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DIA 69-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO


69 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO

El Antiguo Testamento
NÚMEROS C. 19



Capítulo 19
El rito para la preparación del agua lustral
1 El Señor dijo a Moisés y Aarón:
2 Esta es una prescripción de la ley que promulgó el señor: Di a los israelitas que te traigan una vaca roja, sin ningún defecto ni imperfección, y que nunca haya estado bajo el yugo.
3 Ustedes se la entregarán al sacerdote Eleazar. Luego será sacada fuera del campamento y degollada en su presencia.
4 El sacerdote Eleazar recogerá con el dedo un poco de sangre y hará siete aspersiones hacia la Carpa del Encuentro.
5 Después la vaca será quemada a la vista de él: se deberá quemar el cuero, la carne, la sangre e incluso los excrementos,
6 Entonces el sacerdote tomará un trozo de madera de cedro, un ramillete de hisopo y una cinta de púrpura roja y los arrojará en el fuego donde se queme la vaca.
7 En seguida lavará su ropa y se bañará con agua; después podrá entrar de nuevo en el campamento, pero será impuro hasta la tarde.
8 El que haya quemado la vaca lavará su ropa, se bañará con agua y será impuro hasta la tarde.
9 Un hombre que no haya incurrido en impureza recogerá las cenizas de la vaca y las depositará fuera del campamento, en un lugar puro. Así la comunidad de los israelitas las tendrá reservadas para preparar el agua lustral, que se usará en el rito de purificación.
10 El que recoja las cenizas de la vaca deberá lavar su ropa y será impuro hasta la tarde. Este es un decreto irrevocable para los israelitas y para los extranjeros que vivan entre ellos.

El uso del agua lustral
11 El que toque el cadáver de cualquier ser humano será impuro durante siete días.
12 El tercero y el séptimo día se purificará con el agua lustral, y será puro; y si no se purifica el tercero y el séptimo día, no será puro.
13 Cualquiera que toque un cadáver –el cuerpo de un hombre que ha muerto– y no se purifique, mancha la Morada del Señor y será excluido de Israel, Como no ha sido rociado con el agua lustral, permanece impuro: su impureza todavía está sobre él.
14 Esta es la ley que se aplicará cuando un hombre muera en una carpa: todos los que entren en la carpa y todos los que se encuentren en ella, serán impuros durante siete días.
15 También será impuro todo recipiente cuya abertura no haya sido cubierta con una tapa ajustada a él.
16 Y cualquiera que toque, en campo abierto, a una persona que fue asesinada o murió naturalmente, o huesos humanos, o una tumba, será impuro durante siete días.
17 Para aquel que es impuro, se tomará un poco de ceniza de la víctima quemada para la purificación, y se la mezclará con agua viva dentro de un recipiente.
18 Luego una persona pura tomará un ramillete de hisopo, lo sumergirá en el agua, y rociará la carpa, las vasijas y las personas que estuvieron allí o que tocaron los huesos, la persona asesinada o que murió de muerte natural, o la tumba.
19 La persona pura rociará a la impura el tercero y el séptimo día, y al séptimo la habrá purificado. Esta última lavará su ropa y se bañará con agua, y al atardecer será pura.
20 Si alguien que ha incurrido en impureza deja de purificarse, será excluido de la asamblea, porque ha manchado la Morada del Señor. El no ha sido rociado con el agua lustral, y por eso es impuro.
21 Este será para ustedes un decreto válido para siempre. Además, el que haga la aspersión con el agua lustral deberá lavar su ropa, y cualquiera que toque el agua lustral, será impuro hasta la tarde.
22 Si toca a otra persona, esta también será impuro, y si alguien lo toca será impuro hasta la tarde.


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El Antiguo Testamento 
 NÚMEROS C. 20
 

Capítulo 20
La muerte de Miriam
1 En el primer mes, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, y el pueblo se estableció en Cades. Allí murió y fue enterrada Miriam.
El agua brotada de la roca
2 Como la comunidad no tenía agua, se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón.
3 El pueblo promovió una querella contra Moisés diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor!
4 ¿Por qué trajeron a este desierto a la asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, nosotros y nuestro ganado?
5 ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar miserable, donde no hay sembrados, ni higueras, ni viñas, ni granados, y donde ni siquiera hay agua para beber?
6 Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea, fueron a la entrada de la Carpa del Encuentro y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les apareció la gloria del Señor,
7 y el Señor dijo a Moisés:
8 «Toma el bastón y convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. Después, a la vista de todos, manden a la roca que dé sus aguas. Así harás para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado».
9 Moisés tomó el bastón que estaba delante del Señor, como él se lo había mandado.
10 Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés lees dijo: «¡Escuchen, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para ustedes?».
11 Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. El agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado.
12 Pero el Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Por no haber confiado lo bastante en mí para que yo manifestara mi santidad ante los israelitas, les aseguro que no llevarán a este pueblo hasta la tierra que les he dado».
13 Estas son las aguas de Meribá –que significa «Querella»– donde los israelitas promovieron una querella contra el Señor y con las que él manifestó contra el Señor y con las que él manifestó su santidad.

El conflicto entre Israel y Edóm
14 Moisés envió desde Cades unos mensajeros al rey de Edom, con esta propuesta: «Así habla tu hermano Israel: «Tú conoces todas las dificultades con que hemos tropezado.
15 Nuestros antepasados bajaron a Egipto, y allí estuvimos durante mucho tiempo. Los egipcios nos trataron duramente, a nosotros y a nuestros antepasados.
16 Pero pedimos auxilio al Señor, y él escuchó nuestra voz y nos envió un Angel que nos sacó de Egipto. Ahora estamos en Cades, la población que está al borde de tu territorio.
17 Déjanos pasar por tu país. No cruzaremos por los campos ni por los viñedos, ni beberemos agua de los pozos. Iremos solamente por el camino principal, sin desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda, hasta que hayamos atravesado tu territorio».
18 Pero Edom les respondió: «Ustedes no pasarán por aquí. Si lo hacen, saldré contra ustedes, espada en mano».
19 Los israelitas les respondieron: «Iremos por la ruta, y si nosotros o nuestro ganado llegamos a beber agua, te la pagaremos. Sólo queremos pasar a pie: es una cosa insignificante».
20 Pero ellos respondieron: «No pasarán». Y Edom salió a atacarlos con una tropa numerosa y bien armada.
21 Y Edom impidió que los israelitas pasaran por su territorio, ellos dieron un rodeo.

La muerte de Aarón
22 Toda la comunidad partió de Cades y los israelitas llegaron al monte Hor.
23 En el monte Hor, que está en la frontera de Edom el Señor dijo a Moisés y a Aarón:
24 «Que Aarón vaya a reunirse con los suyos, porque él no entrará en la tierra que yo di a los israelitas, ya que ustedes se rebelaron contra mis órdenes junto a las aguas de Meribá.
25 Toma a Aarón y a su hijo Eleazar, y llévalos al monte Hor.
26 Allí despojarás a Aarón de sus vestiduras y se las pondrás a su hijo Eleazar. Entonces Aarón se reunirá con los suyos, porque allí morirá».
27 Moisés hizo lo que el Señor le había mandado: él, Aarón y su hijos Eleazar subieron al monte Hor a la vista de toda la comunidad.
28 Luego Moisés quitó las vestiduras a Aarón y se las puso a su hijo Eleazar. Aarón murió en la cima de la montaña. Cuando Moisés y Eleazar bajaron de la montaña,
29 toda la comunidad supo que Aarón había muerto. Y todo Israel lloró a Aarón durante treinta días.


 
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El Nuevo Testamento
EVANGELIO
SEGÚN SAN JUAN C. 2


Capítulo 2
1 Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.
2 Jesús también fue invitado con sus discípulos.
3 Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino».
4 Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía».
5 Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga».
6 Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una.
7 Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde.
8 «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron.
9 El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su o rigen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo
10 y les dijo: «Siempre se sirve primero el bu en vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento».
11 Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
12 Después de esto, descendió a Cafarnaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí unos pocos días.
13 Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén
14 y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
15 Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas
16 y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio».
17 Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
18 Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?».
19 Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar».
20 Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
21 Pero él se refería al templo de su cuerpo.
22 Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
23 Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba.
24 Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos
25 y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.



 
 
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