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DIA 63-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO

63 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO


El Antiguo Testamento
NÚMEROS C. 7




Capítulo 7
Las ofrendas de los jefes para la dedicación del Santuario
1 Cuando Moisés terminó de erigir la Morada, la ungió y la consagró, junto con todo su mobiliario, y lo mismo hizo con el altar y sus utensilios. Y una vez que la ungió y la consagró,
2 los jefes de Israel –los jefes de las familias patriarcales, los capitanes de las tribus, los encargados de supervisar el censo– se acercaron
3 a presentar sus ofrendas delante del Señor, a saber, seis carros de carga y doce bueyes, un carro cada dos jefes y un buey por cada uno. Al presentarlos ante la Morada,
4 el Señor dijo a Moisés:
5 «Acéptales estas cosas para que sean usadas en el culto de la Carpa del Encuentro, y dáselas a los levitas de acuerdo con el servicio que presta cada uno».
6 Entonces Moisés recibió los carros y los bueyes y se los dio a los levitas:
7 a los gersonitas les dio dos carros y cuatro bueyes, como exigían los servicios que ellos prestaban;
8 y a los meraritas, cuatro carros y ocho bueyes, como exigían los servicios que ellos prestaban a las órdenes de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.
9 A los quehatitas, en cambio, no les dio nada, porque ellos se ocupaban de los objetos más santos y tenían que llevar su carga al hombro.
10 Los jefes presentaron la ofrenda de la dedicación del altar cuando este fue ungido. Y mientras iban presentado sus ofrendas ante el altar,
11 el Señor dijo a Moisés: Que cada día un jefe ofrezca por turno su ofrenda por la dedicación del altar».

La ofrenda de la tribu de Judá
12 El que presentó su ofrenda el primer día fue Najsón, hijo de Aminadab, de la tribu de Judá.
13 Su ofrenda consistió en una fuente de planta, que pesa ciento treinta siclos, y en un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
14 una naveta de oro,, de diez siclos, llena de incienso;
15 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
16 un chivo para un sacrificio por el pecado;
17 y dos bueyes, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Esta fue la ofrenda de Najsón, hijo de Aminadab.

La ofrenda de la tribu de Isacar
18 El segundo día presentó su ofrenda Natanael, hijo de Suar, jefe de la tribu de Isacar.
19 El presentó como ofrenda una fuente de planta, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
20 una naveta de oro de diez siclos, llena de incienso;
21 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
22 un chivo para un sacrifico por el pecado;
23 y dos bueyes, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Esta fue la ofrenda de Natanael, hijo de Suar.

La ofrenda de la tribu de Zabulón
24 el tercer día presentó su ofrenda Eliab, hijo de Jelón, jefe de la tribu de Zabulón.
25 El presentó como ofrenda una fuente de plata, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
26 una naveta de oro, de diez siclos, llena de incienso;
27 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
28 un chivo para un sacrificio por el pecado;
29 y dos bueyes, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Esta fue la ofrenda de Eliab, hijo de Jelón.

La ofrenda de la tribu de Rubén
30 El cuarto día presentó su ofrenda Elisur, hijo de Sedeur, jefe de la tribu de Rubén.
31 El presentó como ofrenda una fuente de plata, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para oblación;
32 una naveta de oro, de diez siclos, llena de incienso,
33 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
34 un chivo para un sacrificio por el pecado;
35 y dos bueyes, cinco, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Esta fue la ofrenda de Elisur, hijo de Sedeur.

La ofrenda de la tribu de Simeón
36 El quinto día presentó su ofrenda Selumiel, hijo de Surisadai, jefe de la tribu de Simeón.
37 El presentó como ofrenda una fuente de plata, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad. amasada con aceite, para una oblación;
38 una naveta de oro de diez siclos, llena de incienso;
39 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
40 un chivo para un sacrifico por el pecado;
41 y dos bueyes, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrifico de comunión. Esta fue la ofrenda de Selumiel, hijo de Surisadai.

La ofrenda de la tribu de Gad
42 El sexto día presentó su ofrenda Eliasaf, hijo de Deuel, jefe de la tribu de Gad.
43 El presentó como ofrenda una fuente de plata, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
44 una naveta de oro, de diez siclos, llena de incienso;
45 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
46 un chivo para un sacrificio por el pecado;
47 y dos bueyes, cinco carnero, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Esta fue la ofrenda de Eliasaf, hijo de Deuel.

La ofrenda de la tribu de Efraím
48 El séptimo día presentó su ofrenda Elisamá, hijo de Amihud, jefe de la tribu de Efraím.
49 El presentó como ofrenda una fuente de plata, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
50 una naveta de oro, de diez siclos, llena de incienso;
51 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
52 un chivo para un sacrificio por el pecado;
53 y dos bueyes, cinco carnero, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Esta fue la ofrenda de Elisamá, hijo de Amihud.

La ofrenda de la tribu de Manasés
54 El octavo día presentó su ofrenda Gamaliel, hijo de Padasur, jefe de la tribu de Manasés.
55 El presentó como ofrenda una fuente de plata, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
56 una naveta de oro, diez siclos, llena de incienso;
57 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
58 un chivo para un sacrificio por el pecado;
59 y dos bueyes, cinco carnero, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrifico de comunión. Esta fue la ofrenda de Gamaliel, hijo de Padasur.

La ofrenda de la tribu de Benjamín
60 El noveno día presentó su ofrenda Abidán, hijo de Gedeón, jefe de la tribu de Benjamín.
61 El presentó como ofrenda una fuente de plata, que pesa ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
62 una naveta de oro, de diez siclos, llena de incienso;
63 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
64 un chivo para un sacrificio por el pecado;
65 y dos bueyes, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Esta fue la ofrenda de Abidán, hijo de Gedeón.
La ofrenda de la tribu de Dan
66 El décimo día presentó su ofrenda Ajiézer, hijo de Amisaddai, jefe de la tribu de Dan.
67 El presentó como ofrenda una fuente de plata, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
68 una naveta de oro, de diez siclos, llena de incienso;
69 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
70 un chivo para un sacrificio por el pecado;
71 y dos bueyes, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Esta fue la ofrenda de Ajiézer, hijo de Amisadai.
La ofrenda de la tribu de Aser
72 El undécimo día presentó su ofrenda Paguiel, hijo de Ocrán, jefe de la tribu de Aser.
73 El presentó como ofrenda una fuente de planta, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
74 una naveta de oro, de diez siclos, llena de incienso;
75 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
76 un chivo para un sacrificio por el pecado;
77 y dos bueyes, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrifico de comunión. Esta fue la ofrenda de Paguiel, hijo de Ocrán.

La ofrenda de la tribu de Neftalí
78 El duodécimo día presentó su ofrenda Ajirá, hijo de Enán, jefe de la tribu de Neftalí.
79 El presentó como ofrenda una fuente de plata, que pesaba ciento treinta siclos, y un tazón de plata, de setenta siclos –en siclos del Santuario– ambos recipientes llenos de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, para una oblación;
80 una naveta de oro, de diez siclos, llena de incienso;
81 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto;
82 un chivo para un sacrificio por el pecado;
83 y dos bueyes, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrifico de comunión. Esta fue la ofrenda de Ajirá, hijo de Enán.

Conclusión
84 Esta fue la ofrenda de los jefes de Israel para la dedicación del altar, el día en que fue ungido: doce fuentes de plata, doce tazones de plata y doce navetas de oro.
85 Cada fuente pesaba ciento treinta siclos, y cada tazón, setenta. Toda la plata de estos objetos sumaba en total dos mil cuatrocientos siclos, en siclos del Santuario.
86 Las doce navetas de oro llenas de incienso –a razón de diez siclos del Santuario por naveta– sumaban en total ciento veinte siclos.
87 Los animales presentados para los holocaustos fueron en total doce novillos, doce carneros y doce corderos de un año, con sus oblaciones correspondientes; y los presentados para el sacrificio por el pecado fueron doce chivos.
88 Los animales ofrecidos para los sacrificios de comunión fueron en total veinticuatro novillos, sesenta carneros, sesenta chivos y sesenta corderos de un año. Estas fueron las ofrendas para la dedicación del altar, cuando fue ungido.
El diálogo de Dios con Moisés
89 Cuando moisés entraba en la Carpa del Encuentro para conversar con el Señor, oía la voz que le hablaba desde lo alto de la tapa que estaba sobre el Arca del Testimonio, entre los dos querubines. Así el Señor le hablaba a Moisés.





Copyright © Libreria Editrice Vaticana


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El Nuevo Testamento
EVANGELIO
SEGÚN SAN LUCAS C. 19



Capítulo 19
1 Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad.
2 Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos.
3 El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.
4 Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí,
5 Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa».
6 Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador».
8 Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más».
9 Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombres es un hijo de Abraham,
10 porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
11 Como la gente seguía escuchando, añadió una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.
12 El les dijo: «Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida.
13 Llamó a diez de sus servidores y les entró cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: "Háganlas producir hasta que yo vuelva".
14 Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: "No queremos que este sea nuestro rey".
15 Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
16 El primero se presentó y le dijo: "Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más".
17 "Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades".
18 Llegó el segundo y el dijo: "Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más".
19 A él también le dijo: "Tú estarás al frente de cinco ciudades".
20 Llegó el otro y le dijo: "Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo.
21 Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigentes, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado".
22 El le respondió: "Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigentes, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré,
23 ¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses"
24 Y dijo a los que estaban allí: "Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más".
25 "¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!".
26 "Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.
27 En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia"».
28 Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén.
29 Cuando se acercó a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:
30 «Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo;
31 y si alguien les pregunta: «¿Por qué lo desatan?», respondan: «El Señor lo necesita».
32 Los enviados partieron y encontraron todo como él les había dicho.
33 Cuando desataron el asno, sus dueños les dijeron: «¿Por qué lo desatan?».
34 Y ellos respondieron: «El Señor lo necesita».
35 Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, lo hicieron montar.
36 Mientras él avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino.
37 Cuando Jesús se acercaba a la pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían visto.
38 Y decían:»¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!».
39 Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos».
40 Pero él respondió: «Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras
41 Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,
42 diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
43 Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
44 Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».
45 Y al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores,
46 diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones».
47 Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.
48 Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.





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