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DIA 102-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO


102 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO


El Antiguo Testamento
JOSUÉ C. 15


Capítulo 15
La tribu de Judá
1 El territorio que tocó en suerte a la tribu de los hijos de Judá, limitaba en su extremo meridional, hacia el sur, con Edom y el desierto de Sin.
2 Su frontera sur se extendía desde los bordes del mar de la Sal –de la punta que da hacia el sur–
3 hasta la parte meridional de la subida de los Escorpiones; luego pasaba por Sin y subía hasta el sur de Cades Barné; de allí pasaba a Jesrón, subía hasta Adar y daba vuelta hacia Carcaá;
4 finalmente pasaba por Asmón y llegaba al Torrente de Egipto, para ir a terminar en el mar. Este será para ustedes el límite meridional.
5 La frontera oriental era el mar de la Sal hasta la desembocadura del Jordán. La frontera norte, a su vez, partía de la parte del mar, que está junto a la desembocadura del Jordán;
6 Luego subía hasta Bet Joglá, pasaba al norte de Be Ha Arabá y legaba hasta la Piedra de Boján, el rubenita.
7 Después ascendía del valle de Acor a Debir, y daba vuelta hacia Guilgal, que está frente a la subida de Adumím al sur del Torrente. La frontera pasaba inmediatamente junto a las aguas de En Semes, llegaba a En Roguel,
8 y volvía a subir, viniendo desde el sur, por el valle de Ben Hinnóm, por el oeste, y al extremo septentrional del valle de los Refaím.
9 Desde la cima del monte, la frontera daba vuelta hacia la fuente de Neftóaj, y seguía hasta el monte Efrón, para volverse luego hacia Baalá, o sea, hacia Quiriat Iearím.
10 Desde Baalá, la frontera giraba hacia el oeste, hacia el monte Seir, y pasando por el flanco septentrional del monte Iearím –o sea Quesalóm– bajaba hasta Bet Semes y llegaba hasta Timná.
11 Después seguía hasta la pendiente de Ecrón, hacia el norte, giraba hacia Sicrón, y cruzando por el monte de Baalá, salía por Iabneel para ir a terminar en el mar.
12 Finalmente, el límite occidental estaba formado por el Mar Grande y su playa. Estos eran los límites que bordeaban el territorio asignado a los clanes de los hijos de Judá.
Caleb en Hebrón
13 A Caleb, hijo de Iefuné, se le asignó una parte en medio de los hijos de Judá, como el Señor se lo había ordenado a Josué. Esa parte era Quiriat Arbá –Arbá era el padre de Anac y Quiriat Arbá es Hebrón–.
14 Caleb expulsó de allí a los tres hijos de Anac –Sesai, Ajimán y Talmai– descendientes de Anac.
15 Luego subió contra los habitantes de Debir, que antes se llamaba Quiriat Séfer.
16 Entonces Caleb dijo: «Al que derrote y conquiste a Quiriat Séfer, yo le daré como esposa a mi hija Acsá».
17 El que la conquistó fue Otniel, hijo de Quenaz y hermano de Caleb, y este le dio como esposa a su hija Acsá.
18 Cuando ella llegó a la casa de su esposo, este le sugirió que pidiera un campo a su padre. Ella se bajó del asno, y Caleb le preguntó: «¿Qué quieres?».
19 «Quiero que me hagas un regalo, le respondió. Ya que me has mandado al territorio del Négueb, concédeme al menos un manantial». Y él le dio el manantial de Arriba y el manantial de Abajo.
Las ciudades de la tribu de Judá
20 Esta fue la herencia de los clanes de la tribu de Judá.
21 Las ciudades fronterizas pertenecientes a la tribu de los hijos de Judá, hacia la frontera de Edom, en el Négueb, eran las siguientes: Cabseel, Eder, Iagur,
22 Quiná, Dimoná, Adadá,
23 Quedes, Jasor, Itnam,
24 Zif, Télem, Bealot,
25 Jasor Jadatá, Queriot, Jesrón –o sea Jasor–
26 Amam, Semá, Moladá,
27 Jasar Gadá, Jesmón, Bet Pélet,
28 Jasar Sual, Berseba, Biziotiá,
29 Baalá, Iyim, Esem,
30 Eltolad, Quesil, Jormá,
31 Siquelag, Madmaná, Sansaná;
32 Lebaot, Silijím, En Rimón: en total veintinueve ciudades con sus poblados.
33 En la Sefelá: Estaol Sorá, Asna,
34 Zanóaj, En Ganín, Tupúaj, Enán,
35 Iarmut, Adulán, Socó, Azecá,
36 Saaraim, Aditaim, Ha Guederá, Guedorotaim: en total catorce ciudades con sus poblados.
37 Senan, Jadasá, Migdal Gad.
38 Dilán, Ha Mispá, Iocteel,
39 Laquís, Boscat, Eglón,
40 Cabón, Lajmás, Quitlís,
41 Guederot, Bet Dagón, Naamá, Maquedá: en total dieciséis ciudades con sus poblados.
42 Libná, Eter, Asán,
43 Iftaj, Asná, Nesib,
44 Queilá, Aczib, Maresá: en total, nueve ciudades con sus poblados.
45 Ecrón, con las ciudades dependientes y sus poblados,
46 y a partir de Ecrón, hacia el mar, todas aquellas ciudades que están al lado de Asdod, con sus poblados:
47 Asdod con las ciudades dependientes y sus poblados, Gaza con las ciudades dependientes y sus poblados, hasta el Torrente de Egipto, limitando con el mar Grande.
48 En la Montaña: Samir, Iatir, Socó,
49 Daná, Quiriat Séfer –o sea, Debir–
50 Anab, Estemoa, Aním,
51 Gosen, Jolón, Guiló: en total, once ciudades con sus poblados.
52 Arab, Dumá, Esán,
53 Ianúm, Bet Tapúaj, Afec,
54 Jumtá, Quiriat Arbá –o sea, Hebrón– y Sior: en total nueve ciudades con sus poblados.
55 Maón, Carmel, Zif, Iutá,
56 Izreel, Zanoaj,
57 Ha Caín, Guibeá y Timná: en total, diez ciudades con sus poblados.
58 Jaljul, Bet Sur, Guedor,
59 Maarat, Bet Anot, Eltecón: en total seis ciudades con sus poblados.
60 Quiriat Baal –o sea, Quiriat Iearim– y Ha Rabá: en total, dos ciudades con sus poblados.
61 En el desierto: Bet Ha Arabá, Midím, Secacá,
62 Nigsán, la ciudad de la Sal y Engadí: en total, seis ciudades con sus poblados.
63 Pero los hijos de Judá no pudieron desposeer a los jebuseos, que ocupaban Jerusalén. Por eso los jebuseos viven todavía hoy en Jerusalén, junto a los hijos de Judá.
 
 
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El Antiguo Testamento
 JOSUÉ C. 16

Capítulo 16
La tribu de Efraím
1 La parte que tocó en suerte a los hijos de José se extendía desde el Jordán, a la altura de Jericó, hasta las aguas de Jericó, por el este; luego venía el desierto, que desde Jericó sube por la montaña hasta Betel;
2 siguiendo de Betel hasta Luz, pasaba por Atarot, o sea por el territorio de los arquitas;
3 después bajaba al oeste, hacia el territorio de los iafletitas, hasta la región de Bet Jorón de Abajo y hasta Guézer, y terminaba en el mar,
4 Esta es la parte que recibieron como herencia Manasés y Efraím, los hijos de José.
5 El territorio correspondiente a los clanes de los efraimitas fue el siguiente: el límite de su herencia, por el lado oriental, era Atarot Adar hasta Bet Jorón de Arriba,
6 y llegaba hasta el mar. Al norte estaba Micmetat, y al este, el límite doblaba hacia Taanat Silo, pasando al este de Ianóaj.
7 Después bajaba de Ianóaj a Atarot y a Naará, y tocaba Jericó, para terminar en el Jordán.
8 Desde Tapúaj, la frontera iba hacia el oeste por el torrente de Caná, y terminaba en el mar. Esta es la herencia asignada a los clanes de los efraimitas,
9 además de las ciudades distribuidas a ellos dentro de las posesiones de los hijos de Manasés, todas las ciudades con sus poblados.
10 Pero ellos no pudieron desposeer a los cananeos que habitaban en Guézer, y por eso siguen viviendo en medio de Efraím hasta el día de hoy, aunque tienen que pagar tributo.


 
 
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El Nuevo Testamento
HECHOS
DE LOS APÓSTOLES C. 14

Capítulo 14
1 En Iconio, Pablo y Bernabé entraron en la sinagoga de los judíos, como lo hacían habitualmente, y predicaron de tal manera que un gran número de judíos y paganos abrazaron la fe.
2 Pero los judíos que no creyeron, incitaron a los paganos y los indispusieron en contra de los hermanos.
3 A pesar de todo, Pablo y Bernabé prolongaron su estadía y hablaban con toda libertad, confiados en el Señor que confirmaba el mensaje de su gracia, dándoles el poder de realizar signos y prodigios.
4 Los habitantes de la ciudad se dividieron en dos bandos, uno en favor de los judíos y otro en favor de los Apóstoles.
5 Pero como los paganos y los judíos, dirigidos por sus jefes, intentaron maltratar y apedrear a los Apóstoles,
6 estos, al enterarse, huyeron a Listra y a Derbe, ciudades de Licaonia, y a sus alrededores;
7 y allí anunciaron la Buena Noticia.
8 Había en Listra un hombre que tenía las piernas paralizadas. Como era tullido de nacimiento, nunca había podido caminar,
9 y sentado, escuchaba hablar a Pablo. Este mirándolo fijamente, vio que tenía la fe necesaria para ser curado,
10 y le dijo en voz alta: «Levántate, y permanece erguido sobre tus pies». El se levantó de un salto y comenzó a caminar.
11 Al ver lo que Pablo acababa de hacer, la multitud comenzó a gritar en dialecto licaonio: «Los dioses han descendido hasta nosotros en forma humana,
12 y daban a Bernabé el nombre de Júpiter, y a Pablo el de Mercurio porque era el que llevaba la palabra.
13 El sacerdote del templo de Júpiter que estaba a la entrada de la ciudad, trajo al atrio unos toros adornados de guirnaldas y, junto con la multitud, se disponía a sacrificarlos.
14 Cuando Pablo y Bernabé se enteraron de esto, rasgaron sus vestiduras y se precipitaron en medio de la muchedumbre, gritando:
15 «Amigos, ¿qué están haciendo? Nosotros somos seres humanos como ustedes, y hemos venido a anunciarles que deben abandonar esos ídolos para convertirse al Dios viviente que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos.
16 En los tiempos pasados, él permitió que las naciones siguieran sus propios caminos.
17 Sin embargo, nunca dejó de dar testimonio de sí mismo, prodigando sus beneficios, enviando desde el cielo lluvias y estaciones fecundas, dando el alimento y llenando de alegría los corazones».
18 Pero a pesar de todo lo que dijeron, les costó mucho impedir que la multitud les ofreciera un sacrificio
19 Vinieron de Antioquía y de Iconio algunos judíos que lograron convencer a la multitud. Entonces apedrearon a Pablo y, creyéndolo muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad.
20 Pero él se levantó y, rodeado de sus discípulos, regresó a la ciudad. Al día siguiente, partió con Bernabé rumbo a Derbe.
21 Después de haber evangelizado esta ciudad y haber hechos numerosos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia.
22 Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.
23 En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído.
24 Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia.
25 Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía.
26 Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababa de cumplir.
27 A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos.
28 Después permanecieron largo tiempo con los discípulos.


 
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