 Sin embargo, en vez de preocuparse de que pronto va a morir y de la brevedad de su vida, rivaliza con los orfebres y plateros, imita a los forjadores de bronce y se enorgullece de fabricar lo que es falso.
10 Su corazón no es más que ceniza, su esperanza es más vil que la tierra, y su vida más despreciable que la arcilla.
11 Porque desconoce a aquel que lo modeló, al que le infundió un alma capaz de actuar y le transmitió un soplo vital.
12 El piensa que nuestra vida es un juego y la existencia, una feria para obtener ganancias: «Es necesario, dice, ganar por todos los medios, aunque sean malos».
13 Porque él sabe bien que peca más que cualquier otro cuando de una materia terrestre fabrica objetos frágiles y estatuas.
14 Pero los más insensatos de todos, y más infelices que el alma de un niño, son los enemigos que oprimieron a tu pueblo,
15 ya que tuvieron por dioses a todos los ídolos de las naciones, que no pueden valerse de los ojos para ver, ni de las narices para respirar, ni de los oídos para oír, ni de los dedos de las manos para tocar, y cuyos pies no sirven para caminar.
16 Porque es un hombre el que hizo esos ídolos, uno que recibió en préstamo el aliento, el que los modeló, pero ningún hombre puede modelar un dios semejante a sí mismo:
17 siendo mortal, con sus manos impías, sólo puede producir una obra muerta. El vale más que los objetos que adora, ya que él tiene vida, pero aquellos no la tendrán jamás.
18 Ellos adoran incluso a los animales más repugnantes, que superan en estupidez a todos los demás,
19 a los que ni siquiera tienen la belleza que hace atrayentes a otros animales, y están excluidos del elogio y la bendición de Dios.


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El Antiguo Testamento
 
 SABIDURÍA C. 16
 

Capítulo 16
1 Por eso, con toda justicia fueron castigados con seres semejantes y atormentados con una infinidad de bichos.
2 En lugar de ese castigo, fuiste benévolo con tu pueblo, y para satisfacer su voraz apetito, le preparaste como alimento un manjar exquisito: ¡las codornices!
3 Así los egipcios, a pesar de su deseo de comer, perdieron el apetito natural, ante el aspecto repugnante de los animales enviados contra ellos; tu pueblo, en cambio, sometido a privación por poco tiempo, participó de un manjar exquisito.
4 Porque era necesario que a aquellos opresores les sobreviniera una penuria inevitable y que a estos sólo se les hiciera ver cómo eran atormentados sus enemigos.
5 Incluso cuando se desencadenó sobre tu pueblo el furor terrible de animales feroces, y ellos perecían por la mordedura de serpientes huidizas, tu ira no duró hasta el extremo.
6 A manera de advertencia, fueron atribulados por poco tiempo, teniendo ya una prenda de salvación para que recordaran el mandamiento de tu Ley;
7 en efecto, aquel que se volvía hacia ella era salvado, no por lo que contemplaba, sino por ti, el Salvador de todos.
8 Así demostraste a nuestros enemigos que eres tú el que libra de todo mal:
9 ellos murieron por la picadura de langostas y moscas, y no se podía encontrar un remedio para sus vidas, porque merecían ser castigados por esos animales.
10 Pero contra tus hijos, ni siquiera pudieron los dientes de las serpientes venenosas, porque tu misericordia vino a su encuentro y los sanó.
11 Para que se acordaran de tus palabras, eran aguijoneados y se curaban rápidamente, no sea que cayeran en un profundo olvido y así quedaran excluidos de tu acción bienhechora.
12 Y no los sanaron las hierbas ni los ungüentos sino tu palabra, Señor, que todo lo cura.
13 Porque tú tienes poder sobre la vida y la muerte, haces bajar a las puertas del Abismo y haces subir de allí.
14 El hombre, en su malicia, puede matar, pero no hace volver el espíritu una vez que se fue, ni libera al alma recibida por el Abismo.
15 Es imposible escapar de tu mano.
16 Los impíos que rehusaban conocerte fueron golpeados por la fuerza de tu brazo: los acosaron lluvias insólitas, granizadas, aguaceros implacables, y el fuego los consumió.
17 Pero lo más extraño era que en el agua, que todo lo apaga, el fuego se encendía más, porque el universo combate en defensa de los justos.
18 Unas veces, las llamas se apaciguaban para no abrasar a los animales enviados contra los impíos, y para que, al verlas, estos se sintieran perseguidos por un juicio de Dios.
19 Otras veces, dentro mismo del agua, las llamas ardían con una fuerza superior a la del fuego, para destruir las cosechas de una tierra injusta.
20 En lugar de esto, nutriste a tu pueblo con un alimento de ángeles, y sin que ellos se fatigaran, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, capaz de brindar todas las delicias y adaptado a todos los gustos.
21 Y el sustento que les dabas manifestaba tu dulzura hacia tus hijos, porque, adaptándose al gusto del que lo comía, se transformaba según el deseo de cada uno.
22 La nieve y el hielo resistían al fuego sin derretirse, a fin de que supieran que solamente los frutos de los enemigos eran destruidos por el fuego que ardía en medio del granizo y fulguraba bajo la lluvia;
23 mientras que, por el contrario, ese mismo fuego olvidaba hasta su propio poder, para respetar el alimento de los justo.
24 Porque la creación, que está al servicio de ti, su Creador, se pone en tensión para castigar a los injustos y se distiende para beneficiar a los que confían en ti.
25 Por eso también entonces, transformándose completamente, ella estaba al servicio de tu generosidad, que a todos alimenta, de acuerdo con el deseo de los que te suplicaban.
26 Así los hijos que tú has amado, Señor, debían aprender que no son las diversas clases de frutos los que alimentan al hombre, sino que es tu palabra la que sostiene a los que creen en ti.
27 Porque lo que el fuego no lograba destruir se derretía al simple calor de un tenue rayo de sol,
28 para que se pusiera bien de manifiesto que hay que anticiparse al sol para darte gracias y encontrarse contigo al despuntar el día.
29 Pero la esperanza del ingrato se diluirá como la escarcha invernal y correrá como agua inservible.


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