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DIA 73-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO

73 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO


El Antiguo Testamento
NÚMEROS C. 27



Capítulo 27
Los derechos hereditarios de las hijas
1 Entonces se acercaron las hijas de Selofjad, hijo de Jéfer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés. Selofjad había pertenecido a los clanes de Manasés, hijo de José, y sus hijas se llamaban Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá.
2 Ellas se presentaron delante de Moisés, del sacerdote Eleazar, de los jefes y de toda la comunidad, a la entrada de la Carpa del Encuentro, y les dijeron:
3 «Nuestro padre murió en el desierto. El no formó parte del grupo que se amotinó contra el Señor –el grupo de Coré– sino que murió por su propio pecado y no tuvo ningún hijo varón.
4 ¿Por qué el nombre de nuestro padre tendrá que desaparecer de su clan? ¿Por el simple hecho de no haber tenido un hijo varón? Danos entonces una propiedad entre los hermanos de nuestro padre».
5 Moisés expuso el caso al Señor,
6 y el Señor le respondió:
7 «Las hijas de Selofjad tienen razón. Asígnales una propiedad hereditaria entre los hermanos de su padre y transfiéreles la herencia de su padre.
8 Di además a los israelitas: Si un hombre muere sin tener un hijo varón, ustedes harán que su herencia pase a su hija;
9 y si no tiene hija, se la dará a sus hermanos.
10 Si tampoco tiene hermanos, entregarán la herencia a los hermanos de su padre;
11 y si su padre no tiene hermanos, se la darán a su pariente más cercano entre los miembros de su familia, y este tomará posesión de ella». Esta es una prescripción legal para los israelitas, como el Señor lo ordenó a Moisés.

Josue constituido jefe de la comunidad
12 Luego el Señor dijo a Moisés: «Sube a esta montaña de los Abarím y contempla la tierra que he dado a los israelitas.
13 Una vez que la hayas contemplado, irás a reunirte con los tuyos, lo mismo que tu hermano Aarón.
14 Porque en el desierto de Sin, cuando la comunidad promovía una querella, ustedes se rebelaron contra la orden de manifestar mi santidad a los ojos de ellos por medio del agua». Se trata del agua de Meribá de Cades, en el desierto de Sin.
15 Entonces Moisés dijo al Señor:
16 «Que el Señor, el Dios que anima a todo viviente, ponga al frente de esta comunidad a un hombre
17 que la guíe en todos sus pasos y al que ellos obedezcan en todo. Así la comunidad del Señor no estará como una oveja sin pastor.:.
18 El Señor respondió a Moisés: «Toma a Josué, hijo de Nun, que es un hombre animado por el espíritu, e impone tu mano sobre él.
19 Luego lo presentarás al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad, para transmitirle tus órdenes en presencia de ellos,
20 y le comunicarás una parte de tu autoridad, a fin de que toda la comunidad de los israelitas le preste obediencia.
21 Josué deberá presentarse al sacerdote Eleazar, que consultará para él las decisiones del Urim, delante del Señor. El y toda la comunidad de los israelitas harán todo conforme a estas decisiones».
22 Moisés hizo lo que el Señor le había ordenado: tomó a Josué y lo presentó ante el sacerdote Eleazar y ante toda la comunidad.
23 Luego impuso su mano sobre él y le transmitió sus órdenes, como el Señor lo había ordenado por medio de Moisés.


 
 
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El Antiguo Testamento 
 NÚMEROS C. 28
 
 



Capítulo 28
Los sacrificios cotidianos
1 El Señor dijo a Moisés:
2 Transmite esta orden a los israelitas: Pongan cuidado de presentarme a su debido tiempo la ofrenda de alimentos que me pertenece, los sacrificios que se queman con aroma agradable a mí.
3 Dile también: Cada día ofrecerán dos corderos de un año y sin defecto, como holocausto perpetuo.
4 Los ofrecerán uno por la mañana y el otro a la hora del crepúsculo,
5 con una oblación consistente en la décima parte de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con un litro y medio de aceite puro de oliva.
6 Este es el holocausto perpetuo que fue ofrecido en la montaña del Sinaí, como ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor.
7 La libación correspondiente será un litro y medio de bebida fuerte por cada cordero, y se ofrecerá al Señor en el Santuario.
8 A la hora del crepúsculo ofrecerás el segundo cordero, con la misma oblación y la misma libación de la mañana: es una ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor.
El sacrificio sabático
9 El día sábado ofrecerán dos corderos de un año y sin defecto, con una oblación consistente en dos décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, y su correspondiente libación.
10 Es el holocausto sabático, que se añadirá cada sábado al holocausto perpetuo y a su libación.

El sacrificio mensual
11 El primer día de cada mes ofrecerán al Señor, como holocausto, dos novillos, un carnero y siete corderos de un año y sin defecto.
12 También ofrecerán tres décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, como oblación por cada novillo; dos décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, como oblación por el carnero;
13 y la décima parte de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, como oblación por cada cordero, Así el holocausto será una ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor.
14 Las libaciones correspondientes serán de tres litros de vino por el novillo, de dos litros por el carnero y de un litro y medio por el cordero. Este será el holocausto mensual, para todos los meses del año.
15 Además del holocausto perpetuo, de ofrecerá al Señor un chivo, como sacrificio por el pecado, con la libación correspondiente.

Los sacrificios para la Fiesta de los Ácimos
16 El día catorce del primer mes será la Pascua del Señor,
17 y el quince de ese mismo mes será un día de fiesta. Durante siete días comerán panes ácimos.
18 El primer día habrá una asamblea litúrgica y no harán trabajos de ninguna clase.
19 Además presentarán, como ofrenda que se quema en holocausto al Señor, dos novillos, un carnero y siete corderos de un año y sin defecto.
20 Con ellos presentarán, como oblación por el novillo, tres décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con aceite; dos décimas partes por el carnero,
21 y una décima parte por cada uno de los siete corderos.
22 También se ofrecerá un chivo como sacrificios por el pecado, a fin de realizar el rito de expiación en favor de ustedes.
23 Harán todo esto, además del holocausto matutino, que se ofrece como holocausto perpetuo.
24 Así lo harán cada uno de esos siete días. Es una ofrenda de alimentos, que se quema con aroma agradable al Señor, y se añade al holocausto perpetuo y a su oblación.
25 El séptimo día habrá otra asamblea litúrgica, y no harán trabajos de ninguna clase.

Los sacrificios para la Fiesta de las Semanas
26 El día de las primicias –cuando ofrezcan al Señor, en la fiesta de las Semanas, una oblación de frutos recién madurados– tendrán una asamblea litúrgica y no harán trabajos de ninguna clase.
27 También ofrecerán como holocausto de aroma agradable al Señor, dos novillos, un carnero y siete corderos de un año.
28 Con ellos, presentarán, como oblación por cada novillo, tres décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con aceite; dos décimas partes por cada carnero,
29 y una décima parte por cada uno de los siete corderos.
30 También se ofrecerá una chivo como sacrificio por el pecado, a fin de realizar el rito de expiación en favor de ustedes.
31 Harán todo esto con sus correspondientes libaciones, además del holocausto perpetuo y su oblación.


 
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El Nuevo Testamento 
EVANGELIO 
SEGÚN SAN JUAN C. 6
 


Capítulo 6
1 Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades.
2 Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos.
3 Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
4 Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.
5 Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?».
6 El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer.
7 Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan».
8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
9 «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?».
10 Jesús le respondió: «Háganlos sentar». Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.
11 Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.
12 Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada».
13 Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
14 Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo».
15 Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.
16 Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar
17 y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaúm, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos.
18 El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.
19 Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo.
20 El les dijo: «Soy yo, no teman».
21 Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban
22 Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos.
23 Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias.
24 Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús.
25 Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?».
26 Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.
27 Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello».
28 Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?».
29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado».
30 Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo».
32 Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
33 porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo».
34 Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».
35 Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.
36 Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen.
37 Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré,
38 porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió.
39 La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día.
40 Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día».
41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo».
42 Y decían: «¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madres. ¿Cómo puede decir ahora: «Yo he bajado del cielo»?
43 Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes.
44 Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.
45 Está escrito en el libro de los Profetas: "Todos serán instruidos por Dios". Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
46 Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
47 Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
48 Yo soy el pan de Vida.
49 Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
50 Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
52 Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».
53 Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
55 Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
57 Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».
59 Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm.
60 Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?».
61 Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza?
62 ¿Qué pasará entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
63 El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
64 Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
65 Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
66 Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.
67 Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?».
68 Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.
69 Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».
70 Jesús continuó: «¿No soy yo, acaso, el que los eligió a ustedes, los Doce? Sin embargo, uno de ustedes es un demonio».
71 Jesús hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, que era uno de los Doce, el que lo iba a entregar.


 
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