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DIA 43-SANTA BIBLIA EN UN AÑO-TEXTO Y AUDIO



43 - DÍAS. LA SANTA BIBLIA
TEXTO Y AUDIO


El Antiguo Testamento
 ÉXODO C. 35

 


Capítulo 35
Insistencia en el descanso sabático
1 Moisés reunió a toda la comunidad de los israelitas y les dijo: El Señor ha mandado hacer lo siguiente:
2 Durante seis días se trabajará, pero el séptimo día será para ustedes una cosa sagrada, un día de descanso solemne en honor del Señor. El que trabaje ese día será castigado con la muerte.
3 Tampoco encenderán fuego en sus casa el día sábado.

La convocatoria de Moisés para la construcción del Santuario
4 Luego Moisés dijo a toda la comunidad de los israelitas: El Señor ha ordenado lo siguiente:
5 Reserven una parte de sus bienes para presentarlos como ofrenda al Señor. Todo el que se sienta impulsado a hacerlo, ofrecerá al Señor: oro, plata y bronce;
6 púrpura violeta y escarlata, carmesí, lino fino, pelo de cabra,
7 cueros de carnero teñidos de rojo, pieles finas y madera de acacia;
8 aceite para las lámparas, especies aromáticas para el óleo de la unción y para el incienso perfumado,
9 piedras de lapislázuli y piedras de engasta para el efod y el pectoral.
10 Que los artesanos competentes vengan a ejecutar todo lo que el Señor ha ordenado:
11 la Morada, su carpa y su cobertura, sus ganchos, sus bastidores,, sus travesaños, sus columnas y sus bases;
12 el arca con sus andas, al tapa y el velo que los protege;
13 la mesa con sus andas, todos sus utensilios y los panes de la ofrenda;
14 el candelabro con sus accesorios y sus lámparas, y el aceite para las lámparas;
15 el altar de los perfumes con sus andas, el óleo de la unción y el incienso perfumado; la cortina para la entrada de la Morada;
16 el altar de los holocaustos con su enrejado de bronce, sus andas y todos sus enseres; la fuente para las abluciones con su base;
17 las cortinas del atrio con sus columnas y sus bases; el cortinado de la entrada del atrio;
18 las estacas de la Morada y las estacas del atrio con sus respectivas cuerdas;
19 las vestiduras litúrgicas para oficiar en el Santuario, o sea, las vestiduras sagradas para el sacerdote Aarón y las que usarán sus hijos para las funciones sacerdotales.

Los donativos de los israelitas
20 Toda la comunidad de los israelitas se alejó de la presencia de Moisés.
21 Después vinieron los que se sintieron movidos por un impulso generoso, y trajeron al Señor una ofrenda para la construcción de la Carpa del Encuentro, para su servicio cultual y para sus vestiduras sagradas.
22 Así acudieron generosamente hombres y mujeres, trayendo argollas, anillos, pulseras, collares y objetos de oro de toda clase; en una palabra, todos los que ofrecían al Señor un presente de oro.
23 Lo mismo hicieron los que poseían púrpura violeta y escarlata, carmesí, lino fino, pelo de cabra, cueros de carnero teñidos de rojo y pieles finas.
24 Los que podían aportar objetos de plata y bronce, los llevaban al Señor como ofrenda; y los que poseían madera de acacia utilizable para la ejecución del trabajo, también la traían.
25 Todas las mujeres que tenían habilidad para ello, hilaron con sus manos y trajeron hilados de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino;
26 y otras mujeres habilidosas se ofrecieron generosamente para hilar el pelo de cabra.
27 Los principales del pueblo contribuyeron con piedras de lapislázuli, con piedras de engaste para el efod y el pectoral,
28 y con especies aromáticas y aceite para las lámparas, para el óleo de la unción y el incienso perfumado.
29 De esta manera, llevados por un impulso generoso, hombres y mujeres presentaron su ofrenda voluntaria para la ejecución de todos los trabajos que el Señor había prescrito a los israelitas, par intermedio de Moisés.

Los obreros empleados en la construcción del Santuario
30 Entonces Moisés dijo a los israelitas: «El Señor ha designado especialmente a Besalel –hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá–
31 y lo ha llenado del espíritu de Dios, a fin de conferirle habilidad, talento y experiencia en la ejecución de toda clase de trabajos,
32 tanto para idear proyectos, como para trabajar el oro, la plata y el bronce,
33 labrar piedras de engaste, tallar la madera o ejecutar cualquier otra labor de artesanía.
34 Además le ha concedido –lo mismo que a Oholiab, hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan– el arte de comunicar sus conocimientos.
35 El Señor los llenó de habilidad para realizar labores de orfebrería, de tejido, de bordado y recamado de telas de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino. Y no sólo son capaces de ejecutar todas estas tareas, sino que también tienen espíritu de inventiva».


 
 
Copyright © Libreria Editrice Vaticana
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El Antiguo Testamento
 ÉXODO C. 36



Capítulo 36
1 Besalel, Oholiab y todos los artesanos a quienes el Señor había dotado de habilidad y talento para realizar con inteligencia los trabajos del Santuario, hicieron todo lo que el Señor había ordenado.

La suspensión de los donativos
2 Moisés convocó a Besalel, a Oholiab y a todos los artesanos, a quienes el Señor había dotado de habilidad y que se habían prestado a colaborar en la ejecución de esa tarea.
3 Ellos recibieron de Moisés las ofrendas que los israelitas habían presentado para los diversos trabajos del Santuario. Entretanto, cada mañana los israelitas seguían trayendo a Moisés ofrendas voluntarias.
4 Pero los artesanos que realizaban todo el trabajo del Santuario, abandonando momentáneamente sus respectivas ocupaciones,
5 fueron a decir a Moisés: «El pueblo aporta más de lo que se necesita para ejecutar la tarea que el Señor ha mandado».
6 Entonces Moisés ordenó que se hiciera correr esta consigna a través del campamento: «Que nadie, sea hombre o mujer, siga preparando materiales para presentarlos como ofrenda». Así el pueblo se abstuvo de hacer nuevos donativos,
7 porque los materiales aportados ya eran más que suficientes para realizar todo el trabajo.

La construcción de la Morada
8 Los artesanos más expertos hicieron la Morada con diez cortinados de lino fino reforzado, de púrpura violeta y escarlata y de carmesí, y con figuras de querubines bordadas artísticamente.
9 Cada cortinado medía catorce metros de largo por dos de ancho; todos tenían las mismas dimensiones.
10 unieron entre sí cinco cortinados, y lo mismo hicieron con los otro cinco.
11 Luego pusieron unas presillas de púrpura violeta en los dos últimos cortinados de cada conjunto,
12 cincuenta presillas en uno y cincuenta en el otro, correspondiéndose mutuamente.
13 Después forjaron cincuenta ganchos de oro, y con ellos unieron los cortinados entre sí, de manera que la Morada formó un todo.
14 También confeccionaron once toldos de pelo de cabra, para cubrir la Morada a manera de carpa.
15 Cada toldo medía quince metros de largo por dos de ancho; los once tenían la misma medida.
16 Luego unieron separadamente cinco de un lado y seis del otro;
17 pusieron cincuenta presillas en el borde de los dos últimos toldos de cada conjunto,
18 y forjaron cincuenta ganchos de bronce: así unieron la carpa, de manera que formara un todo.
19 Después hicieron para la carpa una cobertura de cueros de carnero teñidos de rojo, y otra cobertura de pieles finas para ponerla encima.

La armazón de la Morada
20 También hicieron los bastidores para sostener la Morada. Los construyeron con madera de acacia, y los dispusieron verticalmente.
21 Cada bastidor medía cinco metros de largo por setenta y cinco centímetros de ancho,
22 y tenía dos espigones ensamblados uno con el otro. Todos fueron hechos de la misma forma.
23 Hicieron veinte de estos bastidores para el lado sur de la Morada, el que da hacia el Négueb,
24 y debajo de ellos pusieron cuarenta bases de plata, o sea, dos bases debajo de cada bastidor, una para cada espigón.
25 Para el otro costado de la Morada, el lado septentrional, hicieron también veinte bastidores
26 con sus cuarenta bases de plata, dos debajo de cada bastidor.
27 Para el fondo de la Morada, hacia el oeste, hicieron seis bastidores,
28 más otros dos para los ángulos de la parte posterior de la Morada,
29 que estaban unidos de abajo hacia arriba, hasta la altura de la primera argolla. Así lo hicieron con los dos bastidores destinados a los dos ángulos.
30 Había, por lo tanto, ocho bastidores con sus bases de plata, o sea, dieciséis bases, dos para cada bastidor.
31 Luego hicieron cinco travesaños de madera de acacia para mantener alineados los bastidores que estaban a un lado de la Morada,
32 cinco travesaños para los del otro lado, y otros cinco para los del fondo de la Morada, que daba hacia el oeste.
33 Y el travesaño central lo hicieron de tal manera que pudiera pasar a media altura de los bastidores, de un extremo hasta el otro.
34 Finalmente, recubrieron de oro los bastidores, les pusieron unas argollas de oro para pasar por ellas los travesaños, y también a estos últimos los recubrieron de oro.

El velo del Santuario
35 Hicieron, además, el velo de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino reforzado, y lo adornaron con figuras de querubines diseñadas artísticamente,
36 Para colgarlo, hicieron cuatro columnas de madera de acacia revestidas de oro y provistas de ganchos de oro, que apoyaron sobre cuatro bases de plata fundida.

La cortina de la entrada
37 Hicieron, asimismo, para la entrada de la carpa, una cortina de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino reforzado, todo esto recamado artísticamente,
38 y la sostuvieron con cinco columnas provistas de cinco ganchos. Luego revistieron de oro los capiteles y las varillas de las columnas, y las apoyaron sobre cinco bases de bronce.

 
 
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El Nuevo Testamento
EVANGELIO
SEGÚN SAN MARCOS C. 14

Capítulo 14
1 Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes Acimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte.
2 Porque decían: «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo».
3 Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús.
4 Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí: «¿Para qué este derroche de perfume?
5 Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres». Y la criticaban.
6 Pero Jesús dijo: «Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo.
7 A los pobres los tendrán siempre con ustedes y podrán hacerles bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre.
8 Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura.
9 Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo».
10 Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a ver a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús.
11 Al oírlo, ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba una ocasión propicia para entregarlo.
12 El primer día de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?».
13 El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo,
14 y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: «¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?».
15 El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario».
16 Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
17 Al atardecer, Jesús llegó con los Doce.
18 Y mientras estaban comiendo, dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo».
19 Ellos se entristecieron y comenzaron a preguntarle, uno tras otro: «¿Seré yo?»
20 El les respondió: «Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que yo.
21 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!».
22 Mientras comían, Jesús tomo el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo».
23 Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella.
24 Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos.
25 Les aseguro que no beberá más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios».
26 Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.
27 Y Jesús les dijo: «Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.
28 Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea».
29 Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, o no me escandalizaré».
30 Jesús le respondió: «Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces».
31 Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré». Y todos decían lo mismo.
32 Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Quédense aquí, mientras yo voy a orar».
33 Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse.
34 Entonces les dijo: «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando».
35 Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora.
36 Y decía: «Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
37 Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora?
38 Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque es espíritu está dispuesto, pero la carne es débil».
39 Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras.
40 Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle.
41 Volvió por tercera vez y les dijo: «Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
42 ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar».
43 Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos.
44 El traidor les había dado esta señal: «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien custodiado».
45 Apenas llegó, se le acercó y le dijo: «Maestro», y lo besó.
46 Los otros se abalanzaron sobre él y lo arrestaron.
47 Uno de los que estaban allí sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja.
48 Jesús les dijo: «Como si fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos.
49 Todos los días estaba entre ustedes enseñando en el Templo y no me arrestaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras».
50 Entonces todos lo abandonaron y huyeron.
51 Lo seguía un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron;
52 pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo.
53 Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas.
54 Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote y estaba sentado con los servidores, calentándose junto al fuego.
55 Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban.
56 Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban.
57 Algunos declaraban falsamente contra Jesús:
58 «Nosotros lo hemos oído decir: "Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días volveré a construir otro que no será hecho por la mano del hombre"».
59 Pero tampoco en esto concordaban sus declaraciones.
60 El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie ante la asamblea, interrogó a Jesús: «¿No respondes nada a lo que estos atestiguan contra ti?».
61 El permanecía en silencio y no respondía nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente: «¿Eres el Mesías, el Hijo de Dios bendito?».
62 Jesús respondió: «Así, yo lo soy: y ustedes verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo».
63 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
64 Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?». Y todos sentenciaron que merecía la muerte.
65 Después algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole el rostro, lo golpeaban, mientras le decían: «¡Profetiza!». Y también los servidores le daban bofetadas.
66 Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote
67 y, al ver a Pedro junto al fuego, lo miró fijamente y le dijo: «Tú también estabas con Jesús, el Nazareno».
68 El lo negó, diciendo: «No sé nada; no entiendo de qué estás hablando». Luego salió al vestíbulo.
69 La sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes: «Este es uno de ellos».
70 Pero él lo negó nuevamente. Un poco más tarde, los que estaban allí dijeron a Pedro: «Seguro que eres uno de ellos, porque tú también eres galileo».
71 Entonces él se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando.
72 En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho: «Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres veces». Y se puso a llorar.


 
 
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