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DIA 75-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO



75 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO




El Antiguo Testamento
NÚMEROS C. 31



Capítulo 31
La guerra contra Madián
1 El Señor dijo a Moisés:
2 «Tienes que vengar a Israel de los madianitas, después irás a reunirte con los tuyos».
3 Entonces Moisés dijo al pueblo: «Que algunos de ustedes se equipen para el combate y ataquen a Madián, para ejecutar contra ellos la venganza del Señor.
4 Deberán enviar al combate mil hombres por cada una de las tribus de Israel».
5 Entre las divisiones de Israel se reclutaron doce mil hombres equipados para la guerra, a razón de mil hombres por tribu,
6 y Moisés los envió al combate, junto con Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, que llevaba consigo los vasos sagrados y las trompetas para lanzar el grito de guerra.
7 Ellos pelearon contra Madián, como el Señor lo había ordenado a Moisés, y mataron a todos los varones.
8 Además de otras víctimas, mataron a los cinco reyes de Madián: Eví, Réquem, Sur, Jur y Reba. También pasaron al filo de la espada a Balaam hijo de Beor.
9 Los israelitas tomaron cautivas a las mujeres y a los hijos de los madianitas, y se llevaron como botín todos sus animales, sus rebaños y sus bienes.
10 Además incendiaron las ciudades donde ellos habitaban y sus campamentos.
11 Luego recogieron todo el botín –tanto hombres como animales–
12 y se lo llevaron a Moisés, al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad de los israelitas, que estaban acampados en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó.

Las mujeres cautivas y la purificación del botín
13 Cuando Moisés, el sacerdote Eleazar y todos los jefes de la comunidad salieron a recibirlos fuera del campamento,
14 Moisés se irritó contra los comandantes del ejército y contra los oficiales de los regimientos de mil y cien soldados, que volvían de la expedición,
15 y les dijo: «¿Por qué han perdonado la vida a todas las mujeres?
16 Fueron ellas las que, por instigación de Balaam indujeron a los israelitas a ser infieles al Señor en el incidente de Peor, y por eso la comunidad del Señor fue azotada por la plaga.
17 Por lo tanto, maten a todos los niños varones y a todas las mujeres que hayan tenido relaciones con un hombre.
18 Perdonen, en cambio, a las jóvenes que no hayan tenido relaciones con un hombre.
19 En cuanto a ustedes, quédense fuera del campamento durante siete días; y en cualquiera de ustedes o de los cautivos que haya matado a una persona o haya tocado un cadáver, deberá purificarse al tercero y al séptimo día.
20 También deberán purificar todas las prendas de vestir y todos los objetos de piel, de cuero de cabra o de madera».
21 Entonces el sacerdote Eleazar dijo a las tropas de habían participado de la batalla: «Esta es una prescripción de la ley que el Señor dictó a Moisés: «Todo lo que resiste al fuego,
22 ya sea oro, plata, bronce, hierro, estaño o plomo,
23 lo harán pasar por el fuego para que sea purificado, aunque también deberá ser purificado con agua lustral; en cambio, harán pasar sólo por el agua lo que no puede resistir al fuego.
24 Al séptimo día ustedes lavarán su ropa y quedarán puros. Después podrán entrar en el campamento».

El reparto del botín
25 Luego el Señor dijo a Moisés:
26 «Tú, el sacerdote Eleazar y los jefes de familia de la comunidad harán el inventario del botín que ha sido capturado, tanto hombres como animales.
27 Después lo repartirás, por partes iguales, entre los combatientes que participaron de la campaña y el resto de la comunidad.
28 Además, debes separar para el Señor, como tributo de los guerreros que han ido al combate, una vida de cada quinientas, tanto de las personas como del ganado mayor, de los asnos y del ganado menor.
29 Esto lo tomarás de la mitad que les corresponda y se lo entregarás al sacerdote Eleazar como un tributo para el Señor.
30 De la mitad que corresponda a los demás israelitas, tanto de las personas como de los animales –del ganado mayor, de los asnos y del ganado menor– tomarás una vida por cada cincuenta y se las entregarás a los levitas que realizan tareas en la Morada del Señor».
31 Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron lo que el Señor había ordenado.
32 El total del botín –además de los despojos que habían recogido las tropas– ascendió a 675.000 cabezas de ganado menor,
33 72.000 de ganado mayor,
34 61.000 asnos,
35 y 32.000 personas, a saber, las jóvenes que no habían tenido relaciones con un hombre.
36 Por lo tanto, la mitad correspondiente a los que habían participado de la campaña fueron 337.500 cabezas de ganado menor,
37 y el tributo para el Señor fue de 675;
38 36.000 cabezas de ganado mayor, y el tributo para el Señor, 72;
39 30.500 asnos, y el tributo para el Señor, 61.
40 Las personas fueron 16.000, y el tributo para el Señor, 32.
41 Moisés entregó al sacerdote Eleazar el tributo recogido para el Señor, como él se lo había ordenado.
42 La parte correspondiente a los otros israelitas –que Moisés había tomado del botín de los combatientes–
43 sumó 337.500 cabezas de ganado menor,
44 36.000 cabezas de ganado mayor,
45 30.500 asnos,
46 y 16.000 personas.
47 De esta mitad correspondiente a los israelitas, Moisés tomó cada uno de cada cincuenta hombre y animales, y se los entregó a los levitas que realizaban tareas en la Morada del Señor, como el Señor se lo había ordenado.

Las ofrendas
48 Los comandantes de las tropas y los jefes de los regimientos de mil y cien soldados se acercaron a Moisés,
49 y el dijeron: «Hemos hechos el recuento de los soldados que están en nuestras órdenes y no falta ni uno solo.
50 Por eso hemos traído, como ofrenda al Señor, los objetos de oro que ha recogido cada uno: pulseras, brazaletes, anillos, aros y pendientes. Así se hará en favor nuestro el rito de expiación delante del Señor».
51 Entonces Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron de ellos todo ese oro, todas esas joyas.
52 El oro que los oficiales de los regimientos de mil y cien soldados ofrecieron como tributo al Señor, llegó a un total de dieciséis mil setecientos cincuenta siclos.
53 Entre la tropa, en cambio, cada uno guardó para sí lo que había recogido.
54 Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de los oficiales, y lo llevaron a la Carpa del Encuentro, como memorial de los israelitas delante del Señor.

 
 
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El Antiguo Testamento 
 NÚMEROS C. 32



Capítulo 32
La propuesta de los rubenitas y los gaditas
1 Los rubenitas y los gaditas tenían una enorme cantidad de ganado. Al ver que las regiones de Iázer y de Galaad eran un terreno apto para el ganado,
2 fueron a ver a Moisés, al sacerdote Eleazar y a los jefes de la comunidad, y les dijeron:
3 «Atarot, Dibón, Iázer, Nimrá, Jesbón, Elalé, Sebán, Nebo y Beón
4 –la tierra que el Señor ha conquistado para la comunidad de Israel– es un terreno apto para el ganado, y nosotros, tus servidores, tenemos una gran cantidad.
5 Si estás dispuesto a hacernos un favor, continuaron diciendo, que se nos dé esa tierra en posesión. No nos hagas cruzar el Jordán».

La respuesta de Moisés
6 Pero Moisés respondió a los gaditas y a los rubenitas: «¿Así que ustedes se quedarán aquí, mientras sus hermanos van a la guerra?
7 ¿Por qué desalientan a los israelitas para no crucen al país que el Señor les ha dado?
8 Esto es lo hicieron sus padres cuando yo los envié desde Cades Barné a reconocer el país.
9 Después que fueron al valle de Escol y vieron al país, ellos desalentaron a los israelitas, a fin de que no invadieran la tierra que el Señor les había dado.
10 Por eso, aquel día el Señor se indignó y pronunció este juramento:
11 «Ninguno de los hombres mayores de veinte años que salieron de Egipto verá la tierra que prometí con el juramente a Abraham, a Isaac y a Jacob, porque ellos me han sido infieles.
12 Ninguno, excepto Caleb, hijo de Iefuné, el quenizita, y Josué, hijo de Nun, que permanecieron fieles al Señor».
13 Así se indignó el Señor contra Israel y los hizo andar errantes por el desierto, hasta que desapareció toda aquella generación que había desagradado al Señor.
14 Y ahora ustedes, raza de pecadores, ocupan el lugar de sus padres para añadir todavía más al enojo del Señor contra Israel.
15 Si se apartan del Señor, él los dejará todavía en el desierto, y así ustedes causarán la ruina de todo este pueblo».

Nueva propuesta de los rubenitas y los gaditas
16 Entonces ellos se acercaron a Moisés, y le dijeron: «Quisiéramos hacer aquí corrales para nuestro ganado y poblados para nuestros hijos.
17 Nosotros, en cambio, tomaremos las armas para ir a la vanguardia de los israelitas, hasta que los hayamos introducido en el lugar de su destino. Mientras tanto, nuestros hijos permanecerán en ciudades fortificada, al resguardo de los habitantes del país.
18 No volveremos a nuestros hogares hasta que cada israelita haya tomado posesión de su propiedad hereditaria.
19 Y no nos repartiremos con ellos la herencia al otro lado del Jordán, porque ya nos ha tocado una parte en el lado oriental».

El acuerdo de Moisés con los rubenitas y los gaditas
20 Moisés les respondió: «Si ustedes proceden así, si toman las armas para combatir a las órdenes del Señor,
21 y si cada guerrero cruza el Jordán, bajo las órdenes del Señor, hasta que expulse a sus enemigos delante de él,
22 y el país le quede sometido, ustedes podrán volver. Así quedarán libres de toda obligación respecto del Señor y respecto de Israel, y esa tierra será posesión de ustedes delante del Señor.
23 Pero si no proceden de esa manera, habrán pecado contra el Señor, y pueden estar seguros de que su pecado los condenará.
24 Construyan poblados para sus hijos y corrales para su ganado, pero cumplan los que han prometido».
25 Los gaditas y los rubenitas respondieron a Moisés: «Tus servidores, señor, harán lo que tú les mandas.
26 Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros rebaños y todo nuestro ganado quedarán atrás, en las ciudades de Galaad,
27 mientras nosotros, todos los que estamos equipados para la guerra, cruzaremos para combatir a las órdenes del Señor, como él lo ha mandado».
28 Luego Moisés dio instrucciones al sacerdote Eleazar, a Josué hijo de Nun, y a los jefes de familia de las tribus israelitas,
29 diciéndoles: «Si los gaditas y los rubenitas atraviesan con ustedes el Jordán para combatir como guerreros a las órdenes del Señor, hasta que el país les esté sometido, ustedes les darán como posesión la tierra de Galaad.
30 Pero si no lo hacen, recibirán una posesión en medio de ustedes, en el país de Canaán».
31 Los rubenitas y los gaditas respondieron: «Nosotros haremos todo lo que el Señor ha dicho respecto de tus servidores.
32 Pasaremos como guerreros a la tierra de Canaán, a las órdenes del Señor, pero conservaremos nuestra propiedad hereditaria al otro lado del Jordán».

El reparto de la Transjordania
33 Así Moisés asignó a los gaditas, a los rubenitas y a la mitad de la tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Sijón, rey de los amorreos, y el reino de Og, rey de Basán: el territorio con sus diversas ciudades y el territorio de los poblados vecinos.
34 Los gaditas reedificaron las ciudades fortificadas de Dibón, Atarot, Aroer,
35 Atarot Sofán, Iázer, Iogboa,
36 Bet Nimrá y Bet Jarán, e hicieron corrales para el ganado.
37 Los rubenitas reedificaron Jesbón, Elalé, Quiriataim,
38 Nebo, Baal Meón –algunos nombres fueron cambiados– y Sibmá: ellos pusieron sus propios nombres a las ciudades reedificadas.
39 Los descendientes de Maquir, hijo de Manasés, partieron para Galaad y lo conquistaron, despojando a los amorreos que se encontraban allí.
40 Moisés dio el territorio de Galaad a Maquir, hijo de Manasés, quien se estableció allí.
41 Iaír, hijo de Manasés, fue a conquistar sus poblados y los llamó Campamento de Iaír.
42 Nobá fue a conquistar Quenat y sus ciudades dependientes, y les puso su propio nombre: Nobá.


 
 
 
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El Nuevo Testamento 
EVANGELIO 
SEGÚN SAN JUAN C. 8
 



Capítulo 8
1 Jesús fue al monte de los Olivos.
2 Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a el. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
3 Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos,
4 dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
5 Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?».
6 Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
7 Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra».
8 E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
9 Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí,
10 e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?».
11 Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante».
12 Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida».
13 Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale».
14 Jesús les respondió: «Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy.
15 Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie,
16 y si lo hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió.
17 En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido.
18 Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí».
19 Ellos le preguntaron: «¿Dónde está tu Padre?». Jesús respondió: «Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre».
20 El pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora.
21 Jesús les dijo también: «Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir».
22 Los judíos se preguntaban: «¿Pensará matarse para decir: «Adonde yo voy, ustedes no pueden ir»?
23 Jesús continuó: «Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.
24 Por eso les he dicho: "Ustedes morirán en sus pecados". Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados».
25 Los judíos le preguntaron: «¿Quién eres tú?». Jesús les respondió: «Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo.
26 De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo».
27 Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre.
28 Después les dijo: «Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó.
29 El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada».
30 Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.
31 Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos:
32 conocerán la verdad y la verdad los hará libres».
33 Ellos le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: "Ustedes serán libres"»?.
34 Jesús les respondió: «Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado.
35 El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre.
36 Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres.
37 Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes.
38 Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre».
39 Ellos le replicaron: «Nuestro padre es Abraham». Y Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él.
40 Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso.
41 Pero ustedes obran como su padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios». Jesús prosiguió:
42 «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió.
43 ¿Por qué ustedes no comprenden mi lenguaje? Es porque no pueden escuchar mi palabra.
44 Ustedes tienen por padre al demonio y quieren cumplir los deseos de su padre. Desde el comienzo él fue homicida y no tiene nada que ver con la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, habla conforme a lo que es, porque es mentiroso y padre de la mentira.
45 Pero a mí no me creen, porque les digo la verdad.
46 ¿Quién de ustedes probará que tengo pecado? Y si les digo la verdad. ¿por qué no me creen?
47 El que es de Dios escucha las palabras de Dios; si ustedes no las escuchan, es porque no son de Dios».
48 Los judíos le replicaron: «¿No tenemos razón al decir que eres un samaritano y que estás endemoniado?». Jesús respondió:
49 «Yo no estoy endemoniado, sino que honro a mi Padre, y ustedes me deshonran a mí.
50 Yo no busco mi gloria; hay alguien que la busca, y es él el que juzga.
51 Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás».
52 Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: «El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás».
53 ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?»
54 Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman «nuestro Dios»,
55 y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: «No lo conozco», sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.
56 Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría».
57 Los judíos le dijeron: «Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham».
58 Jesús respondió: «Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy».
59 Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.



 
 
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